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El soldado Ryan

Los republicanos se reforzaron con un ultraconservador del Tea Party. Quiere terminar con la asistencia social a los más pobres. Barack Obama se sube al ring de la lucha ideológica.

  • Por Dante Caputo | 17/08/2012 | 02:30
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La campaña presidencial en Estados Unidos entra en una nueva etapa. El candidato republicano, Mitt Romney, ha designado a Paul Ryan, legislador del estado de Wisconsin, como su compañero de fórmula. Esta nominación definirá el contenido de la campaña electoral y puede tener una influencia ideológica decisiva en uno de los dos principales partidos de la primera potencia mundial.

A pesar de haber votado las políticas que produjeron el gran déficit fiscal de los años de George W. Bush, Ryan se presenta como un extremista de la ortodoxia presupuestaria. En 2008 presentó su plan, conocido como “el presupuesto Ryan”, en el que proponía la reducción de impuestos a los más ricos y la privatización de los sistemas de seguridad social y de pensiones. En 2011 y en 2012, el “presupuesto Ryan” fue aprobado por la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, pero fue rechazado en el Senado, donde los demócratas son mayoría.

Ayn Rand, uno de sus mentores, opinaba que el “altruismo es el mal”. La ayuda a los pobres y a los discapacitados es un error. No debe haber políticas de igualación social. El crecimiento dará la oportunidad a cada uno.

En esa lógica se inscribe el “presupuesto Ryan”. “¿Estamos interesados en curar los síntomas de la pobreza y del estancamiento a través de política de redistribución, o queremos ir a las causas de la pobreza promoviendo el crecimiento y, por ende, la prosperidad?”. Esta idea de Ryan debería resultarnos conocida en Argentina.

Curiosamente, la designación de Ryan ha sido recibida como un hecho positivo por ambos partidos.

Para los republicanos, el estilo de Ryan, su capacidad intelectual, su ortodoxia fiscal y su cercanía al Tea Party crean un ambiente de cruzada contra los infieles. Renueva las energías, moviliza a las bases y suma a la lucha contra el presidente Barack Obama a la extrema derecha partidaria. Ahora hay un objetivo ideológico por el cual pelear. La lucha toma la dimensión épica a la que son tan afectos los estadounidenses.

Los demócratas, lejos de ver esta novedad como un escollo inesperado, encuentran que la nominación de Ryan les dará un empuje, una razón, para que su causa exceda la cuestión de ganar una reelección. Ahora se trata de vencer a una visión diametralmente opuesta sobre el futuro de su país. También los demócratas se movilizan. Ya no se trata de derrotar a Romney, sino de luchar contra un símbolo del extremismo conservador.

Tras la nominación, en un acto de campaña de Obama, cuando el público comenzó a abuchear a Ryan, el presidente los interrumpió: “No, no. Lo conozco. Le doy la bienvenida. Es un hombre decente, un hombre de familia, un vocero articulado de la visión del gobernador Romney. Pero (…) es una visión con la que estoy totalmente en desacuerdo”.

En efecto, Ryan es un político capaz de expresar con rigor intelectual y claridad las posiciones del neoliberalismo fundamentalista. Si se sigue la relación entre Obama y Ryan de los dos últimos años, se verá que el presidente trató siempre de promoverlo, de mostrarlo como el arquetipo para polemizar. Lo logró.

Obama, a quien se le reprocha no haber sido el ejecutor de todas las esperanzas que generó entre sus votantes y que enfrentaba el riesgo de la indiferencia de parte de quienes lo habían apoyado en 2008, tiene ahora una excelente razón para movilizar a sus bases y lograr que olviden los cambios no realizados. Hay que vencer al Tea Party, hay que luchar para evitar que se ejecute la promesa de Ryan de reducir en seis mil millones de dólares el presupuesto, cortar las jubilaciones, desarmar el seguro de salud, eliminar las ayudas sociales y mantener el gasto militar.

El señor Ryan no es una persona elemental, como suelen ser quienes abrazan las posiciones extremas. Es, al contrario, un hombre que trabaja seriamente. Lejos de limitarse al cacareo de consignas y críticas, propone además una alternativa concreta, explicando cómo alcanzar sus objetivos y los instrumentos necesarios. La revista The New Yorker lo define como “el líder de la facción ataque-y-propuesta”.
Es el especialista en las cuestiones fiscales de la Cámara de Representantes y ocupa la presidencia de la Comisión de Presupuesto. Su trabajo y su dedicación se comprueban al ver el proyecto alternativo de presupuesto que presentó los dos últimos años en la cámara.

Como usted sabe, lector, elaborar un presupuesto alternativo no es una mera cuestión de buena pluma e imaginación. Requiere un trabajo y una preparación técnica excepcionales. Es difícil recordar en Estados Unidos un candidato de la extrema ortodoxia conservadora no panfletario. Este es un hecho mayor.

El corazón del debate de la campaña serán el monto y la estructura del presupuesto. Este no es sólo un asunto contable ni meramente económico. La cuestión de quién paga y quién recibe está en el corazón de la política y de las relaciones de poder. Este será el tema central en la primera potencia mundial.

En Argentina estas cuestiones no se tratan, se ignoran o se ocultan, mientras la política queda dominada por ocurrencias que reemplazan la ausencia de ideas, cuando no a una mera sucesión de ataques personales completamente irrelevantes para el futuro del país.

Este tema está presente en Estados Unidos desde hace décadas, y ahora, la nominación de Ryan va a profundizar y mejorar la discusión.

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