ELESPIA

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Asignatura pendiente de los funcionarios: El ocio sin culpa. Algunas cosas demoran en cambiar o quizá no lo hagan nunca. La política argentina pasó de transformar los momentos de ocio –vacaciones o feriados extendidos– en una actividad “prensable”, es decir, habilitar fotos en la playa o la montaña para tener presencia mediática, a blindarse porque estar haciendo nada podría no ser una buena imagen. Eso sí, en caso de exhibirse, sólo en territorio nacional está permitido, y en caso de que sea en el exterior, tiene que ser en el marco de un viaje de trabajo o invitación para alguna actividad semilaboral. Nada puede afectar más a un político –y a un gremialista todavía más aunque termine no importándole –que estar al sol en una playa extranjera o haciendo shopping. Por eso, ubicar dónde estuvieron algunos de los actuales funcionarios el pasado fin de semana largo resultó más dificíl que justificar la “bula” presidencial con la que Laura Alonso accedió a la titularidad de la Oficina Anticorrupción sin estar legalmente habilitada. También los hubo abiertos, como Rogelio Frigerio, que confirmó que hizo playa con esposa y sus dos hijos en Cariló. Juan Curutchet, por su parte, no se movió de su casaquinta de Hurlingham en plan pileta, familia y sí, asados. Otro que eligió quinta pero en Pilar fue Guillermo Dietrich, aunque los deditos sobre el celular para whatsappear a gente de su equipo a veces estaban activos por demás para un feriado de cuatro días. Plan estrictamente porteño les tocó a Marcos Peña y su familia. Esteban Bullrich viajó a Junín para visitar a su familia política y cumplió con una tradición festiva, participar –como espectador, por supuesto– del Carnaval de Lincoln.


La favorita. El vicegobernador de Corrientes, Gustavo Canteros, aprovechó también el feriado largo para invitar a doce embajadores a su provincia para así palpitar en primera línea el famoso Carvanal correntino. Más allá de la fiesta, los ojos del anfitrión estaban pendientes del paso de su sensual novia, que desfiló en un lugar destacado en una comparsa.

 

Antiácido. Elisa Carrió no tuvo problemas en correr el “límite moral” que en su momento fue Macri con tal de que el kirchnerismo quedara fuera del poder. El macrismo le dio su espacio y aprovechó ese estilo petardista para beneficio propio. Parece que en breve, la chaqueña, ingestión de antiácido mediante, tendrá nuevamente que ampliar esa frontera moral para aceptar a Sergio Massa, de quien, entre otras cosas, dijo que “miente más y mejor que Cristina”. Macri no sólo paseó al tigrense por Davos y Jujuy, sino que es quien se perfila como el hombre que el oficialismo quiere para, llegado el momento oportuno, reemplazar a María Eugenia Vidal en territorio bonaerense.


Oídos de acero. Es probable que a familiares de Diego Bossio les duelan las orejas después de cómo se deben haber acordade de ellos varios miles de kirchneristas por la decisión que tomó el ex titular de la Anses para fracturar el bloque del FpV. Pero es seguro que ninguno de ellos tuvo que poner tan a prueba su templanza y el oído a disposición sin sulfurarse como Sandra, su secretaria privada. Ella en persona atendía los mensajes   que llegaban a la oficina de Bossio en una variedad de tonos pocas veces escuchó y con un consulta recurrente: cuándo iba a renunciar a la banca.


Confusión. Al final, el jugador Daniel Osvaldo lo tomó con humor pero primero miró torcido cuando lo hicieron levantar del asiento que ocupó en el vip del primer recital de los Stones. La ubicación tenía esos dos nombres pero era por Scioli, quien también se llama Daniel Osvaldo.



Redacción de Perfil.com