Publicado en edición impresa de Individualización colectiva  

Un pacto para vivir (juntos)

En los últimos días, vimos dos actitudes radicalmente contrapuestas. La primera, agresiva y amplificada por distintos medios; la segunda, esperanzadora y silenciada (por los mismos medios que amplificaron la primera).

La primera fue la reacción de Cristina Fernández de Kirchner frente a la inminente movilización y acto público conmemorando la masacre de Once (llamarla tragedia o darle un ethos de predestinación me parece ofensivo). Resultó una provocación hiriente, ofensiva.

La segunda actitud fue más loable. No fue especulativa ni calculadora: en el acto de reclamo de justicia se hizo presente un fenómeno al que hay que prestarle atención. En la comparación de ambas actitudes radica una clave de lo que viene en la dinámica ciudadanos-representantes.

Porque en la demanda de justicia de los familiares y en la presencia de los miles que acompañaron se produjo un proceso al que tenemos que prestar cada vez más atención: la individuación colectiva.

Si bien somos individuos, también vivimos en comunidad. Así y todo, desde distintos espacios ideológicos se nos ha buscado convencer de una falacia. La misma indica que individuo y comunidad están opuestos por el vértice y que la presencia de uno debe implicar la subsumisión de la otra.
Bueno: error.

Los procesos de individuación colectiva aparecen cuando las personas que forman parte de una comunidad (aun con sus diferencias, como bien planteaba el discurso de familiares de las víctimas de Once) pueden reunirse detrás de un objetivo que los reconcilie con sus propias reivindicaciones políticas.

Esos procesos no se dan siempre ni pueden incluir a todos los miembros de una comunidad, pero sí se dan de manera rotativa: aquella reivindicación que se convierte en reclamo quizás no tenga mi completo apoyo pero sí el de un amigo, hermano, padre, madre, hijo/a, etc.

La individuación colectiva, al ser rotativa, precisa que cada uno de nosotros cumpla con su rol ciudadano, que demande y acompañe las demandas en donde se reconozca como individuo-en-comunidad. En definitiva, la individuación colectiva nos protege.

Un proceso de individuación colectiva que se vuelve acto al visibilizarse como reclamo no es un hecho politizado (como el Gobierno se cansó de tildar al reclamo por el 22F) sino –como mencionaba el discurso principal de los familiares del 22F– un hecho político.

Los hechos políticos, naturalmente, necesitan gente. Pero fundamentalmente necesitan la integridad de un grupo de personas resistiendo los embates del poder y, eventualmente, proponiéndole un cambio (ya sea por la mera negativa al abuso o por una abierta proposición).

La integridad de los familiares y víctimas de la masacre del 22F se sostiene en otro pilar de la individuación colectiva: el ser refractarios al silencio. Cito: “Y si a nuestras espaldas cierran los ojos para no vernos, gritemos, que escuchen cómo nuestras voces se multiplican”. Precisamente porque (vuelvo a citar): “La cara visible de la corrupción es la muerte, y su cómplice es el silencio”.

El silencio, en todas sus formas, es la manera más peligrosa de atentar contra el estimulante proceso de individuación colectiva, precisamente porque corta los lazos sociales.

Al recuperar los lazos sociales, las demandas se ponen en su debido lugar, los responsables políticos se visibilizan socialmente. Adquirir derechos y mejorar la vida cotidiana (vuelvo a citar) “no es una revolución. Es una obligación de quienes decidieron formar parte de un gobierno y es un derecho que deberíamos tener todos”.

Los procesos de individuación colectiva, por lo tanto, son una vacuna contra la demagogia, las promesas políticas y la manipulación de los funcionarios.

Aunque no nos demos cuenta, procesos como el del 22F marcan un rumbo político posible y un crecimiento ciudadano que todavía no podemos parangonar. Démosle tiempo: es una auspiciosa novedad democrática en un país tan adepto al autoritarismo.

*Guionista. Crítico. Docente. Realizador. Escritor. (www.conmigonobarone.wordpress.com).

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