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Parece haber cierto consenso respecto a que los meses finales del año tendrán mejores niveles de actividad económica, que los malos primeros ocho meses que están finalizando. Y estos ocho meses han sido “malos”, más por lo brusco de la frenada de la economía a partir de octubre del año pasado que por la intensidad de la caída, en números absolutos.
Algunos sectores específicos (automotor, inmuebles, bienes de capital), muestran un pésimo 2° cuatrimestre, sumado a la mala campaña agrícola de los primeros meses del año, pero en términos agregados, la desaceleración actual se compara favorablemente, todavía, con la recesión de 2008/’09, y ni qué hablar respecto de la caída del ‘99-2000, antesala de la crisis terminal de finales del 2001 y principios de 2002.
Para el Gobierno, el parate de la economía de este año se explica en el clima, para el agro, y en que “el mundo se nos cayó encima”, y no en el agotamiento de recursos fiscales genuinos por la explosiva evolución del gasto, incluyendo los subsidios, y que se agotaron los dólares por destrucción de la producción de exportables, caída de competitividad y salida de capitales y que no se quiere ajustar el tipo de cambio, ni bajar subsidios más agresivamente, y se decidió prohibir la venta de dólares de las reservas, racionar las importaciones y financiar el gasto desde el BCRA. Y es esa política la que terminó desacelerando la actividad, sumada al mundo.
Ahora, las esperanzas residen, básicamente, en el efecto de las medidas de “aliento a la demanda”: crédito para la vivienda y crédito dirigido para proyectos de inversión de las empresas, y emisión monetaria para financiar gasto público. Junto a un incremento de la producción de petróleo y derivados por YPF y una mayor oferta de gas, derivada de un aumento de la remuneración a los productores.
A la vez, el cepo a la compra de dólares daría el fondeo requerido, en pesos, para los créditos mencionados, para financiar a los gobiernos nacional y provinciales, y a empresas públicas, y, además, se puede seguir cobrando, sin problemas, el impuesto inflacionario. La prohibición de comprar dólares de las reservas permite mantener las tasas de interés debajo de las de inflación, no sólo subsidiando el crédito, desde los ahorristas, sino también generando mecanismos de “consumo forzoso”, en particular, en bienes durables.
En otras palabras, la esperada mejora de actividad respondería al efecto positivo de la emisión de pesos y del mayor crédito a la producción. Es decir, “ponemos más pesos en la calle, que no se pueden ir del sistema porque no vendemos dólares. Esos pesos tendrán que destinarse a gastar internamente y serán más demanda; el mundo, no importa”.
Pero para aumentar la oferta que pueda atender a esa mayor demanda artificial, hacen falta más dólares para importar insumos, y como los dólares no podemos imprimirlos, la clave estará en cuántos dólares “sobren” por la menor importación de combustibles y energía, o por la liquidación faltante de la cosecha, o por lo que se pueda “sustituir” en el modelo nacional y popular o lo que se decida usar de las reservas.
La recuperación del nivel de actividad no depende sólo de que los pesos que emita el BCRA vayan a cantidades, y no sólo a precios, sino de cuántos dólares puedan financiar el aumento de importaciones que requiere el incremento de la actividad económica. De allí que la recuperación, difícilmente sea muy fuerte. Un 2013, mejor cosecha mediante y menos pagos de deuda, más dólares para más pesos.
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