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De Roosevelt a Obama, encuentros y desencuentros presidenciales

Las relaciones entre ambos países han oscilado entre una enemistad histórica por la rivalidad económica y la desconfianza política, el amor incondicional y la frialdad reciente. Comienza una nueva era.

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Las relaciones entre Argentina y Estados Unidos nunca fueron sencillas. Pasamos de una enemistad histórica, basada en la competencia económica y la desconfianza política a ser uno de los pocos aliados extra OTAN y mantener las famosas “relaciones carnales”, como las definió el canciller Di Tella, para volver a un vínculo distante en la última década. Esa distancia llega a su fin con la visita de Barack Obama en las próximas semanas, dando inicio a un nuevo capítulo
de nuestras relaciones bilaterales.
Obama será el sexto presidente estadounidense en visitar la Argentina, sin considerar a Herbert Hoover, que estuvo en el país poco antes de asumir su cargo. El pionero fue Franklin D. Roosevelt quien visitó Argentina durante dos días, a fines de 1936.

New Deal. Roosevelt llegó con el prestigio que le daba su reelección y el éxito de su programa económico, el New Deal, en el marco de la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz, celebrada en Buenos Aires.
En un mundo amenazado por el avance del fascismo, Estados Unidos proponía a América Latina formar un bloque que actuara en conjunto frente a amenazas exteriores. Esa política aislacionista se vio frenada por el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, quien había sido galardonado unos meses antes con el Premio Nobel de la Paz.
Las relaciones cercanas de Argentina con Gran Bretaña hacían imposible para nuestro país unirse a una alianza que nos alejara de Europa, y la propuesta de Roosevelt no logró ninguna medida de fondo.
A pesar de ello, el presidente Agustín P. Justo recibió con honores al estadounidense y una multitud lo vitoreó a su paso. El deseo popular de ver a una figura internacional fue más fuerte que la distancia que puso el canciller.

Cuba y FMI. Pasarían muchos años, de relaciones muy tensas, hasta que en 1960 Dwight Eisenhower visitara al presidente Arturo Frondizi en el marco de una gira latinoamericana con la que Washington buscaba “tener impacto en el área”, pocos meses después de la Revolución cubana.
Frondizi había mantenido desde el comienzo de su mandato un vínculo muy cercano a Estados Unidos, motivado por la necesidad de obtener créditos para financiar su programa económico. El precio por esos créditos había sido seguir los principios del FMI, lo cual, junto a otros motivos, generó tensiones y desconfianzas de los sectores nacionalistas hacia su gobierno.
Eisenhower visitó Buenos Aires y Mar del Plata, desde donde se dirigió en auto, junto a Frondizi, a Bariloche. El presidente argentino le pidió colaboración para realizar mayores inversiones en infraestructura y para que Estados Unidos levantara el veto a la importación de carne argentina por la aftosa. Eisenhower prometió ocuparse, aunque no hubo cambios importantes en el corto plazo. En contrapartida, el presidente estadounidense no logró obtener de Frondizi un apoyo total al “problema cubano”, que entendía como un conflicto bilateral que no involucraba a la Argentina.

Relaciones carnales. Pero si tenemos que mencionar la época de mayor acercamiento entre Argentina y Estados Unidos, debemos referirnos al gobierno del presidente Carlos Menem. La visita del “presidente y amigo” George H. W. Bush en diciembre de 1990 fue “motivo de orgullo” para el mandatario argentino.
Los elogios fueron mutuos, porque Bush alabó las “valientes reformas” económicas que se estaban realizando en el país, vinculadas a las privatizaciones, y el éxito de Menem al contener la última sublevación carapintada, ocurrida pocos días antes de la visita de su par norteamericano.
Como muestra del acercamiento, Menem envió tropas para luchar conjuntamente con las estadounidenses en la Guerra del Golfo Pérsico. La relación entre ambos mandatarios continuó a lo largo del tiempo, tanto que poco antes de que Menem dejara la presidencia, Bush, ya ex presidente, lo visitó para jugar al golf.
Menem es el único presidente que recibió dos visitas protocolares, ya que en octubre de 1997 Bill Clinton llegó al país en lo que llamó “el mejor momento histórico de las relaciones Argentina-Estados Unidos”. La visita, pocos días antes de las elecciones legislativas, fue tomada por el oficialismo y la oposición, la Alianza, como un elemento más en la disputa electoral. Probablemente fue la primera vez que las mayores fuerzas políticas coincidían en la necesidad de conservar los vínculos con Estados Unidos, aunque la Alianza se mostraba más partidaria de no descuidar los lazos regionales.
Menem aspiraba a que la visita mostrara el nivel de integración e importancia de Argentina, a la que el embajador estadounidense James Cheek había llamado “el principal aliado de los Estados Unidos en América Latina”. El intento de Menem no resultó fructífero: el justicialismo fue vencido en las elecciones y comenzó el declive del menemismo.
De todos modos, los intereses de Clinton eran principalmente comerciales. Unos años antes había lanzado el ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas) en la Primera Cumbre de las Américas celebrada en Miami. La intención de Clinton era lograr un mercado común, de Canadá a Tierra del Fuego, y aspiraba a contar con el visto bueno de Argentina. En ese momento, la mayor parte de la opinión pública nacional consideraba esa posibilidad como una buena oportunidad porque se decía que, aliados con Estados Unidos, los argentinos teníamos mucho más para ganar que para perder.

Alca. Quisieron las vueltas de la historia que el plazo para cerrar la negociación del ALCA fuera el año 2005, con la IV Cumbre de las Américas, a realizarse en Mar del Plata. Néstor Kirchner acababa de ver su fuerza política triunfante en las elecciones legislativas de octubre y se consolidaba como el hombre fuerte de la política nacional, frente a una oposición fragmentada. Sería anfitrión de una Conferencia caracterizada por un giro en la política exterior argentina y sudamericana. Las 36 horas que el presidente George W. Bush estuvo en Argentina no se parecieron en nada al recuerdo que su padre podría haberle contado del país. Bush hijo vio carteles opositores con frases como:
“W go home”, el Tren del Alba lleno de opositores que unió Buenos Aires con la ciudad balnearia (con Diego Maradona como vocero de la concentración) y una Cumbre de los Pueblos o Anticumbre, encabezada por el presidente venezolano Hugo Chávez en el estadio mundialista.
Tan evidente fue el rechazo a la presencia del mandatario estadounidense que el propio Bush, al agradecer a Kirchner la organización, le reconoció que “tal vez no sea particularmente fácil recibirme a mí”. Contra el deseo de Bush, los cuatro miembros del Mercosur y Venezuela bloquearon el ALCA, llevando el proyecto a “la tumba”, como afirmó en su momento Chávez.
La futura visita del presidente Obama se asemeja, en cierta medida, a la que Eisenhower realizó a Frondizi. Con Cuba como actor secundario y con una Argentina deseosa de obtener inversiones. A diferencia de Frondizi,
Macri no está jaqueado por Perón en el exilio o sufriendo planteos militares por sus medidas de gobierno. Las coincidencias hacen que también haya en este gobierno un Rogelio Frigerio, nieto del principal asesor económico de Frondizi. El efecto que esta visita tenga será parte de otra historia.

*Profesora de la Facultad de Comunicación de Universidad Austral.



Cecilia Borscak