ELOBSERVADOR MEDICION DE LA POBREZA

Efecto social de una mentira

Los autores formulan dos preguntas clave sobre los datos de desigualdad: por qué asumió la gestión anterior la decisión política de mentir, y por qué hoy se aceptan las nuevas estadísticas oficiales como indiscutibles.

Línea. Encontrar el punto en el cual cambian las necesidades concretas de un sector social es el punto de partida para establecer estrategias eficaces de solución.
Línea. Encontrar el punto en el cual cambian las necesidades concretas de un sector social es el punto de partida para establecer estrategias eficaces de solución. Foto:cedoc

¿Qué dicen los medios cuando dicen línea de pobreza, necesidades básicas insatisfechas, indigencia? Pensados como conceptos abiertos, polisémicos, puntos nodales, topos, se introducen en la contienda pública y generan una disputa sobre su sentido, más allá de la intención de los emisores responsables: agencias gubernamentales, institutos, cuadros profesionales, dirigentes políticos y, por supuesto, medios de comunicación.

Las estadísticas económicas siempre son conflictivas porque tratan sobre fenómenos centrales de la vida económica de un país como las cuentas nacionales, la balanza de pagos, el comercio exterior, los precios internos, el poder adquisitivo de la población; y como tales pueden funcionar como elementos constituidos del lenguaje social que ingresan en los discursos para hacer valer alguna posición argumentativa.

Es decir que se trata de números calientes, aunque la disciplina estadística no remite sólo a lo numérico porque no toda serie de datos es estadística, sino que tiene que ver con el modo de recolección y tratamiento de esos datos.  

Cuando la ciencia estadística entrega indicadores cuantitativos para su difusión en los medios, nos encontramos en el cruce entre tipos diferentes de discursos con condiciones de producción significante específicas: inicialmente, el discurso científico-técnico y el discurso periodístico-informativo.

Cuando se trata de las estadísticas oficiales, éstas son puestas en los medios como los números que publica el Estado/gobierno de un país para informar sobre las condiciones existentes en diversas áreas del territorio o de su población. Es decir que siempre son representaciones de un período, de un lugar y de una situación concreta; pueden ser estados mejores o peores, pero son los únicos registros oficiales de los que se dispone.

Nuestra hipótesis es que el lugar de las estadísticas oficiales se fortalece cuando su valor asociado al saber científico-técnico −valor que le otorga su condición de discurso especializado, producto de la reputación de las agencias del Estado y del ejercicio del deber republicano de informar−, se autonomiza respecto del discurso de gobierno, que representa siempre intereses más o menos particulares que afectan a un sector de la sociedad respecto de otro.

Para ponderar la pobreza en una sociedad desde las estadísticas económicas es necesario medir, entre otros aspectos, la marcha de los precios, ya que la tasa de pobreza indica qué porcentaje de personas viven en hogares donde los ingresos no alcanzan para cubrir una canasta de alimentos básica. Frente a la desigualdad material, son los grupos sistemáticamente privados de los derechos humanos de nueva generación quienes más necesitan de la producción de estadísticas confiables que permitan describir de manera exhaustiva sus condiciones de existencia, para encauzar las demandas de políticas públicas a través de organizaciones sociales y políticas.

La estadística económica circula como una clase de discurso particular con origen en la ciencia matemática; pero por su especificidad, es una ciencia autónoma destinada a organizar y analizar el mundo de los datos y por sus objetivos la podemos encuadrar, además, dentro de las ciencias sociales.

En esa línea, podemos encuadrar al discurso estadístico económico como tipo discursivo, porque es producto de estructuras institucionales y organizacionales de las cuales depende directamente, entre otras, universidades, agencias estatales, consultoras donde se forman e investigan sus profesionales. El discurso de las estadísticas económicas supone un destinatario genéricamente especializado, que busca saber.

El discurso periodístico-informativo, por su parte, es un discurso mediador que a través de un conjunto de géneros incluidos y de los estilos distintivos de cada medio, propone un vínculo que busca articular satisfactoriamente las expectativas, motivaciones e intereses a los contenidos del imaginario de lo pensable por parte del lector.

El discurso informativo queda del lado de lo constatativo, de lo fundado en los hechos, no necesita ser verificable sino creíble, y tiene como objeto “la actualidad”. El lector destinatario de ese discurso de la prensa puede ser alguien que comparte (o rechaza) la visión del mundo que se expone desde la comunicación de la institución responsable; incluso también puede ser un destinatario genéricamente especializado.

