Publicado en edición impresa de Cristina y la inflación  

Mezcla rara de Musetta y Mimí

De paso por Venecia, asistí en La Fenice a la puesta en escena de La Bohème, la ópera de Puccini, justamente el mismo día en que tomé conocimiento de que en la Argentina habían decidido orquestar un nuevo congelamiento de precios para frenar la inflación. La obra La Bohème gira en torno a dos temas: el primero es la función del dinero; el segundo, la difícil relación entre lo táctico y lo estratégico (aquel viejo dilema que obsesionaba a los montoneros) cuando se da en el contexto de dificultades económicas.

La costurera Mimí, que está enamorada de Rodolfo, un escritor bohemio que no tiene siquiera para guarecerse del frío, contrae tuberculosis, razón por la cual decide irse con un vizconde aventajado que sí estaba, en apariencia, en condiciones de ayudarla con el tratamiento y las medicinas. Adopta una decisión táctica, de corto plazo, cobarde. Con el mismo criterio actúa el propio Rodolfo cuando, ante el clima reinante en París, decide quemar sus escritos para hacer fuego y calentar el ambiente; o Marcello, el amante de la cantante Musetta, que pinta para gente adinerada en lugar de abocarse al arte en un sentido profundo; o el amigo músico, Schaunard, que toca en casas de gente rica para subsistir. Musetta, la pizpireta, hace a la vez las dos cosas: seduce a un viejo rico pero al mismo tiempo usa ese dinero para ayudar a sus amigos artistas, hacerle pagar una costosa cena, conseguir una buena almohada para Mimí o comprar remedios.

Pero Mimí finalmente advierte el error de su conducta dado que, en su caso, la enfermedad es mortal, de modo que su destino es inexorable, razón por la cual quedarse con el viejo vizconde significa perder sus últimos días lejos de su verdadero amor, Rodolfo, sin que el dinero que obtiene le sirva para mucho más que vestirse mejor. Por eso hay dos Mimí: esa primera, equivocada, facilista, irresponsable, y una segunda, que vuelve para morir en los brazos de su amado Rodolfo. Es decir que, frente a lo inevitable, optar por lo táctico, lo fácil, es un patético error. El caso de Musetta era distinto: ella podía hacer las dos cosas a la vez porque no estaba ante algo fatal.

Cristina Kirchner obra con nosotros como la primera Mimí. La inflación es la enfermedad que corroe el país. Un país infectado por una gran emisión de dinero espurio para financiar un descontrolado gasto público. De ahí surgen todos los demás problemas: el retraso cambiario, la falta de competitividad, la carrera por los salarios, el cepo, la falta de inversión, etc. Todo el resto es palabrerío de farsantes. Frente a lo inevitable, frente a lo que más temprano que tarde ocurrirá: la devaluación, el ajuste del gasto público y el cierre del grifo monetario, Cristina Kirchner va en busca de la receta demagógica que le ofrece el vizconde a Mimí: un placebo, una medicina falsa que no traerá solución real alguna pero que generará un espejismo electoralista. Rodeada de curanderos, opta por el mal camino: la brujería. Si en cambio actuara como la Mimí más sabia, la segunda, la que enfrenta las estrecheces con temple y sin cobardía, soportando las incomodidades, atacaría las verdaderas causas. Ser sincero eventualmente es una sabiduría triste.

¿Es que Cristina Kirchner no entiende demasiado de economía y no se da cuenta de que está frente a algo inevitable? ¿O cree ser Musetta, la que puede hacer a la vez lo táctico y lo estratégico? ¿O se da cuenta de todo y miente al pueblo a sabiendas, en busca de un mero beneficio mezquino? Si Mimí se hubiera quedado al lado del vizconde, por comodidad, habría muerto de la peor manera: Cristina va hacia allí.


*Escritor y periodista.

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