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La hipótesis del kirchnerismo disidente

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Si nos abstraemos del resto de las variables políticas y nos concentramos en la pura estrategia electoral, hay un dato insoslayable en la historia reciente, y es que el peronismo del siglo XXI descubrió que la pluralidad de la oferta es una excelente herramienta de organización partidaria.

Las denominaciones fueron cambiando: menemistas vs. duhaldistas (2003), duhaldistas vs. kirchneristas (2005), kirchneristas vs. antikirchneristas (2007-2011). En estos casos se jugaron diferentes visiones y opciones de política pública. Como en casi cualquier interna partidaria. Pero ninguna de estas diferencias programáticas llevó a una ruptura en el PJ o de la identidad peronista. Se puede estar en uno u otro carril, y se puede volver a estar.

Lo que sí es constante, sin embargo, es la pluralidad de la oferta. Quien vive esto claramente es el dirigente intermedio local X, de la provincia de Buenos Aires. X es valioso, y por esa razón el intendente lo llama para ofrecerle integrar la lista de concejales del peronismo oficial, en el cuarto lugar. Un día después, a X lo llama el operador del peronismo disidente en su territorio, y le ofrece el primer lugar de su lista. X decidirá qué camino tomar condicionado antes por cálculos de costo y beneficio que por su posición sobre los grandes debates de la política nacional, que se mantiene igual.

Existen varias explicaciones posibles de por qué el peronismo se convirtió en un partido con oferta plural. Puede tratarse de una crisis, o de una licencia de su posición dominante. Pero más allá de las causas, lo cierto es que desde 2003 el peronismo tiene este formato abierto y que hay miles de dirigentes como nuestro señor X, que descuentan estas las reglas del juego y todos los días, al levantarse, se preguntan quién organizará la disidencia en 2013. Al igual que el señor Y, antikirchnerista duro, que no vislumbra una alternativa opositora y vuelve a creer que el camino para la derrota del kirchnerismo es que el peronismo se parta al medio.

X e Y seguramente no se conocen, sus objetivos son diferentes, pero están estratégicamente coordinados. Y sus expectativas hoy están sobre los hombros de Daniel Scioli.

En la relación entre el gobernador y la Presidenta hay mucha tela para cortar. Scioli siempre fue una figura con peso propio pero mal que les pese a X e Y, está mucho más adentro que afuera de la coalición oficial. Supongamos, no obstante, que las tensiones se polarizan, las presiones de X e Y son efectivas, y se produce una ruptura entre los dos principales dirigentes del oficialismo. En ese caso, la división electoral no se daría entre sectores K y anti K del peronismo, como en las tres elecciones precedentes, sino entre kirchneristas leales y kirchneristas disidentes.

El peronismo anti K murió con Néstor Kirchner y las elecciones de 2011 lo confirmaron. Los peronistas que hoy desafían al oficialismo no reniegan de Néstor Kirchner, sino de la fase cristinista. Interesante, y difícil de tragar para el señor Y.

*Politólogo.

 

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