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Tuve no sé qué tropiezo con la computadora y se me complicó la vida. Después de reflexionar acerca del tema “Cómo y Cuánto Dependemos de la Tecnología”, dije “y ahora qué hago”. Por supuesto que ni pensar en una visita del hombre más importante de mi vida, el Raúl, que es el técnico de la Mac que sigo usando. Ni pensar: eran las nueve y media de la noche. De modo que anuncié a los cuatro vientos que no iba a poder seguir escribiendo mails, artículos, reseñas, planes ni nada porque la muy maldita se había emperrado en que no iba a trabajar no y no. Para mí que leyó los diarios y se enteró de las huelgas que se declaran y las huelgas que se levantan y decidió que si los demás pueden ella por qué no y chau. No, en esta ciudad no hay otro técnico de Mac y aunque hubiera yo ya estoy acostumbrada al que tengo. Pero entonces pensé en algo más útil que un técnico. Los nietos, mi querida señora, mi estimado señor, los nietos, los hijos de mis hijos, eso. Le digo de paso que había o hay una salutación judía de buenos deseos, que decía esas cosas que se dicen siempre, que tengas salud y plata y amor y todo eso y terminaba “y que veas a los hijos de tus hijos”. Claro, esa expresión de deseos, de buenos deseos porque de los otros también hay, viene de años de años atrás, cuando la gente vivía menos que ahora y ver a los hijos de los hijos era problemático. Pero resulta que ahora, siglo XXI, primero, hay montones de madres adolescentes que tienen mucho tiempo por delante de modo que ver a sus nietos no va a ser problema para ellas; y segundo, están las otras madres que tienen sus críos un poco más tarde y que, como se vive más tiempo, pues tampoco van a tener problema para verlos, cantarles para que se duerman, contarles cuentos, y malcriarlos dándoles todos los gustos. ¿Nietos? Pero vamos, todo el mundo tiene nietos. Y además los hijos de nuestros hijos son sumamente útiles porque lo saben todo: frente a una computadora o a un iPad, todo todísimo. Así que llamé a uno de los míos, que por suerte vino presto, y adivine. Adivinó. Le escribo en la computadora que no tuvo más remedio que levantar la huelga.
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