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Celular: un nuevo órgano

Si bien no está pegado al organismo, el dispositivo móvil participa de la anatomía. No sólo de los individuos, sino también de lo social. El autor analiza las implicancias biológicas y para el conocimiento de esta realidad y propone estrategias para su uso.

Vida y obra. Los smartphones cuentan con aplicaciones suficientes para interactuar con diferentes instancias de la vida cotidiana.
Vida y obra. Los smartphones cuentan con aplicaciones suficientes para interactuar con diferentes instancias de la vida cotidiana. Foto:Joaquin Temes
La medicina y la salud tienen como principal centro de atención el funcionamiento del cuerpo humano y sus órganos. Organos que en forma silenciosa y continua nos ayudan, acompañan y dan vida. De ellos depende nuestra existencia y bienestar. La medicina los trata de preservar y curar y con sus avances nos han traído progresos que llegan hasta el transplante y reemplazo de los mismos ante situaciones críticas.

Quizás la más grande revolución originada en la denominada sociedad del conocimiento se puede sintetizar y representar en forma simbólica con la aparición de un “nuevo órgano” que si bien no se incorpora físicamente al organismo sí pasa a ser un elemento que luce indivisible y para la mayoría de los seres humanos como imprescindible. En cierta forma estamos en presencia del mayor “transplante” vivido colectivamente por la sociedad.

Esta aparición es el nuevo rey del universo, “el móvil o celular”. Comenzó llamándose teléfono, pero hoy sus funciones y aplicaciones trascienden muchísimos usos que se incrementan día a día. Su denominación fue sutilmente migrando y hoy los denominamos “smartphones”. Tienen muchas funciones y aplicaciones como filmadora, biblioteca, medio de pagos, archivo, entretenimiento en variadas dimensiones, medio de comunicación de voz, datos  y contenidos, etc., etc.

Muchos lo consideran una gran droga adictiva, acompaña las 24 horas del día, su pérdida es sufrida como un drama grave y la dependencia se convierte en una característica irreversible. Es fácil ilustrar esto al asistir a cualquier restaurante, espectáculo o encuentro social. Participa en los almuerzos de la familia, se activa después de cualquier aterrizaje aéreo antes de sacarnos los cinturones de seguridad, los alumnos lo contrabandean al ingresar al aula y conquistas sentimentales se originaron después de un click.

Internet asociada al uso del móvil le agrega usos en forma exponencial. Si agregamos que nos acercamos al sueño de M. Zuckerberg de internet para todos, con teléfonos cada vez más “inteligentes” y baratos arribamos al “nuevo órgano inteligente y global” que se incorpora masivamente al ser humano y a nuestras vidas. Refuerza, modifica y altera muchas de las actividades físicas y cerebrales (es interesante observar el creciente interés de las neurociencias en la investigación de sus efectos) y es muy difícil prever su de-saparición o desuso.

Desde el punto de vista de los negocios es considerado el mayor generador en plazos muy breves del valor de las empresas y de los nuevos ricos. Equipos, aplicaciones y contenidos para todos con una renovación constante han originado una nueva clase empresaria que apela a una permanente creatividad y cambio para tener éxito, muchas veces, aun en efímeros mercados.

Dejando de lado el mundo de los negocios quisiera que reflexionemos el efecto en las personas, sus hábitos y costumbres. Cambia drásticamente la forma de comunicarnos, informarnos, entretenernos, gestionar nuestras necesidades diarias como hacer pagos, compras,  trámites, etc., acerca las personas entre sí y el acceso ilimitado e inmediato al conocimiento. Reduce la brechas a dicho acceso y democratiza su uso. Aumentan los riesgos por un uso inadecuado por los niños, en la seguridad y confidencialidad personal, el uso indebido de la información, etc. Permite acumular la mayor cantidad de información que se puede concebir logrando una inimaginable “Big Data” lo que significa la aparición de un nuevo gran poder temido por muchos incluidas las grandes potencias del mundo.

