Publicado en edición impresa de El economista de la semana  

Un discurso con demasiado pasado y muy poco futuro

El mensaje de ayer de la presidenta Fernández de Kirchner se concentró, como era esperable, en destacar los éxitos alcanzados por la gestión kirchnerista en el pasado, mucho más que en enviar señales claras de la gestión a futuro. Obviamente, estuvo muy lejos de ser un mensaje a la Legislatura concentrado en las leyes que le interesa al Poder Ejecutivo que sean tratadas y aprobadas en el ciclo legislativo que se está inaugurando.

Pero lo que más me sorprendió es la permanente utilización de estadísticas de la década 2003-2012, en lugar de mencionar los logros del último quinquenio, en el cual la Presidenta ha sido la responsable del Poder Ejecutivo Nacional.

Nadie puede negar, y ha sido muy destacado oportunamente en estas columnas, la fuerza de la recuperación económica y social durante los primeros cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner, sobre todo porque se comparan con la peor crisis económica en la historia de la Argentina. Tampoco se debe olvidar, para poner las cosas en su debido lugar, que cuando Kirchner llega al poder, en mayo de 2003, la economía ya tenía tres trimestres de crecimiento, y él mantuvo el equipo económico (Roberto Lavagna y Alfonso Prat Gay) que había logrado esa reactivación.

Fue inclusive notable que la Presidenta cierre su discurso de ayer citando las reflexiones del ex presidente Kirchner de marzo de 2006, cuando la economía gozaba de excelente salud, una situación muy distinta a la que se vive hoy.

Ese fuerte crecimiento económico, inclusivo y consolidado por los superávits mellizos, comenzó a sufrir a partir de 2007, cuando aparece la inflación, y simultáneamente un persistente deterioro de los indicadores fiscales, aun a pesar del contexto externo muy favorable. En el gráfico que acompaña la nota se puede apreciar este deterioro. También, aparecen en estos tiempos más recientes la manipulación del Indec, que ignora la inflación, esconde la pobreza, y sobreestima el cálculo del PBI. Y el consecuente atraso cambiario, el cepo y los congelamientos de precios.

Si la Presidenta hubiera analizado las tasas reales de crecimiento del período bajo su gestión no habría estado tan eufórica, ya que nuestro país ha crecido dentro del promedio de la región, muy lejos de los niveles de otros países, como Perú, que crecieron mucho más.
También tendría que revisar las estadísticas sociales, severamente distorsionadas por la inflación oficial. Es preocupante que la presidenta Fernández de Kirchner crea que en la Argentina hay sólo 6,5% de pobres y 1,7% de indigentes. Afirmar eso es equivalente a creer que el kilo de pan vale $ 3,85 y el kilo de asado menos de $ 13, que son los datos que considera el Indec para afirmar que la inflación de estos años ha estado apróximadamente en el 10%. La Presidenta, pocos minutos más tarde, refutó esos índices cuando admitió que la acción social que desarrollan en mil barrios de extrema pobreza ya ayudó a un millón de personas, o sea 2,5% de los argentinos.

También contradice su silencio sobre la inflación, cuando se refirió a los aumentos de valores monetarios de los sueldos mínimos, las jubilaciones, las becas, etcétera, siempre en niveles del 1.000% o más. Obviamente esos logros hubieran sido imposible e impensables si la inflación acumulada no hubiera estado en niveles superiores al 500%.

También tendría que poner una lupa sobre lo que está sucediendo con la industrialización en estos últimos años. Lamentablemente, el atraso cambiario está obligando a muchas industrias a vender productos con menos valor agregado, como es el caso de la vitivinicultura, que está exportando mosto a Chile, en lugar de embotellar vino en la Argentina. Esto genera pérdida de empleo, que es lo que está caracterizando al sector privado industrial en los últimos años. Como lo he explicado en detalle en la columna anterior, el grueso del atraso cambiario, superior al 40%, ha tenido lugar desde que Fernández de Kirchner es presidenta.

La política de sustitución de importaciones ha sido efectiva para ahorrar divisas del Banco Central, pero no hay evidencias de su impacto duradero en la estructura industrial. En muchos casos ha significado el encarecimiento de bienes de capital que son consumidos por los empresarios argentinos que deben competir con los de otros países. Y el aporte de trabajo argentino ha sido marginal.

Me pareció bien que diga que el gasto público no necesariamente es mejor ni peor que el gasto privado. Hay países en Europa que tienen niveles de gasto público superiores a los nuestros, y lo determinante es la calidad de ese gasto. Desde 2003, nuestro gasto público consolidado en relación al PBI creció más de 17 puntos, y cuesta pensar que sea de alta calidad. Aparentemente tiene mucha más eficacia para el estímulo del consumo, que para el aumento de la inversión, siendo responsable de gran parte del proceso inflacionario que sufrimos los argentinos.

Anuncios positivos. Hizo algunos anuncios auspiciosos en materia económica. Ya no dijo, como hace unos meses atrás: “no le pagaremos un solo dólar a los fondos buitre”. Consciente del costoso error que significó aquella declaración, ahora se mostró favorable a aceptar a los holdouts en una eventual reapertura del canje, que es lo que debería haberse enfatizado en la poco feliz actuación de nuestros representantes el miércoles pasado. Esperemos que el anuncio no haya llegado demasiado tarde.

También se mostró más flexible en el tema del endeudamiento, cuando se destine a obras de infraestructura. Recordemos que exactamente un año atrás justificaba la no inversión en ferrocarriles por tener que pagar la deuda pública.

Sería muy bueno que el país retorne a los mercados financieros, a tasas y plazos convenientes, no para financiar el déficit corriente, sino para hacer las obras que hacen falta para mejorar la calidad de vida de los argentinos más necesitados.

Y más allá de las suspicacias políticas, sería muy bueno que la Justicia se modernice y sea más eficiente, y transparente, en línea con las propuestas hechas por la Presidenta. La ineptitud de nuestra Justicia ha sido uno de los componentes más gravosos del llamado “costo argentino”.

Por último, la manifestación de no estar procurando una reforma de la Constitución arroja cierta claridad a un panorama político que ahora pasará a estar dominado por la cuestión de la sucesión.

G Plus

Facebook

Twitter

¿Te gustó este artículo?
Temas
 

Comentarios

Comentá en Perfil.com

Para comentar debes estar logueado,
ingresá a través de: