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Delito de cuello blanco

Apenas conocí el importante trabajo periodístico respecto de Carlos Liuzzi, pensé en la flamante procuradora General de la Nación por sus palabras: “Soy independiente del poder político, me importa mucho combatir la delincuencia de cuello blanco”. Alejandra Gils Carbó decía reflotar una esperanza para enfrentar una corrupción que no tiene límites. A ella dirigí una nota, adjuntando esa tarea periodística para impulsar la investigación. Al ejercer el constitucional derecho de “peticionar a las autoridades”, ella debía cumplir la constitucional obligación de contestar mi pedido.

Había transitado un similar camino ante su antecesor Esteban Righi, quien no me contestó pero mandó mi texto para que hubiera un juez. Así se inició el megacaso “Amado Boudou”.

Quede dicho que Gils Carbó no contestó a un ciudadano de a pie. Quede dicho que frente a la inacción, fue el de a pie el que promovió la acción de investigación.

¿Zannini sabía todo esto respecto de Liuzzi y confía en que “no va a pasar nada” porque los jueces que investigan a los funcionarios son… lo que son? ¿Es de los que confía en que como el de a pie no puede ver el expediente que él inició todo va a entrar en el túnel del tiempo?

Mientras un periodista se juega poniendo el cuerpo y el salario para su familia, los que deberían también investigar se “distraen” en la Feria de las Vanidades. Con sueldos fabulosos y asesores a granel, todo parece quedar en codazos para candidaturas. ¿Tomaron nota los distraídos que la marcha de las multitudes los ignoró por completo? El delito de cuello blanco explica la indigencia de los jubilados y el absurdo salario de los que trabajan de veras.


*Presidente de la Asociación Civil Anticorrupción.

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