Todos nos convertimos en seres digitales y nuestras formas de conectarnos con terceros, el entorno y el conocimiento tienen muchos efectos imprevisibles.
Sectores, oficios, tareas, etc., son afectados y hasta destruidos y las consecuencias sociales aumentan y se complejizan. El trabajo humano sufre estos efectos y aquella premisa y base de la educación emergente de la era industrial de prepararnos en algo para toda la vida ha perdido significancia. Los mayores hemos visto a nuestros padres con un solo oficio o trabajo durante su vida laboral y nunca presionados por la urgencia del cambio.

Hoy lo único constante es la velocidad del cambio y sus innumerables efectos y consecuencias.

La educación construida durante muchos años con esas premisas se vuelve cuestionable y requiere un gran cambio. Adecuar las habilidades para la incertidumbre, el cambio constante, el aumento de la autonomía, la creatividad y adaptabilidad es el nuevo juego. Los sistemas educativos creados para una demanda con pocos cambios tienen dificultades para adaptarse y los grandes gestores que son los maestros no tienen soluciones ante las nuevas necesidades.
Y aquí entramos quizás en el principal desafío del mundo en el momento actual.

Cómo preparar no sólo a los niños y adolescentes sino también a los que transitan el mundo laboral y que puedan desempeñarse en un nuevo mundo mutante. Mundo laboral donde el gran debate actual es el impacto de las nuevas tecnologías en la empleabilidad (robótica, comercio electrónico, inteligencia artificial, impresoras 3D, etc.). Muchos países comienzan a discutir sobre la reducción de las jornadas de trabajo, planes específicos de asistencialismo, etc.

Lo indudable es que la educación que se concebía principalmente para las etapas de la niñez y la adolescencia pasa a ser en este entorno una necesidad continua y de por vida de todos para poder sobrevivir en el mundo profesional y laboral. Aquí se hace más evidente la predicción de Alvin Toffler al decir “los analfabetos del siglo XXI no serán sólo aquellos que no sepan leer o escribir, sino aquellos que no pueden aprender, desaprender y reaprender” .

Comencé esto con el cambio del ser humano simbolizado con el móvil como el nuevo órgano. Creo que es la mejor síntesis y percibido por todos de lo que representa el cambio producido por la sociedad del conocimiento. Como toda síntesis es cuestionable pero lo considero un buen ejemplo de la situación actual.

Los efectos de esta nueva era va a impactar en el futuro de muchos seres humanos y también de los países. Cuando hablamos de que el PBI de los países se va a medir por su capital intelectual acumulado, estamos diciendo que es mucho lo que tenemos que discutir, consensuar y actuar a nivel personal y como país.

Es interesante destacar el anuncio del ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires por el cual se va a permitir a los alumnos ingresar a las escuelas con sus móviles y tabletas. Se destaca que debe ser solamente usado para fines educativos y bajo el permiso y supervisión de los maestros. En definitiva se autoriza lo que entraba en forma clandestina a las escuelas y no se priva al alumno de asistir  con su “nuevo órgano”. El gran debate en el mundo sobre el BYOC (Bring Your Owned Computer) ha sido definido en dicha provincia. Nuestro país viene sufriendo una inadecuada solución educativa con el mundo digital. Ha pretendido mediante entrega de equipamiento enmendar el tema y no ponderando adecuadamente problemas de interconectividad, las nuevas pedagogías necesarias y contenidos adecuados, atractivos y motivantes. Al problema de cómo educar se le adiciona el de qué educar. Despertar la creatividad, la mayor autonomía y autoestima de los estudiantes y el desarrollo de las denominadas habilidades blandas (trabajo en equipo, desarrollo del liderazgo, mejoramiento de relaciones interpersonales, adaptación al cambio, etc.) es el gran desafío.

Ya no podemos hablar separadamente de educación y trabajo y de sus respectivos ministros responsables y otros actores (sindicatos, academia, etc.) actuando por separado y sin contemplar conjuntamente los nuevos desafíos y necesidades. Estos temas se potencian y retroalimentan y pasan a tener un carácter de necesidad y urgencia nacional.
Creo que definitivamente éste es el gran debate urgente que nos debemos y evitar llegar a decir como la gran película italiana Mañana es demasiado tarde. 

*Innovador en nuevas tecnologías y educación.

Mario Eduardo Vázquez


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