Tanto el discurso científico-técnico como el periodístico-informativo son discursos argumentativos que buscan generar una impresión o ejercer una influencia. El discurso científico-técnico ingresa a la prensa a través de procedimientos que pueden parecer naturales, pero son muy complejos.

Para la población en general, los datos estadísticos pueden funcionar como dato de referencia, que se encuentra en la prensa pero que no se busca. Quizás la excepción puedan ser los momentos de crisis o las coyunturas menos estables en las que la sociedad está más atenta a cierto tipo de información económica que necesita para tomar decisiones en el día a día; típicamente en nuestro país, los datos de la inflación.

A partir del conflicto en el Indec durante el gobierno de Cristina F. de Kirchner, se evidenció un cambio cualitativo en la comunicación de las estadísticas económicas oficiales. Se debilitó el valor de verdad del discurso científico-técnico porque las estadísticas económicas oficiales comenzaron a percibirse como un tópico político de la comunicación de gobierno. En ese movimiento, todas las facetas de la comunicación de gobierno se pusieron en crisis y se afectó ¿coyunturalmente? el relacionamiento entre conocimiento científico-técnico, Estado, gobierno, política y medios.

La vida de los datos estadísticos oficiales nunca fue tranquila. Desde la creación del Indec, el 25 de enero de 1968 durante el gobierno de facto del general Juan C. Onganía (Ley 17.622), las crónicas periodísticas reconocen momentos de tensión entre gobiernos y técnicos. En enero de 2007, cuando se intervino el Indec, la polémica estuvo puesta desde el lado del Gobierno en la pertinencia de los procedimientos de medición utilizados por los cuadros técnicos para la elaboración de las diversas estadísticas económicas. Mientras que dentro del propio Instituto se cuestionó la perspectiva oficial y se juzgaron sus intervenciones como acciones sistemáticas que deterioraron la coherencia metodológica utilizada dentro del Instituto.

Como fenómeno multidimensional, el llamado “conflicto del Indec” convocó en los medios opiniones sobre asuntos técnicos, gremiales, judiciales, políticos, de administración pública, científicos, etcétera. Se tematizaron, genéricamente, aspectos vinculados a la independencia, calidad y coherencia, comunicación y control de las estadísticas oficiales. La narrativa periodística impuso, además de las crónicas y noticias, testimonios, retratos psicológicos, historias de vida y relatos palaciegos. La escena avanzó entonces a partir de verbos  como “disimular”, “esconder”, “inventar”, “borrar”; la situación se impone como ruptura de un equilibrio que necesita encontrar un cauce y un desenlace.

Esa reorientación dramática en la producción y circulación de las estadísticas económicas permitió, curiosamente, que la doxa estadística triunfara. Si nos extendemos hasta mediados de 2016, ya con un gobierno de otro signo político, la misma prensa que reconoce hoy la existencia de una refundación del Indec al que ahora considera “riguroso y confiable”, difunde, por ejemplo, los cálculos de pobreza de la CGT Azopardo que lidera el dirigente camionero  Hugo Moyano.

Desde lo comunicacional, los elementos descriptos dan cuenta de las condiciones de circulación del discurso de las estadísticas económicas oficiales en la prensa en distintos escenarios políticos y económicos, siempre tensionado a partir de los reenvíos entre discurso científico-técnico, discurso periodístico-informativo y comunicación de gobierno.

La pobreza es una tragedia. Pero para la prensa es muchas cosas distintas: para Ambito Financiero, un emergente del estado de la economía en general, cuya solución se debe encarar con lógica. Para Crónica, un drama que lleva a las personas a un límite de lo humano y cuya solución debe ser perentoria. Para Página/12, un dilema político que afecta al país y a los asuntos de los argentinos y que se dirime en la correlación de fuerzas entre el poder del Gobierno y el de otros actores sociales y políticos. Para La Nación, el resultado de una carencia que está puesta en otro lugar que es sobre el que hay que intervenir para moderarla. Para Clarín, un estado de cosas que motiva a la indignación.

Los diarios pueden cambiar su alineamiento respecto de un gobierno: hoy pueden estar a favor y mañana en contra; no decimos que esto pase y si pasa, que sea gratuito. Pero puede ocurrir. En cambio, no van a cambiar su modo de construir los verosímiles sobre la pobreza lo que va a devenir, siempre, en formas de vincularse con esa pobreza: desde la distancia técnica, desde el sentimiento, desde la racionalidad, desde la estrategia, desde la opinión u otras posibles.


*Profesor plenario e investigador de la UBA. **Profesora e investigadora de la UBA.



José L. Fernández / Beatriz Sznaider