Publicado en edición impresa de futbol brasileño  

Instrucciones para construir una Premier sudamericana

Lejos de lo que pasa en Argentina, en el país vecino hay cada día más figuras internacionales. El motivo, simple: el dinero no lo aportan los clubes, sino las empresas privadas.

  • Por Federico Bassahun | 14/07/2012 | 21:32
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multitud. En el último año, los veinte clubes del Brasileirao generaron, en total, 1.000 millones de dólares, 27 por ciento más que en 2010, según la consultora BDO. A Brasil fueron a parar las últimas tres Libertadores

multitud. En el último año, los veinte clubes del Brasileirao generaron, en total, 1.000 millones de dólares, 27 por ciento más que en 2010, según la consultora BDO. A Brasil fueron a parar las últimas tres Libertadores

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Fluminense, que salió tercero en el Brasileirao de 2011 y campeón en el de 2010, no les paga los salarios a sus futbolistas desde hace 15 años. Es, según analizó la consultora BDO, el segundo club del Brasil que más dinero adeuda, y recién desde noviembre les volvió a pagar, vía la Justicia laboral, a sus acreedores. Sin embargo, desde agosto del último año, allí juega Deco (CV: Porto, Barcelona, Chelsea, mundiales 2006 y 2010 para Portugal), que gana 600 mil dólares por mes. Resulta que es la aseguradora de salud Unimed la que se hace cargo de los salarios de él y del resto de los futbolistas del Fluminense, a cambio de sus derechos de imagen y de la publicidad en la camiseta.

Esa inversión empresarial, que no se limita para nada al Fluminense, es la que explica la presencia de celebridades futbolísticas en el Brasileirao (para no ir muy lejos, el Inter de Porto Alegre acaba de incorporar a Diego Forlán, y el Botafogo, a Clarence Seedorf): según investigó la consultora Pluni, de los diez clubes latinoamericanos con los planteles mejor valuados, los ocho primeros son brasileños (Monterrey es el noveno, y Boca, el décimo).

El nuevo rico. Le explica a PERFIL el editor de deportes de la revista Veja, Silvio Nascimento: “El momento económico del Brasil atrae empresas (automotrices, bancos...) que se vuelcan al patrocinio de los clubes, que así pueden pagar un dineral para traer jugadores. Igual, cuidado: a jugadores famosos, pero que transitan por el final de sus carreras, que ya pasaron por los gigantes de Europa y que se tientan con jugar en Brasil para estar cerca de sus familias: además de los brasileños, allí están los ejemplos recientes de Forlán y hasta de Seedorf (su esposa, Luviana, es brasileña e hincha del Botafogo, y el ex mediocampista del Milan tiene familiares que viven en Surinam, donde él nació)”.

El Botafogo es el club más endeudado del Brasil, pero entre poco y nada le importó a su dirigencia, que no pudo conseguir el patrocinio de una empresa y que aun así contrató a Seedorf por dos temporadas a cambio de 7,3 millones de euros: para pagarle, el club inició una campaña para que el número de socios ascienda cuanto antes de cuatro mil a, como mínimo, 15 mil, según le dijo el martes 3 el director ejecutivo del Botafogo, Sergio Landau, al diario Lance!

Pero los clubes del Brasileirao no sólo contratan celebridades, sino que retienen a las que ya tienen: a Neymar, sobre todo, que percibe 1,4 millones de dólares al mes, también con el aporte empresarial (ver infografía), y ocupa, según se publicó en marzo en la revista France Football, la posición 13 entre los jugadores que más ganan en el mundo. “El de Neymar –sostiene Silvio Nascimento– es el ejemplo de los futbolistas jóvenes que, en vez de ir a jugar a Europa, prefieren seguir en Brasil porque acá reciben salarios muy altos, casi lo mismo, si no lo mismo, que ganarían allá.”

En consecuencia, Brasil revirtió en los últimos cinco años su marcada tendencia exportadora: en 2007, el 37 por ciento de los ingresos de los clubes provenía de las transferencias de futbolistas, mientras que en 2011 ese porcentaje se redujo al 15, según estudió la consultora BDO. Así, las transferencias son hoy la tercera fuente de dinero de los clubes (muy cierto: la crisis económica que atraviesa la Unión Europea ayudó, ya que hizo disminuir la demanda de jugadores). En cambio, los ingresos por los derechos de televisación del Brasileirao, monopolizados por la cadena Globo, crecieron –siempre entre 2007 y 2011– del 22 al 36 por ciento (el jueves, por lo pronto, la Confederación Brasileña de Fútbol y Globo extendieron el contrato hasta 2017 y, por eso, la cadena televisiva va a desembolsar 15 millones de dólares para cada uno de los 12 clubes más importantes de la competencia). La publicidad, a la vez, ascendió del 12 al 18 por ciento.

Así (y sólo así) es explicable que los clubes de Brasil puedan pagar fortunas por futbolistas, y hasta por entrenadores: en la lista publicada por France Football, aparecen seis brasileños entre los treinta mejores pagos del mundo (Luiz Felipe Scolari, campeón del mundo con Brasil en 2002 y que dirige hoy al Palmeiras, los encabeza, con 4,4 millones de dólares al año).
Sin embargo, esa ingeniería puede fallar: Ronaldinho dejó el 31 de mayo el Flamengo porque, según denunció, la empresa Traffic no le pagaba parte de los 600 mil dólares que cobraba al mes, y arregló con el Atlético Mineiro. Encima, Coca-Cola le acaba de rescindir el contrato, pero por su culpa: en la conferencia de prensa del lunes, puso dos latas de Pepsi enfrente de él.

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