Publicado en edición impresa de nacio el 27 de septiembre de 1930  

La CGT cumple 82 años a las puertas de una nueva división

La central obrera argentina nació pocos días después del primer golpe de estado del siglo XX, en septiembre de 1930, que derrocó a Hipólito Yrigoyen. En un comienzo, la mayoría de sus dirigentes eran extranjeros, socialistas o anarco-sindicalistas. El peronismo cambió todo. Como la que está a punto de enfrentar, las divisiones en su seno han sido frecuentes.

La Confederación General del Trabajo (CGT) fue fundada el 27 de septiembre de 1930, apenas tres semanas después del derrocamiento del gobierno radical presidido por el doctor Hipólito Yrigoyen. Se cumplen ochenta y dos años de esta organización madre del movimiento obrero organizado de nuestro país. Sin embargo, su Congreso General Constituyente recién pudo reunirse el 3l de marzo de l936. Esta demora obedeció no sólo a la situación imperante sino también a luchas internas.

La constitución de la central sindical obedeció a la fusión de COA. (Confederación Obrera Argentina), de tendencia socialista, y la USA (Unión Sindical Argentina), de orientación sindicalista. Había una gran desigualdad numérica entre ambas organizaciones, sin embargo el reparto inicial de cargos fue sumamente equitativo.

El nombre de Confederación General del Trabajo (CGT) fue tomado de su homónima francesa, cuna del sindicalismo en el concierto del movimiento obrero europeo. La organización sindical del país galo tuvo lugar en 1895 precisamente en el mes de septiembre (el 23 de ese mes). En su origen fue apolítica pero cercana al anarco-sindicalismo.

La COA era más poderosa por la calidad de sus gremios y por su número. Contaba con la estratégica Unión Ferroviaria, La Fraternidad, municipales, dependientes de comercio, Unión Obrera Metalúrgica. Sus afiliados se calculaban en 100 mil. Mientras que la USA, con telefónicos, marítimos, Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y Tranviarios, que se incorporaron al poco tiempo de fundarse la CGT, se calcula en 15 mil.

Como primer secretario general fue designado Luis Cerruti, y una parte de los delegados de la Unión Ferroviaria, a pesar de estar en la entidad con tendencia socialista, tenían simpatía con los “sindicalistas”. En el Comité Nacional Sindical (luego denominado Comité Confederal) se podía apreciar que había muy pocos representantes de los gremios del sector industrial.

Una de las características de la central en su etapa inicial era la cantidad de obreros extranjeros, en su mayoría españoles, pero también rusos. En síntesis, una tercera parte de los miembros del Comité eran extranjeros, incluyendo los nacionalizados, y esa mayoría era más evidente en los sindicalistas que en los socialistas.

Además de Luis Cerruti –muchos lo confunden con el abogado de la UOM y ministro de Trabajo del gobierno de facto en 1955 del general Eduardo Lonardi, con el mismo nombre y apellido–, que fuera dirigente de la Unión Ferroviaria y que no tuvo mayor trayectoria tras esta gestión, hubo gremialistas de fuste como Sebastián Marotta. De origen anarquista, primero en el gremio de constructores de carruajes y luego en el de los trabajadores de imprenta. Entre 1949 y 1951 –primer peronismo– estuvo preso, pero luego, en libertad, volvió al sindicato y actuó en el Congreso Normalizador de la CGT en 1957. El presidente Arturo Illia durante su gestión (1963-1966) lo designó director de la Caja de Periodistas y Gráficos.

Otro dirigente emblemático fue Alejandro Silvetti –su verdadero nombre era Manuel Serafín Fandiño– pero adoptó el seudónimo para poder regresar al país después de haber recibido destierro forzoso, pues le aplicaron la Ley de Residencia. Su actividad sindical la desarrolló en el gremio del calzado, pero a la par era redactor de la publicación anarquista La Protesta. Fue el primer director del flamante periódico de la CGT.

Ofensiva patronal y negociación. La CGT tuvo que enfrentar en sus inicios, además de al gobierno militar, una ofensiva de algunas empresas cuyos representantes argumentaron los efectos de la crisis mundial(1929-1933) para producir despidos en grandes establecimientos.

Cabe señalar –entre otras cosas– que en su declaración de principios habla de que: “Su deber es satisfacer su carácter de organización autónoma de la clase obrera, independiente de todo partido político o agrupación ideológica y por lo tanto prescinden de todas las acciones que éstos lleven a cabo”.

Luego exige al gobierno de Uriburu que promueva el empleo y que apruebe nuevas leyes laborales. Esto fue seguido, un mes después del llamado Programa Mínimo, que pedía el reconocimiento de los sindicatos para vigilar la legislación obrera: las ocho horas de trabajo en los turnos diurnos y seis en los nocturnos; cinco días en labores insalubres; estabilidad y escalafón para los estatales y derogación de la Ley de Residencia.

