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¿Fin del kirchnerismo? A quién le importa

Las elecciones dejaron un nuevo paradigma político. Cambiemos ya no tiene excusas, ahora debe dejar de gobernar mirando al pasado.

Festejo de Mauricio Macri en el Bunker de Cambiemos
Festejo de Mauricio Macri en el Bunker de Cambiemos Foto:Agencia DYN

Hay una pregunta que empieza a replicar en la cabeza de muchos ahora: ¿El kirchnerismo ya fue? El Gobierno tiene la oportunidad, con los votos todavía calientes, de responder fortalecido, prepotente, y decir: ¿A quién le importa? Hoy Cambiemos generó un cambio de paradigma, se recibió de oficialismo.

Los últimos dos años Mauricio Macri se pasó intentando ser la otra cara de la moneda de Cristina Kirchner. Esta elección, si la sabe interpretar, le debería servir para dejar de hablar de la herencia recibida. Es una responsabilidad que tiene ahora el Presidente, para que el pasado deje de ser la vara para medir su gestión.

En este nuevo paradigma, Cambiemos logró ganar en trece provincias y terminar contando voto a voto en otras tres. Significa que hay dos tercios de los distritos en los que apareció una fuerza política que viene a cambiar considerablemente de color el mapa político nacional.

Hoy predomina el amarillo. Con epicentro en el centro del país, fortaleza electoral de Cambiemos, pero ahora también le sumó triunfos en el norte y en el sur. Con sorpresas como Salta y La Rioja, bastiones del peronismo. Y si fuera poco, ratificó en las urnas el nuevo poder político que emergió en la provincia de Buenos Aires de la mano de María Eugenia Vidal y ganándole por cuatro puntos a Cristina Kirchner.

Otro dato: superó el 40% de los votos en todo el país. No es un número más, representa una barrera clave para pensar que hoy podría ganar una elección presidencial sin pasar por el ballottage. Y hoy se llegó a ese número en una elección legislativa, donde los antecedentes muestran que el voto siempre queda más atomizado y los oficialismo no logran repetir los guarismos de las elecciones presidenciales.

Macri y Cambiemos ya no tienen excusas. Ganaron una elección en la que la economía quedó en un segundo plano. Los incipientes brotes verdes le dieron impulso al triunfo, pero el verdadero factor de desequilibrio fue político: la polarización. A partir de ahora, necesitan demostrar que el cambio, que hoy se consolidó políticamente se puede traducir también en una consolidación económica.

Y hoy los cráneos de la comunicación del oficialismo ya tienen un nuevo desafío: empezar a pensar en cambiarle el nombre a Cambiemos. Porque en 2019, el nuevo paradigma los obligará a dejar de pensar en la clave del pasado.