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Las vacaciones motoqueras del embajador estadounidense y los nuevos custodios de Carrió

Además, en El Espía de esta semana, el regreso del fútbol a la quinta de Olivos y el romance Ottavis – Xipolitakis.

Foto:Cedoc

Una tradición sin grieta: volvió el fútbol a Olivos. Algunos lo tomaron como un regalo de Reyes anticipado, o internamente lo vivieron como tal. Para otros es quizá la manera de continuar ocupando los espacios que la suma del poder logrado proporciona. No puede decirse que la residencia de Olivos es un bastión ya que es el espacio físico que por ley le corresponde a quien ocupe el sillón de Rivadavia, pero así como Antonia Macri estrenó la piscina de la quinta una tarde de calor en los días posteriores a la asunción, la “canchita de fútbol” es un espacio que en cada presidencia define cuán cerca del círculo presidencial se está. Durante el menemismo, por allí pasaron empresarios, jugadores, personajes del espectáculo y, por supuesto, políticos. En la etapa de la Alianza, por su duración efímera, mucha menos gente. Recién en el kirchnerismo ese espacio verde cobró vida nuevamente, hasta que la rutina que reunía a funcionarios con integrantes de la incipiente La Cámpora se cortó con la muerte de Néstor Kirchner. Y el pasado martes 5 de enero, ese espacio volvió a ocuparse con integrantes de la nueva gestión, vestidos de Boca y de River. Había entusiasmo y excitación, por lo que trascendió y según lo corroboran los rostros de los que aparecen en las fotos que ilustran el destacado de esta página. Hubo otros “jugadores” que no posaron para la “foto oficial”, que igualmente pisaron el campo de juego aunque sea para contarlo como anécdota. Mauricio Macri tuvo una dolencia en el pecho y no jugó; de hecho, al día siguiente se sometió a un chequeo médico en la Fundación Favaloro. Hubo otros que casi terminan en ese centro médico, porque el oxígeno les resultó escaso: Jorge Grecco, secretario de Comunicación Pública, y Rogelio Frigerio, ministro del Interior, fueron dos de ellos. El resto demostró algún entrenamiento, rendimiento, voluntad y, todos, ganas de ganar. Marcos Peña pudo haber recibido el premio Chamigo por su desempeño en el campo de juego, que incluyó un gol con la casaca xeneize. Pero en el equipo rival Diego Santilli no le fue en zaga, al ser el encargado de salvar el honor convirtiendo el gol minutos antes de terminar el partido. En este último equipo hubo dos integrantes que por su actitud no parecen haber sentido la camiseta de igual forma, ya que decidieron usarla al revés. Uno de esos “arrepentidos” fue el secretario del Interior, Sebastián García de Luca, declarado hincha fanático de San Lorenzo. Así, con un empate 1 a 1, se inauguró oficialmente la temporada futbolera en Olivos. Un detalle: se espera que la publicitada política de puertas abiertas a los medios, explicitada justamente en dicha residencia el día de la reunión con todos los gobernadores, comprenda también estas actividades recreativas que, otrora, el PRO solía hacer en una discreta canchita de Barrio Parque, donde los medios estaban vetados.

Subite a mi moto. Los embajadores que Estados Unidos envía desde la etapa democrática que inauguró Raúl Alfonsín parecen turnarse para pasar argenleaks de un perfil discreto a uno de nivel de exposición media o a otro de alta visibilidad mediática. Noah Mamet se ubica en esta última categoría. Una que con estilos diferentes ocuparon, por ejemplo, James Cheek y Anthony Wayne. A poco de su llegada ya se hizo de amistades que lo ubicaron en ámbitos allende lo estrictamente protocolar. Y él mismo se encarga de publicar fotos más personales de sus viajes por las distintas provincias. Así es que ahora se lo ve recorriendo la Patagonia, en lo que él llama otro ejemplo del fortalecimiento de la relación argentino-norteamericana, que esta vez se da por conformar un equipo binacional a bordo de respectivas Harley Davidson. Un marca con estilo californiano por excelencia: Ridley Scott lo expresó en Easy Rider.

Carrió y su sequito. ¿Será porque teme que Ricardo Echegaray le haga un escrache por la posición que ella tiene en contra de que asuma en la Auditoría General de la Nación? ¿O quizá su mentalidad apocalíptica la había llevado a ubicarse como blanco de los tres condenados por el triple crimen mientras estaban prófugos? Cualquiera haya sido la razón, el miércoles de la semana pasada algunos ocasionales peatones de la calle Vicente López –en Recoleta– se sorprendieron al ver a Elisa Carrió bajar de un auto de alta gama con chofer, un segundo hombre de traje, un asistente y dos custodios que se quedaron apostados en la puerta del Instituto Hannah Arendt, al que Carrió ingresó vestida de blanco.

Peronismo y corazón. Entre todos los matices que ofrece el peronismo en sus respectivas versiones, también puede incluirse un “trazado evolutivo” donde política, corazón y show business dibujan una curva no siempre lineal. El punto de partida es, obviamente, la pareja fundacional Perón y Evita, luego Perón e Isabel, y por orden de formación le siguen Scioli y Rabolini, Menem y Bolocco, Insaurralde y Cirio, y esta semana, en un momento tan oportuno políticamente para el kirchnerismo bonaerense, Victoria Xipolitakis primició su propio romance con José Ottavis. El presidente del bloque del FpV bonaerense fue al estreno de la obra de la griega en Mar del Plata y luego cenaron juntos, pero, consultado en radio Del Plata por un periodista demasiado cuidadoso, recurrió al cliché de: “No hablo de mi vida personal”(...) Ni desmiento ni confirmo. Te confirmo mi romance con La Cámpora...”. Bla... bla... bla...



Redacción de Perfil.com