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Proletarios e hilarantes

  • Por Quintín | 08/09/2012 | 23:44
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Por gentileza de los respectivos editores (se trata de empresas pequeñas, independientes, de las que permiten que la literatura local subsista) recibí Can solar, de Carlos Godoy, y El modelo aéreo, de Leonardo Sabbatella. Hay un viejo refrán que dice algo así como: “A libro regalado no se le mira la contratapa”, pero tal vez algo haya cambiado y las contratapas, lejos de una ancestral herramienta de marketing, hayan devenido otra cosa: un bonus track del libro, un género literario en sí o, lo más probable, el soporte de una red de mensajes entre los miembros de una sociedad secreta. Así, mediante las contratapas, la secta se comunica astutamente a la vista del público pero sin que el sentido pueda ser detectado por los que no pertenecen a ella. El toque maquiavélico de esa estrategia está dado por el hecho de que quienes miran la contratapa en una librería rara vez terminan leyendo el libro, pero si lo hacen se olvidan de lo que los llevó a leerlo. Y por eso, y como además no hay un organismo que defienda al consumidor de las contratapas, pasa inadvertido el hecho de que el libro y su contratapa pueden estar en conflicto o no tener relación alguna.

Los dos libros que mencioné ilustran las dos posibilidades. Empecemos por el de Godoy, cuya contratapa firma Diego Vecino, a quien conocí por algunos artículos en un blog en el que se hacía apología del Presidente Gonzalo, el líder de Sendero Luminoso (sabemos que coquetear con los totalitarismos extremos se considera de buen gusto entre los jóvenes literatos). Godoy, por su parte, es autor de un poema en tres partes (tomos) que se llama Escolástica Peronista Ilustrada, refrescante letanía compuesta de estrofas muy simpáticas como “perderse/ en un barrio/ desconocido/ y no preguntar/ es peronista” y otras no tanto, como “los troscos y los comunistas/ son los/ últimos teóricos/ peronistas”. La locación del poema en la web es un sitio decorado con la cara del Gran Timonel Mao, de modo que estas conexiones políticas entre Godoy y Vecino tal vez hayan inducido a que en la contratapa se dijera que el libro “estabiliza los sentidos fundamentales para el caso de las comunidades periféricas de un país tercermundista que se debate eternamente entre la gloria y la mala leche”, o que “consigue hacer confluir las imaginaciones proletarias y paranoicas del siglo XX y la hiperproducción del deseo”. Pero en Can solar, un pequeño volumen que contiene cinco cuentos –cuentos clásicos, tradicionales, ingeniosos, elegantes, en los que una leve corrosión morbosa planea sobre el costumbrismo pueblerino– no se estabiliza ningún sentido (por ahora, el uniforme no es obligatorio) ni hay rastros de imaginaciones proletarias ni paranoicas, como lo prueba el muy logrado primer cuento sobre un personaje de clase media que sufre un accidente neurológico.

En cambio, en el caso de la anónima contratapa de Sabbatella, se nos cuenta una fábula con final muy feliz: la de un muchacho que pasó por la editorial y terminó con una novela publicada, que vendría a ser ésta. Cuando no hemos terminado de conmovernos ante el milagro, nos anuncian que El modelo aéreo abunda en “citas en clave de Las alas del deseo y un sinnúmero de escenas hilarantes”. Es cierto que si las citas son en clave (como las contratapas mismas) deben de ser difíciles de descubrir y no lo logré, más allá de que Peter Handke sea una influencia común al libro y la película o que el protagonista vaya a ver una película alemana. Pero estoy dispuesto a jurar que esta novela pudorosa, seca, grave, ascética, situada en un pasado cercano sin teléfonos celulares nada tiene de hilarante, que su tono es más bien lúgubre y que sus personajes incomunicados flotan en la angustia.

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