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Deconstruyendo a Mauricio: las fases del nuevo presidente

¿Qué le puede dar la experiencia previa a la gestión del nuevo mandatario? Eurnekian, D'Onofrio, Bacher, Abadi y Novaro arman el rompecabezas de una personalidad polifacética.

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Foto:GET

De Tandil a Buenos Aires. De los pasillos del Newman a los de la UCA. Del conglomerado de empresas de su padre a la presidencia de Boca. Y del edificio de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a la Casa Rosada. Ese fue, en sucesión, el camino que recorrió Mauricio Macri para llegar el 10 de diciembre de 2015 a ser el nuevo presidente de los argentinos.

Su historia de vida difiere sustancialmente de la mayoría de sus antecesores democráticos. Es el primer presidente con dos divorcios en su haber, el primero con el título de ingeniero y que no fue en ninguna etapa a la escuela pública y también el único en haber presidido un club de fútbol. En lo que no será el primero es en presidir un país con una sociedad fragmentada, una dolencia consuetudinaria de la historia argentina.

Del niño bien y empresario a presidente. El perfil de Macri siempre encajó en el del establishment. Nacido en Tandil, hijo del próspero empresario Franco Macri y de Alicia Blanco Villegas quien aportaba el estatus a la fortuna del inmigrante italiano, se casó joven con Ivonne Bordeu, con quien tuvo a sus tres hijos mayores. Ya divorciado de la hija del corredor de autos y empresario agropecuario Juan Manuel Bordeu, el 24 de agosto de 1991 fue secuestrado y eso le dejó una marca de por vida. Tenía entonces 32 años.

Reincidió en el matrimonio, luego de un período como joven playboy, con Isabel Menditeguy, otra chica de la high society vernácula. Pero, sobrevino otro divorcio: Boca le ganó a la pareja, que se disolvió tras nueve años con interrupciones.

Con una vuelta breve a las pistas como candidato a novio, conoció a Juliana Awada, a quien define aún hoy como “la hechicera”, con quien tuvo a su cuarta hija, Antonia, protagonistas ambas de su campaña en la carrera por la presidencia.

“Si hablamos de deconstruir, podemos decir que Macri presidente podría ser construyendo a Mauricio Macri. Para llegar hasta aquí, Macri necesitó disolver situaciones congeladas, que implican prejuicios, preconceptos y mandatos. En función de supuestas tradiciones, con un padre aparentemente omnipotente y muy poderoso, y supuestamente con una cierta versión autoritaria de las cosas, se necesita correrse de una condición filial que estaría vinculada a algo más sometido o pasivo para poder refundar el propio nombre. Tiene que, en la diferencia, ir descubriendo paso a paso qué es lo que quiere, cuál es su sentido y argumento de vida definiendo su perfil”, explica José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psicoanalista.

El mandato paterno, quedar a cargo de las empresas a los 25, y sentir que pese a eso, el poder no le pertenecía, lo llevó al camino de la diferenciación. “En este trabajo de construcción de Mauricio Macri, está el deconstruir la sucesión de un hijo como apéndice de otro, para ver desde la experiencia su propio itinerario y en este itinerario construir su propia identidad. Hay una frase que me parece interesante que es ‘heredar no es lo difícil, sino hacer propio lo heredado. Tomar lo que es propio y dejar de lado lo que no es auténticamente suyo, trabajo que seguro tuvo que hacer él: la construcción del propio yo es importante en la vida y puede ser un trabajo importante y reforzado”, señala Abadi.

Hijo de la educación privada. Macri pasó su infancia y adolescencia entre las paredes del Colegio Cardenal Newman, de donde aún hoy provienen gran parte de sus amigos más cercanos. Prolijo para la época en que finalizó sus estudios secundarios como parte de la camada 76, cumplió el mandato familiar de estudiar ingeniería y estudió la carrera en la UCA. Sus detractores señalan que esto es una impronta para no atender debidamente la problemática de la educación pública. “Las universidades privadas tiene un papel que antes no tenían, han reemplazado espacios. Hay una rebelión de las elites para generar cambio en la gestión del Estado. Macri es un exponente de esto, que han asistido al deterioro de los círculos profesionales, del faccionalismo imperante en el Estado y que se involucran en la política para regenerar las instituciones públicas. No vienen a privatizar el Estado sino todo lo contrario”, opina el sociólogo Marcos Novaro, egresado de la UBA.

