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Wakolda es la tercera película de Lucía Puenzo: “Nos pasa a todos los directores de cine que sumamos dos o tres películas, que realmente uno cree la próxima va a ser más fácil, e incluso a mí me costo más armar Wakolda que mis anteriores proyectos. España está muy complicada. Ni hablar de Europa. La exhibición y la distribución acá están también complicadas, hay que remarla mucho. Cada vez es más difícil armar coproducciones. Uno, como productor y director, trabaja veinticuatro horas siete días por semana.” La trama de Wakolda muestra, hoy que tanto se habla de memoria, la complicidad con los refugiados nazis: “La película se mete con la idea de las cadenas de complicidad desde los civiles. Por algo cuando encontraron a Priebke en el sur muchos decían: ‘Pero si es un viejito adorable.’ Es muy complejo el proceso de cómo estos tipos se camuflan y cómo son amparados y defendidos por diferentes sectores civiles.” Pero Puenzo no quiere construir un estereotipo con su Mengele: “Hacerle honor al monstruo es no estereotiparlo. Si uno estereotipa lo simplifica. Era muy complejo. Eran personajes que por eso eran tan perversos y tan monstruosos porque no eran estereotipos del malvado. En ese sentido, yo me quería meter con un personaje que pudiera tener esas contradicciones. Está muy claro de dónde lo ve la película. Nunca me gustó el arte moral, que tiene mambos con la moral. Sin duda, es perturbadora la empatía que propone la película. Detesto las cosas morales en el arte. Pero que el personaje es un monstruo
esta claro.”
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