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Confesiones de Carlos Alberto Mancuso, "el cura exorcista" de La Plata

Recibe más de 100 consultas mensuales y es uno de los pocos sacerdotes de este tipo nombrado por la diócesis. Por qué aumentan “los endemoniados”.

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Foto:Marcelo Aballay

Desde las primeras horas de la mañana, como cada viernes, diferentes personas de distintas edades, sexo, lugar de procedencia y clase social se congregan silenciosamente en la puerta del Hogar Sacerdotal en la avenida 60 entre 27 y 28, de La Plata, en busca del padre Carlos Alberto Mancuso, conocido como “el padre exorcista”.

A medida que las horas pasan se forma una fila de creyentes, como ellos mismos se definen. Se ubican por orden de llegada y se disponen a esperar tranquilos su turno. “Yo vengo de Ezeiza y estoy haciendo la cola desde las 8 de la mañana”, cuenta la mujer que encabeza la espera desde hace ocho horas, acompañada de su esposo.

Unos minutos antes de las 16 horas esta pasividad se activa cuando llega el auto que trae al padre Mancuso, acompañado por uno de sus asistentes, mientras que los otros miembros de su equipo lo reciben en la puerta del hogar. El padre Mancuso, después de saludar a sus fieles, se desplaza despacio con su portafolio negro, al igual que su sotana, para iniciar su trabajo.

A modo organizativo, el asistente explica cómo es el funcionamiento de las consultas. Se entregan aproximadamente veinte números y se habilita una habitación que funciona como sala de espera. “Los números son a modo estadísticos”, aclara el padre, creando un ambiente amigable y demostrando el sentido del humor que sus colaboradores destacan de él. Y si bien, por recomendación de su médico, tendría que atender de 16 a 19, lo hace unas cuatro horas más: “Me debo a las almas que me consultan”, sostiene. El padre Mancuso ya está preparado para detectar a las personas “poseídas” y “liberarlas por medio de oraciones”.

El griterío de los niños en el recreo de una escuela cercana al Hogar acompaña el inicio de las consultas. El Padre Mancuso ya está preparado para detectar a las personas poseídas y liberarla por medio de oraciones.

La previa. Los viernes, el padre se ocupa de entrevistar a las personas con preguntas como con quién se vinculó, qué hizo y cuándo. “Así voy haciendo un historial y buscando la punta del ovillo. Y ahí la persona confiesa o un familiar que los acompaña”. En caso de que “dé positivo”, como define Mancuso, les pide sus datos personales, dirección y teléfono.

El exorcismo se fija para otro día y los poseídos regresan acompañados de un familiar o allegados al mismo Hogar Sacerdotal. La ceremonia se realiza en una habitación destinada para este fin bastante amplia, dura unos 30 minutos y está prohibido presenciarla por otra gente que no sea el afectado, su acompañante, el padre y su equipo. Según explica este sacerdote en su libro Mano a Mano con el diablo (Sudamericana) “la reserva es para respetar a la persona afectada en un momento tan penoso en el que es seguro que no desea estar expuesta a la curiosidad de extraños”.

Mancuso detalla que en las ceremonias recibe la colaboración de unos 15 o 20 ayudantes que sostienen el cuerpo de las personas “endemoniadas”. “Acudo a cuatro o más hombres que lo sujetan boca abajo cuando es necesario (en particular, cuando el endemoniado se muestra propenso a escupir), extendido sobre una frazada, impidiendo que el paciente haga ningún tipo de fuerza. Sin esa ayuda, sería imposible realizar la ceremonia. Porque es impensable que el demonio quede apacible, sentado, esperando ser expulsado del cuerpo que tomó.”

Este padre exorcista aclara a PERFIL que “los demonios no siempre se van la primera vez. A veces hay que esperar meses o años. La gente me dice que la persona quedó peor que antes y yo les respondo que no sean impacientes. Yo no les prometí el éxito inmediato. Sé lo que tengo que hacer, pero es Dios el que dispone en qué momento se va a liberar”. Es el caso del demonio de una chica que vive en Pilar. “Me decía: ‘No me voy porque Dios no quiere que me vaya’, y yo le respondí: ‘¡Qué bueno, por lo menos me das una información, yo te voy a seguir exorcizando!’”.

Cómo se inicia. En diálogo con uno de los colaboradores del padre exorcista, el español José Antonio Fortea detalló que los comienzos en el exorcismo se dan a partir de la observación durante un tiempo junto a un sacerdote experimentado en exorcismo. Como fue el caso del padre Mancuso, que pudo aprender del padre Antonio Segrega, exorcista de la diócesis de La Plata y después empezó a utilizar una oración del padre Amorth, exorcista del Vaticano. A medida que la rezaba “los endemoniados no la resistían. Entraban en crisis”, sostiene el padre, y continúa: “Eso me advirtió que esa oración me servía como test para saber si estaban poseídos”.

El padre Mancuso considera que, en la actualidad, aumentan los endemoniados, no las consultas. Esto se debe a que “la gente consulta cada vez más lugares oscuros. Se relaciona con la fuerza del mal, digamos. Ellos han provocado esta situación con prácticas satánicas, vinculadas con los espíritus malignos que, como dice la Biblia, están dispersos por el mundo para la perdición de las almas”.

Realidad. Como en el caso español, donde el sacerdote debe estar autorizado por su obispo en Argentina, el padre Mancuso fue designado por Monseñor Héctor Aguer como el exorcista de La Plata. Según Mancuso, tendría que haber un padre exorcista por diócesis, pero la verdad es que “hay muy pocos”. “Tendría que nombrarlos el obispo, pero no los nombran. Quizá porque no tiene a nadie preparado o porque piensa que en su diócesis no hay muchos casos. Lo cierto es que acá vienen a verme personas de Trelew, Córdoba, y hasta venía una chica de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).”

El griterío de los escolares que acompañó el inicio de esta charla ahora, se transformó en alaridos de un alma que espera encontrar su curación en el exorcista de los viernes, el exorcista Mancuso.



Silvina L. Marquez