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No sé cuál es la cara que me mira cuando miro la cara del espejo”, escribió Borges.
“Soy pelado, narigón, petiso y con un andar deambulante debido a mi cojera. También bizco, y mi tartamudez compite con mi dislexia. Pero lo peor es la cicatriz que emerge rutilante de mi mejilla derecha. Por eso amo a mi espejo. En él afloran, cual pepitas de oro añoradas por la Barrick, mis celestes ojos, y mi cabello dorado es la envidia de cualquier galán. Y mi otrora escualidez muta en voluptuosos pectorales. Hasta mi voz se oye genial… y por eso amo los micrófonos… y las cadenas. Amo mi espejo y mi reflejo. Pero es sólo un reflejo”.
Con clara introspectiva lacánica, el kirchnerismo parece no evolucionar en su fase discursiva, obnubilado por su propio reflejo, aunque éste no condiga con su propia imagen. Es que reflejo no es imagen.
En tal infantil posicionamiento, resulta irrelevante no sólo cómo los demás lo vean sino su verdadera efigie, para trasuntar en sustancial el reflejo que sólo ellos ven o quieren ver, o aquel del cual se han convencido.
La negación es una explicación sucinta del porqué de la obstinación verborrágica. Y la generación de enemigos comunes, un elemento aglutinador que permite humectar una ya delicada salud reflexiva.
El espejo ya no entrega el mismo reflejo, y cada vez más empiezan a salir del vaporoso efecto hipnótico que el propio adulamiento y los billetes habían generado. Seis millones de razones diarias para seguir imprimiendo e inundando un mercado con una moneda cada vez más depreciada.
No tengo dudas de que el Gobierno sabe acerca del reflejo distorsivo del espejo K. Pero su inversión propagandística (y el uso discrecional de los fondos) impide un corrimiento del velo que permitiría ver a los foráneos, la realidad de la imagen. El espejo, muchas veces, no permite ver la realidad. La rotura del espejo sería la que, en el caso, nos impediría otros años de desgracia. La hipótesis de la negación referida, en cambio, es más siniestra, por cuanto entrega un supuesto que linda con la paranoia.
*Abogado.