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Funcionarios PRO y las excusas: un item que los complica. En una semana el Gobierno cumple sus primeros cien días, fecha que siempre da motivos para un primer balance. La economía, la negociación con los fondos buitre, la relación con el mundo y la reunión con el Papa seguramente estarán entre los puntos principales. Y quizá ante tamaños ítems “las excusas” no figuren siquiera como anécdotas.  Con la euforia inicial por “el cambio”, Hernán Lombardi corrió con ventaja cuando dio sus razones, argumentos y excusas por los despidos y para librarse de ese grano televisivo que parece que era 6,7,8. Ahora, nadie de su área puede aún responder qué sueldo percibirá como funcionaria de su cartera Carla Piccolomini, esposa del ministro de Modernización, Andrés Ibarra, quien sí defendió esa designación bajo el argumento/excusa de que ella estaba en la función pública incluso desde antes que él. Peor le fue a Gabriela Michetti, quien perdió la paciencia para justificar el ascenso de su prima María Alejandra Illia en el Senado y de un tirón dijo que Illia hacía el trabajo de dos personas y que ella –la propia Michetti– cuidaba como nadie los gastos que le ocasionaba al Estado, al punto que viaja en clase turista cuando toma un vuelo y que siempre la aplauden al verla ocupar un asiento allí. Pero esta semana les tocó debutar en estas lides a Guillermo Dietrich y a Laura Alonso: al primero, por un vuelo en el helicóptero presidencial que lo depositó en su country; a la segunda, por la frase con que justificó el giro extremo de una opinión y acusación dada durante el gobierno K a hoy: “Cambié mi posición porque antes no tenía información”. Parece que los profesionales de media training para funcionarios tendrán en breve mucho trabajo por delante.


Un puestito para... La fidelidad sostenida durante tanto tiempo le valió un reconocimiento al chofer que Carlos Melconian tenía desde antes de asumir la presidencia en el Banco Nación. El hombre ha dejado el volante para asumir un cargo que su jefe le ofreció no en la consultora, sino en el propio banco.

 

Seis décadas. Desde Mendoza, mientras disfrutaba de la Fiesta de la Vendimia, José Luis Manzano ultimó los detalles de la fiesta por sus 60 años que finalmente hizo el miércoles pasado en Buenos  Aires. Para eso dispuso de 12 asistentes quienes se encargaron de transformar junto con Bárbara Diez lo que sería un cóctel con livings informales en una cena con ubicación predeterminada para los casi setenta invitados. Incluso modificó el menú que igualmente fue sobrio: picada como entrada y pasta o risotto como plato principal, todo servido con vino de su bodega. Entre los invitados estuvieron Juan Bruchou, Alejandro Macfarlane, Gerardo Werthein –con nuevo look de lentes y peinado–, Sergio Berensztein, Daniel Vila, Carlos y Juan Cruz Avila, los sindicalistas Rodolfo Daer y Oscar Mangone, Mariano Cúneo Libarona, Gabriel Hochbaum y Sebastián Eskenazi, entre otros.


Macri, de boda.
No llegó en  helicóptero ni había un operativo de seguridad adicional organizado en el salón de fiestas La Terraza, en Pilar, porque hasta que llegó, los anfitriones no pensaron que él se hiciera presente. Pero Macri sí lo hizo y junto a Juliana Awada estuvo en la boda del hijo de Leonardo Maffioli, actual presidente de Socma, la empresa emblema de la familia presidencial.  Aunque fueron no más de 40 minutos, caminó por algunas mesas para saludar a otros directivos de la compañía. Las bodas son un tema en la agenda privada presidencial ya que el próximo sábado se casa una de las hijas de su hermano Gianfranco y hay una gran fiesta en otro emprendimiento familiar, el Buenos Aires Golf Club.



Redacción de Perfil.com