REPORTAR UN COMENTARIO
Estás reportando este contenido.
Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Debés completar todos los campos obligatorios
para poder continuar.
A propósito de riesgos, golpes, heridas, quemaduras y otras lesiones, un médico me dijo:
—Usted no hace deportes de riesgo ni está en peligro alguno.
—¡Cómo que no! –dije yo–. Se olvida de que soy ama de casa. Me miró fiero y me di cuenta de que estaba pensando “esta mina está más loca que un timbre”, así que le salí al cruce.
—Vea, ya sé que no me cree pero pregúntele a su señora, o mejor pregúntele a cualquier señora que tiene una fractura del cuello del fémur y ya va a ver qué le dicen.
—¿Ah sí? –dijo suavemente pero con la misma cara de “está loca” de hacía unos segundos.
—Sí –insistí (o ¿qué se creía?, ¿qué me iba a rendir así nomás?)–. No hay, o hay pocos lugares más peligrosos que el sacrosanto hogar de cada una.
—Y de cada uno –aportó él, apurado por sacar patente de encargado de la oficina de antidiscriminación.
—No me joda, doctor –dije yo, que cuando quiero puedo ser muy fina y elegante–, ustedes no corren ningún peligro, a menos que se olviden de apagar el gas. Pero si no, no les pasa nada, si van y vienen y entran y salen y no le prestan atención a nada a menos que alguien se haya metido en sus cajones y en sus escritorios.
A eso no dijo nada, así que yo me envalentoné:
—¿Y qué dicen las señoras que llegan en ambulancia porque de caminar ni hablar?, ¿eh? Dicen: “Pero si fue un golpecito de nada, doctor, lo que pasa es que me resbalé en el piso del living recién encerado”.
Y al lado de eso, pero ya no lo dije, en la bañadera nos resbalamos y nos fracturamos tres costillas y el húmero, y en la cocina nos quemamos, nos pinchamos, nos cortamos, nos caemos, nos golpeamos contra las puertas de los anaqueles, y aunque el suelo no esté encerado, también nos resbalamos. Y mejor que no hablemos de la posibilidad de que nos estrangule el dueño de la casa, o sea eso que ahora se llama con el eufemismo de “violencia intrafamiliar”, hágame el favor.
No, oiga, no es que me haya dado por hacernos aparecer a todas como tiernas víctimas desdichadas. Tranquilo, que ya sé cómo somos. Pero hoy me quemé estos tres dedos, ¿ve?, aunque eso sí, el soufflé de brócoli me salió estupendo.