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A nadie puede tomar por sorpresa la escalada entre el gobierno nacional y el secretario general de la CGT. El duro intercambio protagonizado por la Presidenta y Hugo Moyano esta semana constituye el final previsible de una historia que comenzó a gestarse hace por lo menos un año atrás. Las duras críticas de CFK hacia Moyano en las vísperas del paro y movilización del miércoles pasado, y la respuesta del dirigente gremial marcaron un nuevo hito en la disputa esencialmente política entre ambos.
El deterioro de la relación política entre la Presidenta y Moyano no es novedoso. Desde hace meses el Gobierno viene explorando la forma de reemplazar a Moyano como secretario general de la CGT por una figura más dócil y con menos autonomía. Frente a ello, Moyano respondió con la adopción de posturas crecientemente críticas, dando muestras claras de que no planea jubilarse en el corto plazo, y que tal como confirmó en su discurso en la Plaza de Mayo, aspira a seguir conduciendo a la central obrera.
Este enfrentamiento no deja de resultar paradójico y anticlimático a la vez. Desde el advenimiento del peronismo en la política argentina a mediados del siglo XX, ha existido un vínculo casi natural –no exento de ocasionales tensiones– entre el movimiento obrero organizado y el justicialismo. A ello debe agregarse que entre 2003 y el 2011 Moyano y el kirchnerismo mantuvieron un matrimonio por conveniencia que le rindió a ambos notables beneficios. Moyano acumuló una cuota de poder inédita para cualquier dirigente sindical desde el retorno de la democracia. En contrapartida, le garantizó al Gobierno el control de “la calle”, un activo sumamente valioso en la política argentina post-2001.
A partir de la muerte de Néstor Kirchner, la convivencia se tornó cada vez más incómoda. Es evidente que no hay espacio para Moyano, o el que él pretende, dentro del giro que la Presidenta quiere darle al peronismo. En este sentido, esta disputa se inscribe en el marco de la definición sobre el futuro del kirchnerismo y del peronismo de cara al 2015.
*Politólogo, Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA.
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