Publicado en edición impresa de el ECONOMISTA DE LA SEMANA  

Devaluación ordenada o de hecho, ésa es la cuestión

  • Por Tomas Bulat // Economista | 24/08/2012 | 23:42
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En principio, a los economistas nos consultan para saber qué va a pasar. Pero lo maravilloso de la economía es que es una ciencia social que abarca tantas variables que limitan la posibilidad de predecir con precisión. Suele ocurrir que quienes estudiamos detenidamente cada variable involucrada, sabemos qué pasará, pero no cuándo ni cómo. Cuando comienza una telenovela, en el primer capítulo conocemos a la niña pobre, linda y buena que conoce al niño lindo y rico, y también a la mala, que puede o no estar enamorada de nuestro niño en cuestión. Todo especialista en telenovelas sabe cómo termina: la niña buena se casa con el niño rico y la mala muere o es internada en un psiquiátrico. No hay sorpresas. La gran duda es cuántos capítulos se emitirán hasta que el final, conocido por todos anticipadamente, suceda.

Y es así que nuestro héroe podrá quedar ciego, su madre esconderlo o la mala resultar la media hermana de la niña buena. Elija el lector la variante. Por supuesto, cuánto dure dependerá definitivamente del rating, el nivel de aceptación del público a cómo viene el relato de la novela.

Con sus obvias diferencias, en la economía pasa lo mismo. Un déficit fiscal creciente, que se financia principalmente con emisión, termina generando inflación. Le sigue un retraso cambiario progresivo, que con el tiempo afecta el crecimiento económico, y finalmente todo esto se corrige con una devaluación, la tradicional forma argentina de licuar los pasivos corrientes y no corrientes. Es una forma abrupta, pero políticamente más sencilla de equilibrar, al menos por un tiempo, los desequilibrios macroeconómicos.
Fin de la novela.
Pero la gran pregunta es: ¿cuántos capítulos hay en el medio? Y ¿cuál es el impacto en el rating?

Por qué la devaluación es inevitable. La economía argentina ha ido deteriorando rápidamente el tipo de cambio multilateral. Esto se ha acentuado en los últimos 12 meses debido a la revalorización del dólar en el mundo, pero aún más debido a la diferencia de inflación que tiene Argentina con respecto al resto de los países de América latina y el mundo.
Tratemos de entender por qué se modifica un tipo de cambio.
Para conocer la variación esperada del tipo de cambio de un país con otro se deben tomar diversas variables. Analicemos algunas:
-La productividad. Si la del país B crece más rápido que la del país A y sólo comercian entre ellos. El tipo de cambio de A deberá ir devaluándose para compensar la diferencia de productividad. Es por ello que la inversión productiva en un país es relevante para saber su evolución cambiaria.
-Los términos del intercambio. Si el valor de los bienes que el país A le exporta al país B crecen, entonces el tipo de cambio del país A tiende a subir para compensar dicha diferencia.
-La inflación. Si el país A tiene una inflación anual 10% más alta que el país B, necesariamente va a tener que ir devaluando su moneda 10% más rápido que la del país B para poder compensar la diferencia en la suba de precios.
-La tasa de interés. Si las tasas de interés nominales del país A son más elevadas que las del país B, también la devaluación debe compensar las diferencias de rendimiento entre ambos países.
Estas son relaciones estructurales de mediano plazo, en el medio siempre hay desvíos de corto plazo.
Si en nuestro ejemplo, reemplazamos el país A por Argentina y el país B por Brasil, tenemos que: Argentina tiene un crecimiento de la productividad inferior a Brasil. Si bien las diferencias en el largo plazo son significativas, no lo son en el corto plazo. Pero tendencialmente el peso se debe devaluar en relación al real; y no apreciar.
Los términos del intercambio de ambos países son similares ya que se han visto beneficiados del boom de las commodities. Por supuesto, la gran diferencia está en la inflación. La inflación de Brasil es 20 puntos anuales más baja que la Argentina, por lo tanto, para mantener un tipo de cambio competitivo, en un año se debería necesitar el 20% más de pesos para comprar un real, pero resulta que hace un año el real valía 2,62 pesos y actualmente sólo se necesitan 2,31. Es decir, no sólo no vale menos que el real, sino que vale 15% más. Un desfasaje del 35% en los últimos 12 meses.
Así como se incluye Brasil se pueden incorporar varias monedas, como ser el peso mexicano o aun el peso chileno. De hecho, el propio dólar se ha devaluado casi 11% en el año, muy lejos de la diferencia de inflación entre Estados Unidos y Argentina.

La devaluación, un hecho. Muchos, al leer esta nota, podrán decir que el dólar ya se devaluó, porque si uno quiere conseguir dólares los tiene que pagar 6,30 pesos. Lamentablemente, esto no es cierto para los exportadores argentinos. Los que venden vino, uva fresca, peras, ajo, aceitunas, pymes, etc., por desgracia, por lo que venden afuera sólo les pagan 4,64 pesos.
Por lo tanto, hoy tenemos los costos de una devaluación, que es el dólar blue, sin ninguno de los beneficios para los exportadores.

Desorden o progreso. Por todo lo analizado, es evidente que la devaluación del “dólar oficial” va a tener que acelerarse. Esta podrá ser administrada por el BCRA con los controles existentes, pero para recuperar competitividad, deberá ser más alta que la inflación. No obstante, si el déficit fiscal continúa y la emisión monetaria es la única forma de financiarlo, esa devaluación sólo hará subir la inflación, entrando en un círculo vicioso.
Ahora bien, si no se acelera una decisión, el retraso cambiario se acentuará, y por lo tanto la presión cada vez va a ser mayor, posibilitando que se desencadene una abrupta devaluación.
En la historia económica argentina no hay ejemplos exitosos de convergencia inflacionaria (la tablita, Grinspun, Erman González). Siempre la inflación se atacó luego de un plan de shock. El austral, la convertibilidad son dos de los ejemplos más notorios de devaluaciones programadas con impactos mínimos en el corto plazo.
Por lo tanto, lo que define si es ordenada o no, son las medidas que se tomen junto con y a posteriori de la devaluación. Si es ordenada puede ser competitiva, esto quiere decir que la devaluación no se traslada en su totalidad a precios, por lo que ayuda a recomponer la competitividad argentina. La segunda variante es la desordenada, que puede aumentar más la inflación y sólo generaría mayores desequilibrios macroeconómicos.
La Argentina tiene experiencia en ambas situaciones. Salidas ordenadas son duras de tomar, pero han tenido menos efectos adversos en la actividad económica. El seguir evitando una corrección cambiaria, ya a esta altura inevitable, sólo hará que la solución sea cada vez más difícil y con peores efectos sobre la actividad económica.
Es indudable que el rating de esta novela estará condicionado por la actividad económica y el empleo. Y cuando el rating baje, el debate no será si se va a devaluar o no. La verdadera pregunta será cómo.

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