ELOBSERVADOR SEGUN EL INDICE QUE MIDE LA GESTION DE LOS PAISES Y DEL ESTADO

Argentina, mal a nivel mundial en transformación económica

De acuerdo con un análisis que realiza cada dos años la consultora alemana Bertelsmann y que mide el estado de la democracia y de la economía de mercado en 129 naciones, el país tiene baja nota en el respeto gubernamental a las leyes y en economía. A pesar de la fortaleza institucional, la gobernabilidad es clave.

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Foto:Cedoc

El Indice de Transformación Bertelsmann (BTI, por sus siglas en inglés) mide el estado actual de la democracia y de la economía de mercado en 129 países, cada dos años, y la calidad de gobierno desempeñada por los líderes. Argentina mostró en esta edición mal puntaje en lo relativo al imperio de la ley y en la transformación económica.

El índice comenzó a desarrollarse en los 90, el primero oficial se publicó en 2006, y se repite cada dos años. Hay más de 300 académicos en todo el mundo, alojados en los lugares donde se realiza el índice sobre la base de 49 preguntas que se responden, con varias opciones que suman puntos, que luego son los que se trasladan al índice. “Pero no es sólo un puntaje, sino que cada pregunta provee información sobre la base de las respuestas dadas”, dice Hauke Hartmann,  gerente senior de proyectos de la Fundación Bertelsmann Stiftung, la fundación privada más grande de Alemania que es independiente financieramente, y trabaja en la realización de estrategias de cambio para el desarrollo y la transformación. Hartmann es el responsable del BTI y estuvo en la Argentina invitado por Cadal. Compartió con PERFIL los resultados de este año.

En caída. Año tras año, la Argentina fue restando puntos en el BTI, especialmente en transformación económica, donde pasó del puesto 35 en 2006 al 52 en 2014. El informe sobre Argentina del BTI destaca, por lo negativo con 4 puntos sobre 10, las políticas antiinflacionarias y de tipo de cambio. “El enfoque de los Kirchner para controlar la inflación ha sido apagar incendios con la introducción de políticas ad hoc tales como controles de precios de bienes y servicios básicos, o controles periódicos a las exportaciones en un esfuerzo para estabilizar los precios para las mercancías en el mercado interno. La manipulación de la tasa de inflación oficial por el Indec ha sido un tópico ampliamente discutido y criticado. La subestimación de la tasa oficial demuestra la falta de voluntad de pagar sus deudas, según dicen sus críticos, ya que 41% de la deuda pública tiene los pagos de intereses indexados por el índice oficial de precios al consumidor”.

Otro rasgo negativo, en cuanto a la transformación política más estable a través de los años, pero que cayó del puesto 31 en 2012 al 26 en 2014, es la corrupción, que según el informe, “continúa penetrando las instituciones públicas. El país tiene fuertes regulaciones anticorrupción y dos organizaciones administrativas que trabajan fuera de los auspicios del Ministerio de Justicia, pero esto es compensado por una aplicación desigual y un débil sistema judicial. Las estadísticas del Centro para la Investigación y la Prevención de la Delincuencia Económica han demostrado que, en los últimos 25 años, casos de corrupción han tomado un promedio de 14 años para procesarse. Destacados activistas de la lucha contra la corrupción han acusado a la administración del atascamiento en su agenda de buen gobierno, particularmente al no garantizar el funcionamiento eficaz de los controles administrativos. Los partidos políticos, legisladores, la policía y el sistema judicial son percibidas como las instituciones más corruptas”, detalla el informe.

En cuanto al Indice de Gestión, la performance también ha caído, del puesto 44 en 2006 al 63 en 2014. Y la intensidad de los conflictos es una de las causas. “La división a lo largo de las diferencias sociales o ideológicas fue moderada en los años después de la crisis. Sin embargo, como consecuencia de un descontento generalizado con la mala gestión política, la sociedad y las elites políticas siguen siendo algo polarizadas. El descontento ciudadano, particularmente entre la nueva clase media como parte de la población más afectada por las medidas restrictivas del gobierno y la crisis económica, se ha intensificado desde el comienzo del  segundo mandato de Fernández de Kirchner”.

