ELOBSERVADOR EL CASO DE UN IMPOSTOR

Adrián era Matías, pero nadie le había robado la identidad

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Si bien los hijos de desaparecidos intentan abandonar el rol de víctimas para poder realizar su existencia de un modo más pleno, existen casos en los que la identificación victimizante podría ser un objetivo. Tal es la situación revelada recientemente respecto de Adrián Martínez
Moreira, una persona que decía ser hijo de desaparecidos paraguayos durante la dictadura de Alfredo Stroessner, apropiado por un represor del
Batallón 601 y que había recuperado su identidad luego de que su abuela biológica lo hubiera buscado y encontrado en la década del noventa. Su caso recorrió las páginas de la prensa e incluso la Justicia le otorgó una identidad nueva de acuerdo al relato que había realizado de su propia historia. Sin embargo, todo era falso.
Según un informe del fiscal Pablo Parenti, Adrián Martínez Moreira –tal como lo indica su nuevo documento entregado por el
Estado– en realidad es Matías Ezequiel López, quien sustituyó su identidad al punto de fundar un organismo de derechos humanos (Hijos Paraguay) y convencer a la Justicia de que era hijo de desaparecidos y que tal circunstancia debía ser certificada en un nuevo documento de identidad. Moreira también adujo ser el marido de una víctima de la tragedia de Once. De modo patológico, la realización de una identidad como víctima permitía a esta persona adquirir un rol existencial. Una operación que concluía en el engaño.

D.R.