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El poder del Opus Dei

Las intrigas palaciegas, la lucha por el poder y el escándalo de espías, sexo y lavado de dinero dentro del Vaticano convirtieron a El código Da Vinci en una comedia romántica apta para todo público. Ni Dan Brown pudo imaginar que cinco años después de aparecido su libro, una conspiración que amenaza a la Iglesia Católica –como la desarrollada en el best seller internacional– podría ponerle fin a un papado.

La novela de Brown es la secuela de Angeles y demonios, y en ambos casos la trama es la misma: un conflicto de poderes que acorrala al Vaticano con el Opus Dei como un protagonista oculto en las sombras. En la historia real La Obra también asumió un papel principal pero, sorprendentemente, su participación se ha mantenido en segundo plano. Es interesante observar cómo se ocultó el rol de los miembros del Opus Dei en la crisis que atraviesa la Santa Sede. Pero, en silencio y con sigilo, los integrantes de la institución creada por Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928 han logrado mover sus influencias.
La mayor crisis en la historia moderna del Vaticano comenzó el año pasado, cuando una megafiltración de documentos hizo tambalear el poder de la curia romana. En marzo de ese año, Benedicto XVI ordenó una profunda investigación interna para saber quiénes eran las “gargantas profundas” que se escondían en los palacios vaticanos. La delicada tarea de “limpiar la Iglesia” recayó en las manos del español Julián Herranz Casado, un cardenal de 82 años que pertenece a La Obra.

Herranz Casado ingresó a la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei en 1949, mientras estudiaba medicina en Madrid. Fue una de las más poderosas figuras durante el papado de Juan Pablo II y mantuvo su lugar con Benedicto XVI. También es uno de los más respetados expertos en el Código de Derecho Canónico y preside la Comisión Disciplinar de la Curia Romana.

Pero los conocimientos del español no pudieron evitar que la crisis creciera hasta niveles insostenibles. A los pocos meses de iniciar su investigación, se publicó en Roma Su Santidad: los documentos secretos de Benedicto XVI, del periodista italiano Gianluigi Nuzzi. La investigación reveló cartas e informes reservados que denunciaban desde un supuesto complot para matar al Papa hasta una gran trama de corrupción, que incluye pagos de sobornos para obtener audiencias papales y manejos irregulares en las finanzas católicas.

La responsabilidad del control del banco vaticano recaía sobre Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión. Tedeschi fue destituido y, a pesar de ser hombre de La Obra, la institución salió intacta. Las licitaciones del Estado de la Ciudad del Vaticano tienen ahora un nuevo director: Rafael García de la Serrana Villalobos, otro servidor del Opus Dei.
La institución que fue erigida prelatura en 1982 por Juan Pablo II también tiene entre sus atribuciones la difícil tarea de mejorar la imagen vaticana, trabajo para el que fue designado Greg Burke. El periodista egresado de la Universidad de Columbia fue corresponsal en Roma de la conservadora cadena estadounidense Fox News y es el hombre del Opus Dei que desde junio del año pasado –precisamente cuando estalló el escándalo– se convirtió en jefe de Comunicación de la estratégica Secretaría de Estado del Vaticano.

El trabajo de Herranz Casado finalizó en diciembre y se materializó en dos expedientes que conforman un ultrasecreto dossier de trescientas páginas que fue entregado al Papa. La Santa Sede nunca difundió ese material y se suponía que iba a ser distribuido entre los 115 cardenales que elegirán al nuevo Pontífice. Pero Joseph Ratzinger decidió que esa explosiva información será reservada sólo para conocimiento de su sucesor. Y del Opus Dei, claro.

La fuente secreta que apareció en el libro que hizo pública la crisis que terminó con la renuncia de Ratzinger fue bautizada “María” por el periodista Nuzzi. Curiosamente, fue María Magdalena la clave oculta que utilizó Brown en El código Da Vinci. En ambos casos, los miembros del Opus Dei aparecieron para proteger al Papa. Y para ampliar su poder.

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