Publicado en edición impresa de el hijo del dt de boca  

Mauro, el Bianchi que no genera amor sino dudas

Está vinculado a las llegadas de Claudio Pérez y Ribair Rodríguez, y es representante de tres juveniles que su papá hizo debutar. El difuso límite entre los negocios y la ética.

Pasado. Desde 2007 maneja Trade Fútbol SA. Antes estaba en la construcción y tuvo un restaurante. |

El japonés Naohiro Takahara hizo un solo gol en el fútbol argentino. El delantero que Mauricio Macri llevó a Boca con la expectativa marketinera de abrir un mercado se esfumó en el olvido; incluso ese día del 6 a 1 a Lanús, en el que convirtió su solitaria conquista. El 23 de septiembre de 2001 quedó grabado en la historia del club xeneize como la vez del desplante. Carlos Bianchi había decidido poner fin a su primer ciclo en Boca, y Macri pretendió que diera explicaciones en la conferencia de prensa pos partido. “De mi contrato no voy a hablar”, había dicho el Virrey. Macri, que por entonces era presidente del club y lucía bigotes y todavía no había tenido cortocircuitos con el entrenador, interrumpió y exigió lo que Bianchi desoyó. El técnico más exitoso de Boca se levantó y ensayó un “chau, felicidades”.

En esa época, Mauro Bianchi, su hijo, trabajaba como asesor financiero en Socma Americana SA, empresa presidida por Orlando Salvestrini, ex tesorero de Boca, cuyo vice era Franco Macri, padre de Mauricio. Mauro había ingresado a la entidad macrista en enero de 1999 y fue despedido en septiembre de 2001.

Consultado sobre si su ida de Boca estaba vinculada con el telegrama que el grupo Socma le envió a su hijo, Bianchi  fue contundente: “No, no puedo calcar mi carrera sobre el trabajo de mi hijo. Eso sería confundirme y yo soy claro en mis acciones, no mezclo los tantos, mi hijo tiene su vida, mañana irá a otra sociedad”. Entonces la pregunta fue al revés; si Mauro había sido despedido porque los dirigentes se enteraron que él no seguiría después del 31 de diciembre. También negó esa hipótesis: “No, porque no es la única persona del grupo que fue despedida. Si fuera la única, se podría pensar eso, pero no hay que mezclar los porotos. Socma lo dirige Franco Macri”. En este caso, también se hablaba de padre e hijo.

División familiar. Para Carlos Bianchi es el lateral izquierdo titular; le transmite confianza. Para Mauro, es el que lo estafó. Clemente Rodríguez recibe órdenes tácticas del entrenador y cartas documento de su ex representante. El caso es testigo de que cada cual atiende su juego. Quienes defienden la tarea de Mauro señalan que si Bianchi no se deja influenciar por motivos exógenos a la cancha, la convivencia con el trabajo de su hijo es posible. Mauro le reclama a Rodríguez 60 mil dólares; un dinero que el representante le prestó al jugador y que nunca le devolvió, además de una comisión por el pase de Estudiantes a Boca. La causa que se inició hace un año y medio en Capital Federal ahora derivó en el Juzgado de Garantías N° 2 de La Plata. Clemente, en tanto, jugó desde el arranque los cinco partidos oficiales de la actual era Bianchi. Todavía está en deuda.

Sin embargo, los dedos acusadores sobrevuelan el mundo Boca; la relación Bianchi-DT/Bianchi-representante despierta suspicacias. En el pase de Chiqui Pérez se encendieron las alarmas. El ex defensor de Belgrano es representado por Julio Tymczysyn. ¿En qué lugar del tablero encaja la pieza Mauro? Cuando se tachó de la lista al central paraguayo Paulo Da Silva, del Pachuca, y al defensor Leonardo Sigali, también representado por Tymczysyn, a Mauro le sonó el teléfono: “Preguntale a tu viejo si le interesa el Chiqui”. El hijo del técnico, devenido intermediario, fue la llave de la operación.

Más tarde, Ribair Rodríguez aterrizó en Boca a préstamo. El uruguayo del Siena le ganó la pulseada a Fernando Gago, quien después de ver cerrada la puerta de Boca negoció con Vélez. Rodríguez –que no es Clemente ni tiene deudas con Mauro– llegó a Boca de la mano de un representante que a esta altura de la nota suena conocido: Tymczysyn.

Pegados.
Dino Castagno, 19 años, debutó en el verano, en la derrota de Boca ante Racing 2 a 1; fue titular. Federico Bravo, 19 años, debutó en el verano en la victoria de Boca sobre Independiente 3 a 0; jugó los últimos ocho minutos. Nahuel Zárate, 20 años, debutó en el superclásico que Boca ganó por penales; entró a falta de seis minutos. Castagno, Bravo y Zárate tienen en común ser, todavía, jugadores amateurs. Y también contar con el mismo representante: Mauro Bianchi.

En su lista de jugadores, hay varios de las inferiores de Boca. Al que ya no representa el hijo del entrenador es a Pol Fernández, el chico que creció.

Casualidades o no, el vínculo estrecho y la repetición de apellido a veces confunden la escena. Desde 2007, Mauro trabaja para Boca. En esa época, su padre no era parte del club; sí de su historia. El primer contacto de Mauro con el xeneize fue vía Pedro Pompilio, quien le había pedido que hiciera las gestiones para acercar a Lucas Castromán. Cuando el Virrey era mánager de Boca, Mauro logró transferir a Matías Giménez, proveniente de Tigre. Dos años después de aquel pase, el zurdo volante ya no es de la A: juega en la B Nacional, en Huracán.

Del entorno de la familia Bianchi señalan a Mauro como el protegido de su madre, Margarita. Carlos se identifica más con Brenda, su hija. Al representante, de 40 años, no le gusta la etiqueta ser “el hijo de...”. Busca, a su modo, la carrera propia. Con una contradicción: Boca y su padre están cerca. Demasiado cerca.

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