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La valentía de Bioy

  • Por Martín Kohan | 03/08/2012 | 22:09
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No comparto, tampoco esta vez, la opinión de María Kodama. Hace unos días dijo en México que Bioy Casares fue un cobarde. Y lo dijo en referencia al libro que Bioy le dedicó a Borges, o mejor dicho a la amistad que mantuvo con Borges durante años y años y años. El libro apareció cuando Borges ya no estaba, un buen tiempo después de su muerte. Y además cuando ya no estaba Bioy, porque Bioy también ya había muerto. Kodama pareció pensar en los cobardes de “Hombre de la esquina rosada”, que se le animan a Francisco Real tan sólo cuando ven que murió; pero el caso a mi entender es más complejo, y por eso más interesante, y más bien nos remite a Los teólogos, es decir, a un fuera del tiempo.

Yo creo que no había una forma mejor de ser amigo de Borges que esa que encontró Bioy Casares, y que logró mantener en el tiempo. No había una forma mejor, y menos para alguien que era un escritor también. ¿Qué mejor que pactar con él en el juego perverso de malignidad literaria? ¿Qué mejor que sumarse a él, como aliado, en el ejercicio cotidiano del desprecio por las escrituras ajenas? ¿Qué otra opción para la compensación o, si se quiere, aun para la revancha, podía quedarle a Bioy, sino la sobreactuación de un vitalismo antiborgeano? Bioy Casares el bon vivant, Bioy Casares el playboy, Bioy Casares el sportman, ¿qué otra cosa podía hacer para soportar la insoportable genialidad literaria del amigo?

Es cierto que Bioy Casares revela en su libro no pocas miserias de Borges, algunas inclusive situadas penosamente en el baño. Pero lo hizo, según presumo, sabiendo perfectamente que, en el punto al que habían llegado las cosas, no había manera de señalar las desgracias ajenas sin admitir al mismo tiempo las propias. ¿Qué habría ocurrido si todo esto Bioy Casares se lo hubiese dicho en vida? Se habrían peleado con Borges, sin siquiera la dignidad de un duelo a cuchillo. Pero Bioy declinó la vida, donde habría imperado, y a cambio se inclinó por el libro, es decir una elección borgeana. ¿Cómo habríamos de interpretar eso, sino como un homenaje al amigo? Y además, qué duda cabe, como un acto de valentía.

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