Publicado en edición impresa de Bonos y default  

Desendeudarse para tener deudas sin crédito

La política oficial de vivir con lo nuestro, sin pedir prestado, choca con el ajuste que implican las cancelaciones que se hicieron con reservas del BCRA.

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La audiencia en Nueva York, ante los miembros de la Cámara de Apelaciones que trata el juicio entre tenedores de deuda argentina en default, que no aceptaron los respectivos acuerdos de canje de deuda de 2005 y 2010, y el gobierno argentino puso de nuevo en primer plano la estrategia K de manejo de la deuda pública.

Dicha estrategia presenta, hasta ahora, varios hitos. El primero se vincula con el canje de la deuda defaulteada en 2001 por nuevos bonos con quitas y plazos más largos, incluyendo como “premio” bonos adicionales que sólo se pagan los años en que la Argentina crece por encima del 3,2% anual (los llamados “cupones PBI”).

Adicionalmente, se decidió desconocer la deuda de aquellos que no entraron al canje (como los que hoy están litigando en Nueva York) y no pagar, además, fallos contrarios al país en tribunales arbitrales a los que se presentaron empresas extranjeras reclamando por perjuicios generados por las medidas “pesificadoras” de 2002, amparadas en tratados internacionales.
Otro elemento importante fue la medida de cancelar el saldo de préstamos con el FMI al contado.

Por último, pese a distintos “amagues” en contrario, se decidió mantener sin negociar la deuda con el llamado Club de París, grupo de países desarrollados que han garantizado distintas operaciones de venta de bienes de capital y otras inversiones a sus exportadores, y que tuvieron como contraparte receptora al Estado argentino o a empresas locales.

Otro punto a destacar en el análisis de la deuda pública es el default parcial de nueva deuda, la emitida con ajuste por el índice de precios al consumidor (CER). Al modificarse unilateral y arbitrariamente la forma de cálculo de dicho índice, se terminó perjudicando a los tenedores de esos bonos y cerrando, prácticamente, el crédito voluntario hacia el país, como deudor.
Esto último obligó a un pseudodesendeudamiento al cancelar deuda externa con uso de reservas, emisión de pesos y colocación de deuda en la Anses y otras cajas públicas. Es decir, reemplazando acreedores y usando el impuesto inflacionario.
Sintetizando, la estrategia fue canjear deuda defaulteada con quitas, pagando sus vencimientos y sus “premios”. No pagar ni ofrecer negociación alguna a quienes no entraron a los canjes, ni a otros acreedores. Cancelar al contado la deuda con el FMI, estafar a los tenedores de deuda ajustable por CER y reemplazar acreedores externos por acreedores internos (principalmente el Banco Central), comprometiendo la estabilidad nominal de la macroeconomía argentina. Es decir, el bienestar de muchos ciudadanos.

El resultado de esta curiosa estrategia de pago selectivo y default selectivo es que se ha cancelado deuda parcialmente, pero no se ha conseguido nuevo crédito, lo que obliga a cancelar al vencimiento, no sólo intereses, sino capital.

Dicho de otra manera: por mantener deudas no negociadas y haber engañado explícitamente, en deuda emitida ajustada por inflación, la Argentina no tiene crédito y sus empresas ven claramente dificultado el acceso al crédito internacional, en un contexto de altísima liquidez y bajas tasas de interés.
El Gobierno podría alegar, y con razón, que, dada la experiencia argentina en materia de deuda y crédito, ha preferido “vivir con lo nuestro y sin crédito”.

Pero si ése era el objetivo no se entiende para qué se salió del default y se canceló deuda por más de US$ 34 mil millones con reservas del Banco Central, es decir, con esfuerzo argentino.
Este esquema nos ha dejado en el peor de los mundos.
Alguien a quien no le importa tener crédito y tiene deudas, no las paga. Ahora, pagar parcialmente, y seguir sin crédito, resulta bastante poco razonable.

Una de dos, o empleábamos esos US$ 34 mil millones de las reservas para invertir localmente, en todo el atraso de infraestructura que tenemos, o usábamos un poco más, para normalizar completamente nuestra relación financiera con el resto del mundo y obtener crédito barato a largo plazo, para todo lo que tenemos que invertir.

Pero, insisto, usar todo ese dinero, que es “ajuste” de los argentinos, para seguir estando en default y sin crédito, no parece haber sido la mejor decisión.

 

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