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¿Ganó o perdió?

No es la primera vez que Moyano cambia de táctica al comenzar una batalla. Ya el año pasado, cuando llegó el famoso exhorto de Suiza, decretó un paro que luego levantó tras gestiones de De Vido. En aquella oportunidad fue un empate. Esta vez, para comenzar a responder si Moyano ganó o perdió, primero habrá que decodificar qué significa el levantamiento del paro de transportes de combustibles, más el anunciado paro total de Camioneros por tres días y su sustitución por un paro general de un día de la CGT el miércoles próximo.

Las medidas de fuerza de Camioneros habían comenzado con acciones sorpresivas el viernes de la semana pasada con el desabastecimiento de los cajeros automáticos (justo previo al Día del Padre y en medio del cobro de jubilados: pobre manera de cosechar adhesiones), y tenían dos reclamos bien diferenciados: 1) el aumento salarial de paritarias de todos los años, y 2) que ese aumento no fuera carcomido por el impuesto a las ganancias.

Como antes de ayer, jueves, Moyano anunció que llegó a un acuerdo por el porcentaje de aumento de sueldos con los empresarios del sector, podría interpretarse que levantó el paro de Camioneros porque ya había ganado el punto uno de su batalla, paritarias, y que resultaba lógico que para conseguir el punto dos, una reducción del impuesto a las ganancias, dispusiera un paro nacional –ahora– desde la CGT y no ya sólo de los camioneros, porque ese problema afecta a todos los asalariados.

Pero esta lógica se deshace al ver el aumento que obtuvo en las paritarias: 12,5% en julio, 7% en noviembre y 6% en marzo de 2013. No hubiera requerido ningún paro ni medidas de fuerzas sorpresivas porque era lo que los empresarios del sector ya estaban dispuestos a conceder (ver página 2), estaba en sintonía con el porcentaje algo superior al veinte por ciento con que fueron acordándose las paritarias de todos los gremios, y si hiciera falta alguna prueba más, basta ver que lo obtenido por Camioneros en este 2012 es idéntico a lo de las paritarias de 2011 (12% en julio, 6% en noviembre y 6% en marzo de 2012) y casi igual a lo de las paritarias de Camioneros de 2010 (13% en junio, 6% en noviembre y 6% en marzo de 2011).

También los años anteriores Moyano comenzó pidiendo 30%, los empresarios ofreciendo 18% y partieron las diferencias después de un par de reuniones. La diferencia este año fue que Moyano comenzó incluyendo como reclamo a los empresarios el mencionado punto dos, que ese aumento no fuera carcomido por el impuesto a las ganancias, algo que había que reclamarle al Gobierno. No bien Moyano dejó de solicitarles a los empresarios una compensación por el impuesto a las ganancias, se llegó a un acuerdo en el acto.

Desde el kirchnerismo se interpreta que el instantáneo arreglo de las paritarias de Camioneros fue un triunfo del Gobierno producido por la presión a la que Moyano se vio expuesto por la Gendarmería, la demanda judicial por extorsión, la aplicación de la Ley de Abastecimiento y las penalidades que el Ministerio de Trabajo le aplicó y le aplicaría. Y que el paro general de la CGT con marcha a la Plaza de Mayo del miércoles próximo es un premio consuelo para disimular la “marcha atrás” del camionero.

Otra interpretación surgiría si se presumiera que Moyano comenzó reclamándoles a los empresarios camioneros una compensación sobre el impuesto a las ganancias sabiendo que ellos no podían concederla y que a quien había que reclamársela era el Gobierno, para usar la caja de resonancia de Camioneros con dos medidas de fuerza sorpresivas para instalar públicamente el tema, ganar protagonismo absoluto en todos los medios y desde allí disponer el paro general de la CGT por el impuesto a las ganancias, sumando el tope del salario familiar.

Así no habría habido ningún cambio de estrategia sino simplemente una forma de calentar la disputa con dos acciones muy ruidosas –cajeros y combustibles– pero de poco esfuerzo organizativo, para concentrarse en la marcha y el paro general del próximo miércoles. De haber usado a Camioneros para precalentar la CGT, el Gobierno se habría comido el amague agrandando el conflicto con la Gendarmería, la Ley de Abastecimiento y el juicio por coacción agravada.

El reclamo por el impuesto a las ganancias cuenta con más simpatía general que cualquier huelga de Camioneros, pero también vale comparar con años anteriores para ver cómo fue la negociación sobre este problema y cómo se fue resolviendo. El primer año que se actualizó el mínimo no imponible para el cálculo del impuesto a las ganancias fue 2006, en marzo. Lo mismo se hizo al año siguiente, 2007, también en marzo. Pero no siempre esa actualización fue en dicho mes: al año siguiente, 2008, hubo que esperar hasta agosto para que se produjera, y la CGT no realizó ningún paro en junio. Y lo que resulta aun más contradictorio para Moyano es que en el año 2009 no hubo ninguna actualización del mínimo no imponible para el cálculo de impuesto a las ganancias, y no se dispuso ningún paro general de la CGT a pesar de que los aumentos de Camioneros venían siendo no muy distintos a los actuales: 20% en 2008 y 17% en 2009, pero todo junto en julio y no en tres tramos como ahora. O sea que, en julio de 2009, la no actualización del mínimo del impuesto a las ganancias carcomió un aumento de Camioneros de 17% y en julio de 2012 “sólo” del 12%.

Se podría decir que 2009 fue un año difícil porque fue el epicentro de la crisis financiera mundial y la economía argentina se enfrió al extremo. Pero 2012 no es diferente, porque el crecimiento del PBI en abril fue de 0,6%, y el del segundo trimestre de 2009, también de 0,6%.

Moyano podría sostener que la inflación se aceleró, pero ese argumento se contradice con que aceptó en las paritarias de Camioneros el mismo porcentaje de aumento que el año pasado y que el año anterior.

De esto se desprende que el paro tiene componentes políticos determinantes, y desde esa perspectiva Moyano ganó porque logró aumentar su visibilidad y, sea cual fuere su suerte en las próximas elecciones de la central obrera (se quede él o no con el mítico edificio de Azopardo y el logo de la CGT), quedará posicionado para el post kirchnerismo como un líder de la resistencia.

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