—En comparación con América Latina, hay una brecha entre Uruguay y Chile arriba, muy por debajo Ecuador y Venezuela y la Argentina está más cerca de estos últimos que de los primeros. ¿Por qué es esto? ¿Cuáles son los motivos principales?
—Hay un par de temas. Uno de los problemas de la Argentina desde que comenzamos a hacer las mediciones es un pobre imperio de las leyes. Cuando se ven las mediciones, los derechos cívicos están bien, la protección de los derechos humanos está bien, pero el sistema judicial no era totalmente independiente en 2006, no dramáticamente pero se puede ver. Es una tendencia negativa que está en muchos lugares en el mundo, como Turquía o Hungría, en donde quienes son elegidos creen que lo fueron para hacer todo lo que quieren.
Enseñar y aprender. ¿Por qué hacer un índice de transformación? “La idea básica es darles a los gobiernos y a la sociedad civil la posibilidad de aprender de los logros y de las fallas. Es una comparación de la gestión del cambio, de cómo los gobiernos dirigen sus países en tiempos difíciles a través de procesos de democratización y de desarrollo económico y social. Y nos gustaría habilitar a los tomadores de decisión política a que tomen parte del proceso de desarrollo internacional para hacerlo mejor. Y es muy transparente, cada pregunta está publicada para quien quiera ver las bases del índice.

—¿Es distinto estar en el país que ver el índice?
—Es muy interesante, porque pone la información de los países que reportamos en perspectiva. A veces son diferentes. Uruguay es el país más democrático, está muy bien gobernado y la sociedad está bien. Pero, por ejemplo, estando allí un periodista me dijo que su visión era diferente y había mucha discusión. Pero en Uruguay, al final del día, la discusión política termina y los oponentes se dan la mano amigablemente. En la Argentina, muchos políticos ni se sientan en la misma mesa. Hay una diferencia de percepción si se escribe como un analista o si la vive el ciudadano. Estar en el lugar es parte del valioso proceso de aprendizaje. Me gusta ver el proceso de cambio. Y se gana mucho en la discusión con la gente.

Incidencia real. El trabajo de Bertelsmann abarca una visión globalizada que muchos gobiernos tienen en cuenta, según especifica Hartmann.
—Los conflictos sociales en Chile y Brasil, y en Siria y Egipto, ustedes los destacan como alertas. En Argentina, las protestas sociales son cosa de todos los días. ¿Qué pasa con los gobiernos frente a lo que publica el BTI? ¿Les prestan atención?
—Gobiernos como el alemán, el norteamericano, lo hacen. En términos políticos, este índice hace una diferencia, somos muy conscientes de eso y nos motiva a ser más cautos en nuestras recomendaciones, porque esto no es académico, es político. Tenemos mucho cuidado en ser tan precisos y equilibrados como sea posible. Pero los gobiernos nos escuchan en grados, algunos entran en un diálogo crítico que sirve para aprender.

—Es decir, su independencia les sirve para ver las cosas desde distintos ángulos.
—Si se mira el desarrollo holísticamente, no es suficiente hacer investigación y desarrollo, sino tener un buen plan de inversiones. Nuestros indicadores son una buena lista para chequear dónde está cada país y a no pensar que el desarrollo socioeconómico es solamente un tema económico. Esta es una de las cosas importantes a tener en cuenta para los gobiernos, porque el desarrollo socioeconómico tiene en cuenta muchas variables.

 

Gobernabilidad, esa palabra clave

Gobernabilidad es un tema al que el BTI presta atención y en la Argentina es siempre uno de los tópicos importantes. “Es la capacidad que tienen los gobiernos de gestionar cuando están en el poder. Sin ella, nada puede hacerse y eso puede volverse un gran problema. Pero aquí en Argentina, como dice nuestro reporte, el Gobierno no tolera las críticas, no escucha a los opositores. Y esto es deplorable porque oír las críticas hace que se gobierne mejor. Es parte del proceso de aprendizaje escuchar las críticas.

—¿Qué importancia tiene el Congreso, el Parlamento, en las democracias?
—El Parlamento debe ser capaz de controlar al Ejecutivo y hacerle recomendaciones.

—¿Los países con parlamentos fuertes son más desarrollados?
—Es una pregunta difícil porque yo soy alemán y el alemán es un sistema parlamentario. Yo prefiero un Parlamento fuerte. Pero no significa que sea mejor que un sistema presidencial. Mientras sea democrático, representativo, es un sistema valioso.

Desafío. Con miras a las elecciones 2015, con un proceso preelectoral plagado de pelea, con partidos que se subdividen constantemente, ¿cómo se puede transformar el sistema?

Para Hartmann, “una buena calidad en el respeto a las leyes (rule of law, en inglés) siempre es un valor para evitar las tentaciones”. En el caso argentino, además de ese respeto por las regulaciones, “lo que resulta muy disruptivo es que los partidos políticos no tienen plataformas electorales. Esto es un problema, porque para transformar se necesitan alternativas políticas, no sólo partidos políticos. Se necesita elegir entre distintas agendas de reforma para tomar decisiones informadas. Es muy difícil dar el voto a uno u otro sin saber su agenda”, completa el experto alemán.



Victoria Pellegrinelli