Intento fallido de huelga.
La cúpula de la FORA –sector sindical que no participó en la creación de la CGT–, ante la inminencia del golpe militar, intentó organizar una huelga general revolucionaria que iba a estar conectada con una conspiración cívico militar, inspirada mayoritariamente por los radicales cuyo gobierno era derribado. Sin embargo, los acontecimientos se precipitaron, la tentativa fue frustrada y muchos debieron marchar hacia el destierro.

La represión del gobierno militar no se hizo esperar, clausurando el diario “anarquista” La Protesta y encarcelando a sus redactores, deportando a muchos militantes a quienes se aplicaba la Ley 4144 de Residencia. Algunos otros fueron menos afortunados. Les tocó la triste suerte de estar en el terrible penal de Ushuaia.

La FORA fue puesta fuera de la ley y sus fuerzas en la clandestinidad fueron disminuyendo su efectividad. Ello obedeció a varias causas. En primer lugar, por la continua campaña de represión y de intimidación que diezmó sus cuadros de dirigentes y activistas. En segundo lugar porque no podía superar el esquema táctico que la naturaleza de los cambios políticos y económicos imponía revisar, a fin de no correr el riesgo de enfrentarse a una lucha desigual y en cierto modo suicida, como se demuestra con el correr del tiempo en la historia sindical argentina, cuando una huelga es por tiempo indeterminado.

Evitó los fusilamientos. Hubo sin embargo un hecho poco conocido, que fue señalado en el primer número del Boletín Mensual de la CGT en enero de 1932, que realiza una reseña de la obra realizada por la central obrera desde su fundación, señalando las difíciles circunstancias en que se había tenido que mover. Sus “principales logros” habían sido la libertad de 225 presos gremiales y la conmutación de la pena de muerte impuesta por un tribunal militar a tres choferes –Florindo Galloso, Santos Ares y José Montero– que se habían tiroteado con la policía.

Para lograr esa conmutación, aclaraba el periódico, “no (se) vaciló en prescindir de ciertos principios”. En efecto, la nota elevada al dictador Uriburu comenzaba de esta manera: “La CGT, órgano representativo de las fuerzas obreras del país, convencida de la obra de renovación administrativa del gobierno provisional y dispuesta a apoyarlo como está en su obra de justicia institucional y social…”.

Y concluía así: “Convencida esta Confederación de que el gobierno provisional no mantiene en vigencia la ley marcial sino para asegurar la tranquilidad pública y para hacer respetar el prestigio y la autoridad del gobierno, aún más, entendiendo que los procedimientos y sentencias se han ajustado en absoluto a los reglamentos militares, promueve esta gestión invocando como única razón en hecho de que los condenados no registran antecedentes policiales”.

Los tres choferes, que eran miembros del sindicato anarquista, no adherido a la CGT, no sólo salvaron su vida, sino que, dos años después, su condena a reclusión perpetua fue nuevamente conmutada por dos años de prisión. El episodio muestra a las claras el clima de arbitrariedad en que debió desenvolverse el movimiento obrero en esos primeros años de la década del 30, así como de la existencia de actitudes de mayor pragmatismo entre estos dirigentes socialistas, comunistas y sindicalistas, a la hora de peticionar por situaciones específicas.

Primera División:
Dos CGT. El Congreso Constituyente de la central sindical fue fijado para febrero de 1936. Sin embargo, la situación de discrepancias internas hizo crisis tres meses antes. El 1º de diciembre de 1935 –cinco años más tarde de su nacimiento–, los delegados de la Unión Ferroviaria y de La Fraternidad, de la Confederación de Empleados de Comercio, Asociación Trabajadores del Estado (ATE), de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y de la Unión Obreros y Empleados Municipales tuvieron un plenario deliberativo.

En el mismo se declaró desprovistas de todo poder a las autoridades de la Confederación General del Trabajo. Los presentes designaron una Comisión Ejecutiva Provisoria encargada de organizar, sin distinciones, el Congreso Constituyente para marzo de 1936.

Como consecuencia, hubo dos CGT. Una de ellas era la de la Comisión Ejecutiva Provisoria –conocida como CGT Independencia pues funcionaba en la sede de la Unión Ferroviaria, en esa avenida– y estaba integrada en su mayoría por entidades conducidas por socialistas y comunistas. La otra era la organización preexistente, el Comité Nacional Sindical, que con el aporte de gremialistas, en su gran mayoría “sindicalistas”, formó la CGT Catamarca, que funcionaba en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos, en esa calle porteña.


*Coautor con Fabián Bosoer de La lucha continúa (Ed. Vergara, 2012). Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino- Universidad Torcuato Di Tella.

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