Publicado en edición impresa de Ensayo  

Turbulentas historias de amor de autores argentinos

En Romances argentinos de escritores turbulentos (Sudamericana) nos trasladan directo al corazón de aquellos escritores del siglo XX que supieron canalizar sus sentimientos para darles vida en su obra. Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Victoria y Silvina Ocampo, Alfonsina Storni, Manuel Mujica Lainez o Ernesto Sabato son algunos de los protagonistas de este libro. El amor y la literatura son el disparador y el hilo conductor.

Tres pesos y un libro. Ese era todo el patrimonio de Natalio Botana cuando llegó a Buenos Aires en 1911 proveniente de Uruguay, su país natal. Veintidós años, tres pesos y un libro. Más el enorme deseo de progresar. Hasta ese momento le había ido bien y mal. Nunca más o menos. Ya había vivido un par de aventuras interesantes. A los 16 años se había escapado de su casa –se llevó un criado con él– para alistarse en el ejército. Regresó, prosiguió los estudios, huyó de vuelta, combatió, fue vencido, vendió su sable por tres pesos y cayó en una Buenos Aires exultante por los resultados de los festejos del Centenario. Llegaba dispuesto a arrancar de cero. Consiguió trabajo de estibador. Hombreó bolsas. Tres. En su caso, la tercera bolsa fue la vencida porque, mientras caminaba los pocos metros hasta el galpón, se topó con Adolfo Berro, político uruguayo muy amigo de su familia. Berro le ordenó que dejara la bolsa y lo acompañara. Le dio un techo, le compró ropa y se lo presentó al doctor Marcelino Ugarte, quien fue gobernador de la provincia de Buenos Aires en dos oportunidades. Ugarte le consiguió trabajo en El Diario, fundado y dirigido por Manuel Lainez, aquel que llevó a Julián Martínez a la misión por Europa, donde conocería a Victoria Ocampo.

Natalio Botana sufría de inmadurez laboral. No lograba asentarse en un empleo. De El Diario pasó a La Razón. De La Razón, a Ultima Hora. De Última Hora lo echaron por anunciar, en la sección Sociales, el arribo de Dante Alighieri a Buenos Aires, junto con su amada Beatrice. Su nuevo trabajo, a menos de dos años de iniciarse en las redacciones, fue en la revista PBT.

A comienzos de 1913, Marcelino Ugarte, en ese entonces senador nacional por la provincia de Buenos Aires, le entregó a Botana cartas de recomendación para los intendentes, invitándolos a que le dieran parte de lo que hoy llamamos pauta publicitaria a la revista PBT. Pero cuando Botana presentó las cartas al director de la revista, este hombre, que era alemán, le explicó que regresaría a Europa por la Gran Guerra que se avecinaba. Le recomendó que aprovechara los ingresos de publicidad y los contactos para iniciar su propio negocio. Con estas cartas de recomendación, más una ayuda económica de Ugarte, Botana fundó el diario Crítica en 1913.

En 1913 arribó a Buenos Aires, proveniente de Gualeguay, Salvadora Medina Onrubia (luego desterraría el Medina de su nombre). Tenía 19 años, había nacido en La Plata y, al igual que Botana, ya tenía aventuras en su haber. Durante un tiempo vivió en Rosario y trabajó cosiendo en una fábrica de gorras, el mismo empleo de Alfonsina en aquella ciudad. También como Alfonsina, fue madre soltera en Rosario. En lo que se diferenciaban era en su aspiración literaria. Storni quería ser poetisa. Onrubia, dramaturga. ¿Cuándo se conocieron Natalio y la pelirroja Salvadora? Ella solía contar que se vieron por primera vez en 1913, en la redacción de PBT. El siguiente capítulo se dio a través de un fuego cruzado periodístico. Salvadora fue oradora en la manifestación obrera del domingo 1º de febrero de 1914, convocada frente a la Escuela Industrial de la Nación (hoy Otto Krause) para protestar contra las leyes sociales. Debe haber resultado convincente, porque el diario anarquista La Protesta la convocó para escribir en sus páginas. Su primer texto fue publicado el 5 de febrero. Esa tarde, el vespertino Crítica dedicó una nota a la joven militante, que llevó por título: “Las chicas periodistas. El caso de la señorita Onrubia”. ¿De qué trataba la nota? Se burlaba de los anarquistas en general y de Salvadora en particular. La mujer no se amilanó y se burló de Crítica en una nueva nota. El tercer capítulo, ya conciliatorio, se dio en la imprenta. Los dos diarios se imprimían en el mismo lugar y en varias oportunidades, entre el traqueteo de las máquinas y el olor a tinta, coincidieron Botana y Onrubia. Una de esas veces él la acompañó hasta la pensión y fue todo pasión. Pasión en la pensión.

