REPORTAR UN COMENTARIO
Estás reportando este contenido.
Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Debés completar todos los campos obligatorios
para poder continuar.
Me han cagado infinidad de veces, como a todos los argentinos, pero nunca tan ridículamente como hoy. O por lo menos me enteré hoy. Disculparán si me salteo detalles institucionales; son las tres de la mañana y ya tenía escrita una columna entera sobre otro tema, pero esto no puede esperar.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires –o una ONG fantasma con el auspicio del gobierno– acaba de sellar nuestro destino, con precisión de oráculo, al anunciar el evento que postulará a Buenos Aires como Capital Mundial del Amor; lo juro por Dios, y eso no es nada comparado con lo que sigue.
FeVida, o “FéVida” según el programa que agenda las distintas charlas –suena a “fétida”, y de aquí en más lo consideraremos adjetivo–, tendrá lugar en el Centro Municipal de Exposiciones, y se autoproclama Primer Megaencuentro de Espiritualidad de Latinoamérica. Participarán, entre otros, Sri Ravi Shankar, Ricardo Lorenzetti (feat. “El amor a la tierra”), Gisela Hengl (directora del Instituto Kuthumi, maestra de meditación de Sonido Primordial), Rigoberta Menchú (firmará pósters de La Maga), Claudio María Domínguez, una mujer “que no posee brazos”, otra que se comunica con los ángeles, una psicóloga especializada en terapia de regresión a vidas pasadas y Mauricio Macri.
En conferencia de prensa anunciando el evento, Macri se presentó flanqueado por dos sobrevivientes de sendas catástrofes, aunque dice que no le gusta llamarlos así; prefiere decir que son personas “que han decidido vivir con máxima intensidad, con convicción, habiendo encontrado espiritualidades diferentes (!) que los alejan del consumismo, del materialismo que no lleva con seguridad a la felicidad plena”. No sé si es desliz o boicot a conciencia, pero el video oficial muestra al rabino Bergman poniendo cara de Coyote del Correcaminos mientras Macri habla.
Parece en joda, pero no es. Una vez que te acostumbraste a la idea de que va a suceder, seguís pensando que es un chiste macabro de los diarios, como tantos otros; los presos en las murgas y los niños asesinados sin que a nadie se le mueva un pelo. No comparo: enumero. Todo, lo más pelotudo y lo insoportablemente injusto, se suma para reconfigurar nuestro presente en una película de Verhoeven. La crueldad no tendrá fin, sálvese quien pueda. El encuentro de predicadores delincuentes organizado por el macrismo es lo menos grave de todo, hoy. Pero es lo más preocupante a mediano plazo.
Por una de esas casualidades de la vida, converso a menudo con Miguel Braun, director de la Fundación Pensar, think tank macrista. En general estamos bastante de acuerdo, pero cada vez que disentimos es acerca del futuro: Braun cree que el PRO gobernará el país en 2015 y que está bien que así sea. El mejor escenario que yo imagino es un par de décadas catastróficas seguidas por una especie de refundación democrática, para la cual nuestra generación debería estar trabajando a conciencia, concentrándose en eso mucho más que en llegar al poder, aspirando a que generaciones venideras sean menos monstruosas que las nuestras. Ese es para mí el límite de lo posible, y creo que ignorarlo sólo puede tener una consecuencia: seguir alentando el descrédito de la política al encarrilarse fuera del sentido común por ansias de poder o por optimismo demente. Braun suele contestarme: “Sí, sí, bueno, pero vas a ver que nosotros podemos hacer las cosas bien”. Hoy sé que no pueden ni podrán hacerlo.
Aun pasando por alto el discurso vacuo y levemente obsceno de Macri, un millonario denunciando el consumismo en un país de pobres (el materialismo a mí me hace bien, Macri, dame toda tu plata), incluso esforzándome en un ejercicio de tolerancia desmedida que me permita ver espiritualidad positiva en el antiabortismo enajenado de Cynthia Hotton, hay algo imposible de ignorar: nuestro mayor problema –el grado de criminalidad que el kirchnerismo introdujo en la política– no puede ser reparado por este mamarracho. Ni siquiera confiando en la señora que habla con los ángeles.
*Escritor y cineasta.