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Anticipar la realidad

¿Qué debo decir? ¿Que estuve acertado? De vez en cuando el cine es capaz de anticipar la realidad. Pero la mañana en que renunció el Papa me sorprendió de todas formas. Me dieron ganas de ir a la Plaza de San Pedro a observar el ambiente, pero ese día tenía una reunión de trabajo. Me imagino que allí flotaría un aire de sorpresa y desconcierto. Como en el final de Habemus Papam, cuando la fachada de la Basílica de San Pedro luce aturdida luego del discurso de renuncia de Melville.
Como si un simple gesto, o unos pocos pasos hacia atrás de un hombre, pudieran derribar a la Iglesia católica entera.
El film abre con imágenes de archivo del funeral de Juan Pablo II. En el montaje noté que la bandera polaca, aquel sencillo ataúd de madera y el viento de ese día recordarían inmediatamente a los homenajes al papa Wojtyla. “No importa –pensé–, cuando comience el film el espectador se dará cuenta de que no estoy hablando del papa Ratzinger sino del papa Melville”. Y sin embargo aquí estamos hoy, hablando de este gesto inesperado.

En la película hay un diálogo en el Foro Romano entre el Papa en fuga y su vocero, en el cual éste le recuerda que su predecesor había seguido al frente de la Iglesia aun cuando estaba muy enfermo. Era importante esa sombra y ese recuerdo de un papado largo, grandioso, muy querido. También por eso quise que mi Papa fuera un hombre anciano, con pocos años de vida por delante.

Habemus Papam no fue la película que el público esperaba, acerca de los escándalos financieros o la pedofilia en la Iglesia. Me pareció que la renuncia papal era el final adecuado para ese personaje, esa historia, esa sensación que busqué transmitir. El tema central era la ruptura en la Historia por la simple crisis de un hombre negado a priorizar la función sagrada por encima de su propia naturaleza humana. “Si no es algo actual y verosímil, no me importa –me dije–. Yo quiero contar lo que podría ser y no lo que es”. Y aquí estamos...

No creo que Benedicto XVI haya visto mi película. Cuando se estrenó, la Iglesia recibió el film con cautela. Por un lado, Habemus Papam es una representación de un mundo más humano de lo que se suele creer. Pero, al mismo tiempo, es una crítica a la Iglesia, que intenta ser más profunda que el anticlericalismo de manual.

Yo no sé lo que pasa en un cónclave, pero no quería replicar la típica atmósfera que tantas veces vimos. Quería mostrar a un Papa con miedo y perdido. Lleno de humanidad.

*Director del film Habemus Papam.

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