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“La curiosidad mató al gato”, se dice. Y Curiosity se llama la mayor sonda enviada por Terra a Marte. Se trata de un laboratorio completo y totalmente robotizado. ¿Curiosity matará a Marte?
La colonización (o conquista) de Marte es un proceso complejo, ya previsto por la literatura de ciencia ficción. O, mejor dicho, ficcionalizado por Kim Stanley Robinson en una memorable trilogía (Marte rojo, Marte verde y Marte azul, que ganaron todos los premios del género en los 90) a partir de un conjunto de previsiones que le suministró la NASA.
Marte rojo cuenta los primeros 35 años de vida humana en Marte, desde el desembarco de los cien primeros colonos en 2026 hasta los sucesos de 2061, cuando violentas revueltas llevadas adelante por los movimientos radicales marcianos (“los rojos” y “los verdes”) en contra de la explotación de las compañías metanacionales marcianas prácticamente acaban con todos los esfuerzos hasta entonces producidos.
Lo que los diferentes partidos discuten es si hay que terraformar o no Marte, dotándolo de atmósfera, terrenos cultivables, etc. Y, luego, qué tipo de sociedad (y de gobierno) corresponde aplicar a esa utopía extraterráquea.
En fin: me puse a releer esas novelas en cuanto me enteré del countdown del “amartizaje” de Curiosity para ver en qué nos veremos envueltos a partir de este suceso teñido de épica grandeza.
Marte verde, la segunda parte de la novela, encuentra a los “primeros cien” en la clandestinidad, trabajando contra las corporaciones, cuyo único objetivo es proveer a Terra de los minerales que abundan en Marte, y en la terraformación (o no, según las ideologías) del planeta rojo, mediante la implantación de flora genéticamente modificada y la liberación de gigantescas masas de agua ocultas debajo de la piel del planeta.
Marte azul cuenta el proceso de autonomía de Marte respecto de Terra (a partir del año 2127) y el establecimiento de un gobierno marciano.
Las novelas de Robinson son muy (incluso demasiado) prolijas en la articulación de los datos conocidos y ciertas previsiones más o menos lógicas y, sorprendentemente, su mayor acierto es la complejidad política que todo el proceso plantea.
Sax, uno de los primeros colonos y el científico más brillante del lote, es partidario radical de la terraformación. Anne, por el contrario, será la abanderada de los rojos, que pretenden que Marte permanezca idéntico a sí mismo: puramente mineral.
Si yo tuviera que elegir una posición en ese debate (y, ciertamente, el amartizaje de Curiosity, parece exigirnos un pronunciamiento, aunque tal vez con un desfasaje temporal considerable), me inclinaría por la radicalidad de Anne, y a ella le regalaría los memorables versos de Darío como divisa de su causa: “Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,/ y más la piedra dura porque ésa ya no siente”.
Nosotros declaramos, en 2012, que estamos en contra de la terraformación de Marte (en contra de Curiosity) y que a ella nos opondremos con todos los medios a nuestro alcance.