Para Novaro, no ser fruto de la educación pública, a la que hoy califica en lo universitario de facciosa, no tiene un significado negativo. “Hay una historia de la educación pública estatal que se está rompiendo. Gobernadores parecidos a Macri hay un montón, hasta Scioli que luego se volvió parte de la casta política. Muchos se convierten en actores públicos después de ser exitosos en lo privado. Esto ya venía pasando, es una tendencia de largo plazo. Macri viene haciendo este trabajo, de convertirse en un político sin serlo en el principio, con un liderazgo novedoso, no atado a las tradiciones políticas. Tiene un perfil más de gestor y de eficiencia, de promesa de regeneración de la gestión pública con la premisa de que estaría mejor si estuviera mejor administrada. No hay por qué pensar que el gabinete de Macri sea privatista, sino que intente mejorar el aparato público. La calidad de la educación se ha deteriorado y se ha invertido mucha plata”, agrega Novaro.

Una especial manera de pensar. A diferencia de la mayoría de los presidentes democráticos, cuya carrera universitaria fue la de abogado, salvo excepciones como las de Arturo Illia que era médico o Héctor J. Cámpora que estudió odontología o historiadores y periodistas como Bartolomé Mitre, Macri es el primero en ser ingeniero y empresario en empresas como Sevel o Socma, donde la ingeniería es clave. Además, en su gabinete de ministros, lo acompañan otros con la misma base académica como la canciller Susana Malcorra y el ministro de Producción Francisco Cabrera.

Carlos Bacher, presidente del Centro Argentino de Ingenieros (CAI) y vicepresidente ejecutivo de Techint Ingeniería y Construcción, no oculta su satisfacción por esto. “Es la primera vez que tenemos un presidente ingeniero, con lo cual para la profesión nuestra es gratificante, convencidos de que la profesión nuestra tiene mucho para aportar”, destaca el ejecutivo.

¿Qué diferencia a un ingeniero para encarar una gestión como la de un país? “Nosotros nos formamos con un ámbito de herramientas y de una forma de pensar, el tema de la planificación es importante. Estamos entrenados para buscar soluciones que muchas veces pasan por el ingenio”, explica Bacher. “Tenemos que hacer todo esto con eficiencia, porque tenemos el desafío de buscar soluciones en un marco de recursos escasos e imprimirle racionalidad, para razonar bien en este tipo de cosas. Yo estoy seguro que nuestro próximo presidente aplicará esta formación para el país”, afirma Bacher.

Pero no sólo es la racionalidad y la planificación. “Como ingeniero que me formé, en la empresa y como presidente del CAI, les digo sobre todo a los jóvenes que estoy convencido de que si hay una profesión que tiene un impacto social es la ingeniería, porque nos dedicamos a hacer cosas que al final del día le hacen bien a la gente. Tiene impacto social, desde construir un puente a la seguridad industrial. Esto trasladado a un país en gestión con eficiencia, lo está haciendo para que tenga un impacto”, continúa Bacher. “Tenemos una disciplina profesional: yo planifico una solución, la llevo adelante, identifico la mejor solución, para eso estamos formados. En política, se agrega el factor político, pero para el país es una buena plataforma ver que una persona que tiene los fundamentos de esta disciplina, como formación de base, más la visión política, forman una manera de gestionar. Con visión política, pero no formación de base, no se logra la efectividad. Con visión política con el aporte de una gestión de ingeniero creo que al país le va a hacer muy bien”, resalta Bacher.

