Publicado en edición impresa de como combatir el miedo al descenso  

Para salir del infierno, Independiente confía en las tácticas de Freud

El plantel trabaja con dos psicólogos desde enero para controlar la ansiedad. Charlas grupales e individuales, las terapias elegidas.

Reunión. El plantel, en una charla colectiva. Sucede casi a diario. |

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Julián Velázquez está ansioso. Es defensor, tiene 22 años y enfrente está el último campeón del fútbol argentino. Vélez es la bomba de tiempo que puede explotar en los pies de Velázquez. El defensor está nervioso. Alrededor suyo están los miles de hinchas de Independiente con caras de espanto, quizás su familia y también lo intangible: el descenso. Cuando Vélez ataca, la sensación de la muerte y el descenso son la misma cosa. Velázquez no soporta la carga, la mucha carga. Y puede jugar nada más que 21 minutos; menos de un cuarto del partido. Veintiún minutos es casi la nada. Sólo un instante, una fugacidad dentro del semestre en el que el Diablo, por primera vez, jugará en el infierno. Independiente está al borde del abismo, con el síndrome River apretándole los tobillos; el promedio le devuelve la noticia de que se encuentra en zona de descenso.

Entonces en la última fecha disputada hasta acá del torneo Final a Velázquez lo echan. O se hace echar. No aguanta la asfixia de una posible derrota y la ansiedad lo condena a la doble amarilla; antes de que el partido se ponga intenso, Velázquez acumula méritos para no seguir. Gallego, que hace gestos, que está nervioso, lo entiende. Y lo abraza. El técnico es como un papá del joven de 22 años. El padre de la criatura (de este Independiente que juega con la espada encima), como Velázquez, va al psicólogo. No es una excepción. Desde enero, todo el plantel apoya la cabeza en el diván. La dirigencia decidió contratar a Marcelo Roffé y Alfredo Fenili para que ayuden a los jugadores; para que Independiente esté bien de la cabeza.  

Velázquez, al que Gallego entendió tras la expulsión contra Vélez, se confiesa:
—No sé manejar la ansiedad.

El defensor no se preocupa. Dice que ya lo va a resolver en terapia.

Jugar con el inconsciente. Independiente nunca descendió. Como Boca, no tiene manchas en ese rubro: siempre jugó en Primera A. La inminencia de una situación atípica lo descubre al Rojo en alerta; atento a que no le suceda lo de River. Y como la táctica no funcionaba, los dirigentes apelaron a otros recursos. La psicología le disputa la pelota al pizarrón de Gallego.  

Las charlas de Roffé y Fenili con los jugadores son individuales y grupales; se apunta a la motivación y a la integración. Si bien no hay internas, el plantel está compuesto por cuatro grupos, de acuerdo con edades y afinidad de los futbolistas. Los psicólogos trabajan para que el plantel absorba las presiones de tal modo que pueda elevar el nivel de juego.

A pedido de Roffé y Fenili, el capitán de Independiente, Daniel Montenegro, no inicia la arenga en la manga, sino dentro de la cancha. Quieren que esa sensación esté viva, lo más cercana posible al comienzo del partido.  

Los jugadores dicen sentirse más seguros. Por ahora, una traducción lineal en resultados no permite sacar conclusiones respecto de la evolución en ese terreno. Desde que Freud y el Diablo juegan juntos, Independiente atrevesó todos los estadíos: empató (Tigre), perdió (Newell’s) y ganó (Vélez). En el club están conformes más allá de las estadísticas. Los futbolistas, dicen, ganaron serenidad. En efecto, le piden al entrenador que baje los decibeles; que no los vuelva locos.

Saludar al Jefe. El modelo River avivó fantasmas; de ahí para abajo, cualquier eventualidad puede suceder. Independiente decidió tomar nota para que no se repita lo que antes del 26-J resultaba improbable. Los dirigentes quieren un equipo sano de la cabeza a los pies y respetar una regla de oro: no romper relaciones con Julio Grondona. Uno de los puntos de inflexión en River fue el post Superclásico (Boca 2 - River 0), cuando Daniel Passarella fue a patalear a la AFA y a exigir la renuncia de su presidente. Nadie podrá señalar que River se fue al descenso por ese episodio. Sin embargo, en Independiente no piensan ser políticamente incorrectos. Javier Cantero mantiene buena relación con Grondona, a quien frecuenta y hasta le pide consejos. 

“Mi relación con Grondona es inmejorable”, sostuvo el presidente del Rojo a finales de diciembre. La frase no fue casual. Marca el pulso de una estrategia cuidadosa por parte de Cantero; pretende que la casa esté en orden. Incluso defendió al hombre más poderoso de AFA de acusaciones disparadas por el ex presidente de Independiente Andrés Ducatenzeiler. Y dijo: “Yo estoy bajo el ala de Grondona”.

A un día del clásico de Avellaneda, el Rojo goza de buena salud. Y por las dudas, mantiene relaciones que no le resulten peligrosas.

 

Un pastor para reforzar la pista esotérica

Independiente agota los recursos: Tolo Gallego es la táctica, Roffé-Fenili, la psicología, y de las cuestiones esotéricas se encarga Juan Bosso, un pastor con pasado en otros clubes: sus servicios fueron requeridos por Argentinos Juniors, Boca y, recientemente, Huracán.

Pero el factor Bosso no es visto con demasiado agrado por Gallego y los jugadores. Al pastor lo acercó al club un dirigente de segunda línea, aunque a él le gusta decir que fue Cantero quien le abrió las puertas: “El presidente me preguntó si podía hacer algo para cambiar el rumbo del Rojo, me pidió que saque al Rojo de esta situación y voy a hacerlo”, le contó a Olé antes del arranque del torneo Final.

Bosso sabe que Gallego no respeta su trabajo. Disputados los primeros partidos, el pastor lo cruzó: “Hace 16 fechas que está él, y hace dos fechas que estoy yo, la culpa no es mía”, comparó en Radio 9. En el mismo programa Cien por ciento Independiente, opinó: “Yo que lo miro de afuera y no soy hincha de este cuadro puedo verlo de una forma objetiva. Este hombre mete presión al equipo y los jugadores están atados”.

No es parte del plan oficial para rescatar al Rojo del descenso, pero Bosso se filtra en la geografía de un club que lucha por su salvación. Que se analiza, que mira videos de rivales y que, de paso, permite el agua bendita.

Bosso va al club una vez por semana. No habla con Gallego ni con los jugadores. Reza para que Independiente no descienda; le pide a Dios por el Diablo.

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