Publicado en edición impresa de patriotas  

Obra en construcción

  • Por Daniel Guebel | 03/08/2012 | 22:12
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Mediodía. Mi hija y yo mantendremos una reunión gastronómica en la que ella me contará en detalle la obra de teatro que se le ocurrió, y que yo transcribiré en carácter de fiel amanuense. Yendo hacia el restaurant pasamos delante de un negocio que se titula: El Aleph del Soho. Mientras esperamos la hojita de rúcula con aderezos aprovecho para contarle el cuento.  De El aleph, lo que más le interesa es la estúpida posición de Borges –un precursor de la literatura del yo–, que sigue enganchado por años con la turra de Beatriz Viterbo aunque esta no le dé bola: la literatura siempre es fulminada por objeciones de carácter realista.

Mientras mi hija y yo charlamos, al fondo del local se va armando un mini set de filmación. Cámaras, focos de luz. Cuando todo se enciende, al fondo, aparece una morocha escotada de muy buen ver. Ella va hacia cámara, vuelve, probando la apertura: “Estamos en bi ei del fashion no sé qué cosa”, repite. Advierto que es Zaira Nara. Mi hija dice: “¿Y si voy, le pido un autógrafo y le pregunto qué onda con Forlán?”. Le recuerdo que Forlán ya fue, después vino Pico Mónaco, y ahora…Mientras miramos a la conductora, pienso: si una muñequita de 22 años sale con alguien como Calamaro (no entraré en detalles del significado de ese “alguien”), ¿por qué  Zaira no podría darme bola a mi? Pasaría de las tablas de lavar ropa que dibujan en relieve los abdominales deportivos a mi suave planicie, pero al menos se vería surtida de variada conversación. Se me ocurre que debo abandonar la mesa y proponerle a Zaira… Pero…Luego imagino una cena familiar con los Nara: Navidad. Shampein franchute, debates sobre ropa, maquillaje, papá Nara mirándome con desconfianza (“¿De donde salió este croto, este pobretón?”). Maxi López y yo hablando de fútbol, las hermanitas discutiendo cómo criar chicos para que no sean grasas como los Caniggia. Vuelvo a la superficie, asfixiado por la opacidad de mi mundo imaginario. Por suerte, mi hija me cuenta la obra. La obra es como algunas de las que escribí; de hecho es una abstracción de las ideas y procedimientos que creí que eran mi sello y mi secreto. Pero ella las piensa mejor.

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