Publicado en edición impresa de COMPETENCIAS  

Un Marte menor

  • Por Rafael Spregelburd | 17/08/2012 | 02:55
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Es ingenuo suponer que lo malo de las Olimpíadas es que sirvan para vender productos. Lo que realmente venden es valor simbólico, agregado a los Estados, que cotizará en poder: EEUU es quien reúne más talentos; China, la primera potencia; Rusia no se ha desmembrado, sino que sólo suma más medallas entre sus ex Repúblicas; la Gran Bretaña colonialista y neoliberal perdura como centro ilusorio de la Europa toda y hasta Jamaica existe porque sus corredores son los más rápidos del Oeste.

No pretendo hacer tesis alguna, pero me cuesta entender cómo compiten las naciones. La linda excusa del deporte (que se ufana de ser competitivo per se) habilita una competencia objetiva (quién tira más lejos este martillo, quién llega primero, quién emboca más pelotas) para que luego ocurra la simbólica. No me refiero sólo a lo difícil que es fabricar parámetros objetivos de destreza: meter goles o llegar primero son cosas fáciles de contar, pero ¿cómo decidir quién hace la coreografía más linda o quién logra correr veinte kilómetros sin levantar los dos pies al mismo tiempo, una habilidad que requiere vigilancia policíaca?

Pues bien: ni hablo de esa objetividad laxa, sino de la batalla simbólica que ocurre cuando dos naciones representan la escena del combate deportivo. Veo las lanzas invisibles mucho antes que las verdaderas. ¿Quién tiene alguna gana de que EEUU gane al básquet? Es el mejor equipo y la gracia (para el resto del mundo) es verlos en problemas. No obstante, cuando veo a la familia real española con sus brocatos en primera fila, cuando oigo que los jugadores españoles son catalanes y congoleños, sé que no le quiero entregar mi escasa gana a ninguna banderita. ¿Está tan mal? Me gustaría poder simpatizar con esos súper humanos reales que se codean con lo Arduo y con lo Inútil: son fenomenales y divertidos. Pero al ver que no vienen solos, sino untados de escuditos, no sé quién ganará cuando alguien gane. ¿España o EEUU? ¿Se enfrentan simbólicamente monarquía contra democracia? ¿Quién corre cuando corren yanquis contra cubanos? Y sobre todo, ¿quién suda cuando deportistas argentinos, parias heroicos, luchan contra rusas maquinarias de subsidio? ¿Por qué hay países que invierten tanto en esta representación y tan poco en otras? EEUU o Australia se gastan en deportistas lo que jamás pondrían en cultura pública.

Hay que tener un enorme amor por el puro deporte para sustraerse de tales especulaciones. Ojalá yo entendiera más de ese amor puro. Podría gozar de un espectáculo grandioso. Pero no. Lo que veo son seudoartistas que desfilan con paso marcial, milicoide, infantil. La competencia siempre simboliza guerra.

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