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Empieza el unicato de Macri

Lo que deja y lo que implica hacia adelante el resultado electoral de las PASO. Factor nacional y el eje bonaerense.

Mauricio Macri en el bunker de Cambiemos
Mauricio Macri en el bunker de Cambiemos Foto:Dyn

Si había una hilera de militantes oficialistas dispuestos a correrlo a patadas hasta Quito, cuando lo vieron entrar primero al bunker de Cambiemos, casi levantando la cortina, reflexionaron sobre la decisión. Más de uno, pensó: “A ver si tenemos que reverenciarlo”. Como finalmente ocurrió, a medida que se iban conociendo los cómputos de ayer, cuando la fuerza política de Mauricio Macri le produjo la mayor tunda electoral que se recuerda al peronismo bajo todas sus formas y pieles. 

Una marejada de orden nacional, inédita, poco esperable. Y cuyo autor intelectual, sin duda, fue Jaime Duran Barba, el asesor ecuatoriano al que deseaban ejecutar, cantor previo de los resultados pero negándose a entregar sus encuestas (al revés de los otros profesionales de la actividad), ciego optimista en sus cálculos y seguramente afectado por cierta nostalgia: alguna vez fue devoto de la saga de Juan Perón, en Mendoza, y nunca dejó de reconocer a Cristina de Kirchner como un cuadro insuperable de la política. 

Justo a ella le tocó fulminarla, en vivo y en directo, con un team mediocre que encabezaba el rancio Esteban Bullrich (¿habrá percibido Cristina que perdió con un Bullrich Ocampo Alvear?) más la verduga teledirigida María Eugenia Vidal, tal vez la más brillante creación política del ecuatoriano consejero desde que la condujera sin interferencias como candidata a gobernadora en la provincia de Buenos Aires.

Tanto ella como el propio Macri, en los dos programas que América TV le dedicó solo a ambos antes de la veda, complacieron lo que Duran Barba incita y promueve: importan más las emociones que las ideas, de ahí la prioridad por una pizca de lágrimas o una sulfurosa indignación si se sienten agredidos. Tamaña devaluación, por más antecedentes de otras tierras que se mencionen, no se sabe si alude al comportamiento de los pueblos o a la penetración que al atraso promueven sus dirigentes.

Anécdotas aparte, lo cierto es que anoche se formalizó otro proyecto: la creación de un partido único y nacional, el PRO (los radicales de Cambiemos en desbande, menos útiles que Solano Lima u Hortensio Quijano con Perón, y Carrió como libre franquicia exitosa solo en Capital), la tentación hegemónica o, lo que el vulgo empresario podrá confirmar: la posición dominante dentro del mercado que es, finalmente, lo que desde ayer empezó a capturar el Presidente. Le arrebató, claro, el título a un partido que se deleitó durante 70 años de ese cuasimonopolio bajo el pretexto de que “poder que no abusa, no es poder”. 

Habrá que ver, sin embargo, lo que dura esta experiencia Macri, ya que las PASO de la víspera han otorgado un poder mas virtual que efectivo, finalmente los comicios decisivos serán el 22 de octubre. Aunque Duran Barba seguramente prefiere ese territorio abstracto por encima del físico. Aunque no sean ilevantables los números en ciertos lugares del país, a menos de dos años en el gobierno, el mandatario se garantiza un deseado curso hacia el 2019, rodeado por un influyente y ambicioso terceto (Peña, Rodríguez Larreta, Vidal), considerando ya la postulación para hacerse reelegir en el 2019, lo que germina en su cabeza hace tiempo y alimenta de sobra su círculo de colaboradores. Justo ocurre cuando horas atrás muchos consideraban la posibilidad de que llegaría a esa fecha derrengado y escuálido. 

Aterriza sin enemigos o contrincantes de fuste hasta esa fecha, a menos que alguno considere al salteño gobernador Urtubey (uno de los pocos que se salvó de la debacle) como un peso mosca que puede competir en semipesados, o que Carlos Menem, otro que pasó la prueba del fuego, dispone de un tónico que le obsequiaran otros cien años de vida.

El réquiem al peronismo y a su desvío mayor, el cristinismo, dependerá de la vigencia que Macri le pueda inyectar al resultado de ayer. Solo así el PRO será un reemplazo. En apariencia, ni le compiten: no queda margen para constituir un frente opositor, una liga de gobernadores como Schiaretti & cia pretendían antes del comicio, de sesgo peronista por supuesto. Más bien andan sueltos legisladores capaces de reinventarse y naturalmente negociar, tarea que promete urdir desde el oficialismo Ernesto Sanz. Cuesta creerle, ya que el propio Mauricio se oponía a esas componendas, inclusive con quien había sido su mayor aliado al principio de la gestión, Sergio Massa, al que comenzó a odiar como el peor calabrés como si lo hubiera sorprendido con la esposa. 

Fue rara esa estrategia aislacionista en alguien que, como alcalde, casi no tuvo problemas con los maestros, los médicos, ni la basura, paz que no logró solo con persuasión. Si hasta alguna vez, habrá que recordar, hasta casi se animó a convencer a Cristina y le regaló un bandoneón de juguete. Tal vez fueron esas decepciones lo que forjaron su negativa a albergar intendentes del Conurbano, a darles una lista ganadora, repudiando inclusive la forma en que Néstor Kirchner y esposa domesticaron la provincia de Buenos Aires, ofreciendo y dando planeas y plata, en un inicio, tanto a un propio como Julio Pereyra (Florencio Varela) como a un sospechado de adversario como Gustavo Posse (San Isidro). No importaban las distinciones, les interesaba la conservación. ¡Eran tan ecológicos los Kirchner! Así Cristina llegó a la Presidencia, gracias a la generosidad de Julio de Vido, el intermediario de las entregas para formalizar las obras. Y Macri, al revés, intransigente, cuestionó ese toma y daca, seguramente aconsejado y como si acabara de salir del ateneo de las esclavas y no del Correo Argentino. Rara actitud: siempre se supone que es acordar para ganar es más barato, lógico y razonable, que pactar para gobernar. Procedió al revés, no le fue mal. 

En el PRO invirtieron las prioridades, se privilegió (casi como una negación de la política) la ruptura con los barones del Conurbano, los mal llamados “porongas” como han demostrado ciertos videos, y ahora comienza, como en toda nueva era, un operativo red para capturar cientos de peces peronistas sin rumbo. Eso sí, desde la altura, no nadando con los comunes. Muchos ya tenían destino dialoguista determinado, pero se lo impedían dos fantasmas. Primero, la cerrazón de Cristina, esa metálica vocación para no negociar ni la entrega del bastón que parecía hacerla fuerte desde la intolerancia. Y segundo, un espíritu de hierro semejante que anida en Macri y su cercanía por la urticaria que les produce el olor a peronismo. Para redondear, una víctima ahora a recuperar: Miguel Picheto. Nadie sabrá en cambio el destino de quien, en el oficialismo, mas porfiaba por ese entendimiento: Emilio Monzó (al que acompañaron, por momentos, Rogelio Frigerio y la misma Vidal). 

Festeja Macri, empieza su unicato (aunque falta para la primera final del 22 de octubre y siempre hay sorpresas en la política), mas celebra su silencioso adherente, el Grupo Clarín, quizás su mayor sostén, curiosamente el medio que inundó la historia argentina con la conveniencia de que el peronismo, bajo cualquier pelaje, siempre se volvía imprescindible porque era más argentino que el dulce de leche. Hasta ayer, tal vez.