Amigos con derecho a beso. Entre las diversas tertulias de escritores y artistas, hubo dos muy conocidas a las que Alfonsina Storni asistía: la del grupo Anaconda, impulsada por los amigos de Horacio Quiroga, y La Peña, que funcionó en el sótano del Café Tortoni desde el 12 de mayo de 1926 a las 0.30. Las veladas incluían sorpresas de todo tipo. Por ejemplo, en aquel mítico subsuelo Gardel cantó un par de temas, Lola Membrives estrenó Bodas de sangre, de Federico García Lorca, y Roberto Arlt leyó páginas inéditas. Los integrantes, que tenían un carnet de pertenencia, se reunían a discutir sobre literatura y arte, leer fragmentos de sus obras o cantar. Entre los que participaban, mencionamos a los pintores Emilio Pettoruti, Xul Solar, Benito Quinquela Martín y Florencio Molina Campos; los músicos Julio De Caro y Juan de Dios Filiberto; los escritores Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Baldomero Fernández Moreno, Francisco Luis Bernárdez, Conrado Nalé Roxlo y Roberto Arlt.
Las reuniones en el Tortoni no eran meros encuentros de camaradería. A veces se parecían más a una encendida reunión de consorcio. Por eso, cuando se agitaban los ánimos Quinquela le hacía una seña a Alfonsina para que pasara al frente y, apoyada en el piano de cola Steinway que era utilizado como atril, recitara poesías para calmar a los iracundos. Hay que tener en cuenta dos cualidades de la poetisa. Sus contemporáneos dijeron que nadie recitaba tan bien como ella. Esto se debía, seguramente, a sus magníficas dotes actorales, apenas plasmadas en los escenarios durante su juventud. Por otra parte, Alfonsina era una celebrada cantante de tangos. Entre sus preferidos se destacaban Mano a mano (“Rechiflao en mi tristeza hoy te evoco y veo que has sido en mi pobre vida paria sólo una buena mujer...”) y, más adelante, Yira, yira (“Cuando la suerte, que es grela, fayando y fayando te largue parao...”). A fines de noviembre, tres semanas después de que se organizara el homenaje a Güiraldes por su libro –y Norah Lange conociera a Girondo–, se llevó a cabo un importante festival en el teatro Cervantes (en Libertad y Córdoba). Se trataba de la Fiesta de la Poesía, y contó con la participación del presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear, y la primera dama, Regina Pacini, además del gabinete de ministros y señoras. También estuvieron presentes Borges, Güiraldes, Adelina del Carril y Alfonsina, entre otros.

La actividad consistía en el recitado y la teatralización de composiciones a cargo de jóvenes estudiantes o los mismos autores. Fue un éxito. No sólo por la convocatoria sino también por el fin que perseguía. La organizó la Asociación Santa Filomena y tenía por objeto recaudar fondos para la escuela y los talleres que patrocinaba. Presidía la institución Josefina Lainez –más conocida como “Pepita”–, tía de Manucho Mujica Lainez, quien entonces tenía 16 años y participó en los recitados. Ese día, 26 de noviembre de 1926, Manucho conoció a Alfonsina. Se hicieron amigos. En aquel tiempo, la poetisa vivía en el décimo piso de un edificio ubicado en Córdoba 807, esquina Esmeralda, a pocas cuadras del Cervantes. Se hizo costumbre que Manucho la visitara en su casa, leyeran poesías y conversaran acerca de escritores. “Era muchísimo mayor que yo, desgreñada y vehemente”, recordaba. Un día de 1927 –Storni tenía 35 años– le dijo que sólo se sentía amiga de un hombre después de haberlo besado. Según contó Manucho varias veces, corrió su cara esquivando el beso que se venía y no volvió a visitarla.

*Periodista e historiador.

G Plus

Facebook

Twitter

¿Te gustó este artículo?
 

Comentarios

Comentá en Perfil.com

Para comentar debes estar logueado,
ingresá a través de: