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Vandalismo

  • Por Daniel Link | 21/09/2012 | 23:52
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La Real Academia Española, que no es precisamente una institución con la que simpatice, define vandalismo como 1. m. Devastación propia de los antiguos vándalos, y 2. m. Espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana.

Originalmente, los vándalos formaron parte de los pueblos germánicos orientales y habitaban las riberas del Báltico. Al principio del siglo V, cruzaron Galia e Iberia, estableciéndose brevemente en el valle del río Guadalquivir (el corazón de Andalucía). Luego pasaron a través del estrecho de Gibraltar y su líder, Genserico, creó un reino en el norte de Africa, con el fin de controlar las mejores zonas agrícolas del Imperio Romano, y fijó su capital en Cartago.

Más modernamente, un acto de vandalismo puede definirse como un espíritu de destrucción desaforado, más orientado a la aniquilación de lo existente que a la construcción de una realidad alternativa.

Pongamos un ejemplo: el libro, y la tradicional Feria porteña, que se ha constituido en su celebración acrítica.

Desde hace años, el Gobierno pretende aniquilar la Feria del Libro y, según ha trascendido, ha propuesto a la fundación que la organiza que traslade el evento al predio donde funciona Tecnópolis, en la provincia de Buenos Aires.

Si los editores no aceptan trasladar la Feria de La Rural a Tecnópolis, desaparecerán de ella los enormes stands oficiales y las compras de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), que este año representaron 8 millones de pesos y, para algunos stands, es hasta el 40 por ciento de sus ventas en el evento. Ese fue uno de los argumentos que los representantes del sector editorial argentino escucharon el viernes de parte de las autoridades del Gobierno nacional que se reunieron con ellos: Javier Grossman, titular de la Unidad Bicentenario (a cargo de Tecnópolis), y Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia.

Formalmente, los invitaban a mudarse a lo que será, les dijeron, el Centro Nacional de Exposiciones, en Villa Martelli. Pero la invitación tenía dos “incentivos”. Uno: los costos de participar bajarían hasta 30 por ciento respecto de La Rural. El otro, la presencia contante y sonante de las instituciones oficiales y de la Conabip.

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