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Ahora se sabe quién mató a Rucci

  • Por Ceferino Reato | 12/08/2012 | 05:09
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Durante casi cuatro años, el juez Ariel Lijo investigó el asesinato del sindicalista José Ignacio Rucci, ocurrido el 25 de septiembre de 1973, en pleno gobierno peronista. Su tarea terminó, según daba a entender, hacía varios meses: como el crimen fue cometido por Montoneros y la doctrina oficialista indica que los delitos de las guerrillas no fueron de lesa humanidad, la causa ya prescribió y debe volver al archivo.

Lijo produjo un largo fallo en el que critica algunos aspectos de mi libro Operación Traviata, ¿quién mató a Rucci?, aunque termina compartiendo la hipótesis principal: fue un atentado realizado por los Montoneros en el marco de una disputa de poder con Juan Domingo Perón, que había ganado las elecciones dos días antes. Ni la Triple A ni la CIA, como se pensaba.

El juez me reprocha la ubicación exacta del departamento utilizado por los atacantes como cuartel general, que yo había consignado en forma errónea en la versión original del libro debido al dato de un informante. Finalmente, con los modestos recursos que tiene un periodista, pude averiguar la dirección correcta, Avellaneda y Artigas, y se la informé a Lijo el 13 de diciembre de 2011, luego de haberla publicado en la revista Noticias.

¿Qué hizo el juez con eso? Nada; ni siquiera citó a las personas que podrían haber corroborado ese nuevo dato. Tampoco citó a declarar a Mario Firmenich, a pesar de que en su fallo da por “acreditado” que la tarde del atentado Firmenich “refirió que la autoría del crimen le correspondía a dicha organización”. Y no le interesó saber qué tenía para decir un ex funcionario de la Gobernación de Buenos Aires, a quien, sin embargo, le dedica varios párrafos en su sentencia.

Además, Lijo interpreta mal varios párrafos de mi libro. Por ejemplo, me atribuye en forma errónea afirmaciones sobre los supuestos roles en el atentado de Roberto Perdía y Norberto Habegger. En fin, un fallo acorde a una causa que, a casi 39 años del asesinato, sigue moviéndose y dejando de moverse por razones políticas.

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