Pasión de multitudes, trampolín y plataforma de gestión. Fue Boca Juniors su lugar para desprenderse definitivamente del mandato familiar. Franco, su padre, jamás lo apoyó en esto, tal como haría luego cuando decidió incursionar en la política. Macri encontró en el club de sus amores un lugar donde gestionar lo que no le pertenecía y, a puro ensayo y error, luego de algunos años sin triunfos, llevó de la mano de Carlos Bianchi al club a lo más alto del nivel mundial. Aplicó las recetas aprendidas, pero en un espacio sin fines de lucro y donde suelen pesar más la pasión que la racionalidad ingenieril. De hecho, el 2 de diciembre fue homenajeado en la Bombonera y dijo, que como presidente de la Nación va a  “trabajar en equipo, buscar soluciones concretas. Lo mismo que hicimos en Boca lo vamos a hacer ahora, vamos a hacer cosas buenas y de verdad para que la gente pueda vivir mejor. Lloramos mucho, porque mi ahora amigo Ramón Díaz ganaba todo con River. Y después ganamos todo”, señaló ese día entre risas. Desde la vereda de enfrente, el presidente de River Plate, Rodolfo D’Onofrio, hizo un camino similar, de empresario a dirigir un club y su experiencia puede explicar lo que deja estar al frente de uno de los equipos más grandes del mundo. “La actividad privada es un lugar donde uno ha desarrollado una actividad que le permite tener este criterio de equipo, de delegar funciones, no creerse todopoderoso, uno aprende todos los días algo. Uno puede llegar a una idea como presidente, pero si escucha a los que demuestran que tienen una idea superior, es lo que se hace cuando se trabaja en equipo”, destaca D’Onofrio. Como ahora lo es el argentino, el escenario de River cuando asumió D’Onofrio era complejo, y al igual que Macri hace ahora, el presidente del club de Núñez, apostó a rodearse de profesionales, algo que para el mundillo futbolero era mal visto hasta hace poco tiempo. “Para gestionar un club como River, hay que tener un proyecto, un equipo de gente, distribuir el trabajo, delegar, escuchar a los que tienen responsabilidades en las distintas áreas. Armar una estructura profesional, con gerentes, a través de head hunters, para gestionar como una empresa con eficiencia. De esa manera hemos ideado y estructurado lo que es River para llegar a los objetivos, no sólo deportivos sino financieros”, cierra D’Onofrio.

 

Despegarse, sobrevivir y avanzar

De las empresas a Boca y de ahí al Estado. Un camino poco habitual, en un entorno en que su red de contactos era completamente empresarial. “En este itinerario en que uno busca su propio argumento, va pasando por distintas situaciones. En sus diferentes modalidades de vida, tiene que ver con cómo fue atravesando las situaciones traumáticas de altísimo voltaje, los secuestros de él y su hermana, que pudieron haberlo hecho pensar en la vida y en quién es él como protagonista de su vida”, explica el psiquiatra Abadi.

“Sus despegues significaron decir necesito tener mi palabra y hacer mi propia pregunta. Si el secuestro lo privó de libertad, parte del proyecto de cambio es también la conquista de su libertad, es elegir desde él. Un hijo no nace sólo del padre. En esta suerte de deconstrucción, para que un hijo pueda competir y refutar, no sólo es necesario un padre que de un modo también en algún lugar deja un flanco donde juega con la posibilidad de un hijo de tener un rival, es imprescindible que haya habido una madre que haya amado y apoyado a su hijo, para que en ese apoyo pueda permitirse caminar por sí mismo. No puede ser pensado en una relación dual, siempre es un triángulo. Y la autoestima necesita no sólo el flanco del padre para rivalizar sino el de la madre que le dice ‘podés’”, resalta Abadi.

Y, de ese momento a hoy, se advierten diferencias. “Cuando se lo escucha, su tipo de discurso actual y el de hace unos años, hay una evolución. La sensación que se tiene es de una mayor madurez, que tiene que ver con la construcción del propio yo y es que sabe rodearse, tiene la noción de equipo, sabe decir no sé: no aparece el ‘yo sé todo, lo único que hay que hacer es seguirme’. Se declara aprendiz y eso es importante”, cierra Abadi.



Victoria Pellegrinelli