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Causando el pasado

Esta victoria aumenta exponencialmente la responsabilidad de Cambiemos.

El peronismo se enfrenta a un replanteo tan profundo como el que vivió en 1985 con la victoria del alfonsinismo.
El peronismo se enfrenta a un replanteo tan profundo como el que vivió en 1985 con la victoria del alfonsinismo. Foto:Cedoc Perfil

La causación invertida en la línea del tiempo es difícil de concebir en física, metafísica o teología. Menos lo es en historia, pero resulta claramente factible en política. Al menos en el orden de las significaciones, una elección de medio término, especialmente en Argentina y con un gobierno encabezado por una fuerza política nueva, surgida de una alianza electoral, la resignificación de los hechos del pasado reciente es algo más que razonable, es casi una necesidad. Así, lo primero que cabe destacar es que el triunfo de Cambiemos en las elecciones presidenciales y en las de la provincia de Buenos Aires de 2015, con esta ratificación del oficialismo en el 2017 cobran nuevos sentidos. El primero de ellos, es que al cabo de dos años, la ciudadanía ha reafirmado una nueva apuesta política en la Argentina, dejando al peronismo, la fuerza hasta ahora dominante, en una situación de obligado replanteo, quizá parangonable al que sufriera en el año 1985, con el triunfo legislativo de la UCR durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Este primer sentido alcanza su mayor expresión en los resultados en las provincias de Salta y Buenos Aires. Derivada de esta significación, se acentúa la dificultad del llamado kirchnerismo o cristinismo para proyectarse hacia el futuro,  dentro y fuera del peronismo, aun conservando una representatividad considerable, que podría ser base para un renacimiento, si mediaran enormes transformaciones, o un camino seguro hacia su devenir en un espacio político minoritario.

En segundo lugar, también resultan reinterpretables las PASO, que ya se avizoraban muy lejos de cumplir la función para la cual, al menos en teoría, fueron concebidas. En efecto, las de agosto próximo pasado fungieron, no para seleccionar candidatos en el interior de las fuerzas políticas en competencia, sino más bien como un espejo en el cual la ciudadanía pudo ver reflejado el estado de cosas de la política argentina, de modo que, a partir de esa instantánea, nuevas decisiones se hicieron posibles. En este sentido, la incipiente ratificación que ya entonces había logrado la gestión de Cambiemos, se ha incrementado notoriamente, permitiendo dar vuelta el resultado en Salta y en Buenos Aires, Chaco y quizá La Rioja, ratificar el notable triunfo jujeño e incluso el de Santa Cruz, por mencionar sólo algunos de los hitos de esta elección.

En tercer lugar, si analizamos la elección comparativamente con las presidenciales del año 2011 y, más hacia atrás, con legislativas y presidenciales en la mayoría de los casos desde el retorno de la democracia en 1983, se aprecia que el comportamiento electoral es en principio conservador, si no en términos ideológicos, al menos en términos del equilibrio del sistema. Es como si en Argentina los cambios, por debajo de una aparente volatilidad de la voluntad colectiva, fueran necesariamente lentos, como si la fragilidad del sistema y la fragmentación de los partidos políticos, llevara a la sociedad a mantenerse en su primera apuesta de cambio, una vez que lo ha conseguido.

Por otro lado, si interpretamos los resultados ya no hacia el pasado sino hacia el presente y el futuro, la responsabilidad de Cambiemos de cara a las expectativas y necesidades de la sociedad han aumentado tan notoriamente como su triunfo a nivel nacional.

Y es en este plano donde aparecen los mayores interrogantes: ¿qué habrá que esperar de ahora en más en materia de políticas económicas y sociales? ¿Cómo incidirá el resultado en las posibilidades de acuerdos en el ámbito parlamentario?

Finalmente, los intentos de construir terceras fuerzas siguen fracasando en Argentina, o al menos no logran afianzarse. Desde esta perspectiva, así como la encabezada por Massa quizá no tenga otro destino que reinsertarse en el peronismo, el sector de la UCR crítico del gobierno,  tendrá que definir su papel en relación a Cambiemos. Es un tiempo de transición que debiera conducirnos a una reconstrucción más estable y sustantiva de las identidades políticas, en una orientación civilizatoria ciertamente poco propicia para ello.

(*) Ex senador, filósofo.