ELOBSERVADOR INCLUSION DEMORADA

El 28,3% de los adolescentes, en situación de “rezago educativo”

Un informe elaborado por la UCA advierte sobre las fallas de la inclusión en la escuela secundaria, a pesar de la inversión educativa. Asignatura pendiente: la jornada completa.

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Un informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia –UCA– advierte que el 8,4% de los adolescentes de zonas urbanas no asisten a la escuela y que el 19,9% lo hace con sobre-edad, es decir que el 28,3% de los adolescentes están en situación de “rezago educativo”.
El informe se apoya en los datos generados a partir de una muestra de 5.334 niños y adolescentes pertenecientes a 2.653 hogares de una muestra total de 5.636 hogares, realizada en el año 2012, representativa de 19 conglomerados urbanos.
Si bien, según el estudio, en el nivel inicial (sala de 5 años) y en la escuela primaria la tasa de escolaridad es casi plena, en la secundaria existe un déficit importante, a pesar de que en 2006 se sancionó la Ley de Educación Nacional, que resolvió su obligatoriedad.
Estos números son todavía superiores si incluimos el resto de las zonas, alejadas de los centros urbanos.
Según el censo nacional de 2010, del total de jóvenes entre 15 y 17 años, el 18,4% no va a la escuela.
Sobre una población secundaria de alrededor tres millones y medio de alumnos, tendríamos que casi 650 mil jóvenes se encuentran fuera del sistema educativo formal.
Si bien es cierto que el Gobierno nacional ha puesto un fuerte acento en sus discursos sobre políticas de inclusión y ha legislado en materia educativa, también lo es que la tasa de escolaridad ha registrado la menor disminución de los últimos cuatro censos nacionales.
Entre 1981 y 1991, la inasistencia de adolescentes a la escuela secundaria se redujo 24,4 puntos porcentuales; entre 1991 y 2001, lo hizo en 16,8 puntos y entre 2001 y 2010 (último censo nacional) sólo 2,2 puntos.

Los déficits. Como parte de las metas de inclusión, el Gobierno estableció, a través de la Ley de Financiamiento Educativo, que entre 2005 y 2010 se debía lograr que el 30% de los estudiantes escolarizados concurrieran a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando a los sectores más bajos.
Sin embargo, “para el año 2012, la jornada extendida no alcanza los dos dígitos en ninguno de los niveles educativos”, según los resultados del monitoreo que realizó el Barómetro de la Deuda Social, que señala que nueve de cada diez chicos escolarizados de zonas urbanas asiste a escuelas de jornada simple.
En 2012, sólo el 7,7%, de la población estudiantil primaria, y el 9,8% de secundaria, concurren a escuelas de jornada extendida. Dentro de estos pequeños porcentajes, la oferta se concentra casi exclusivamente en escuelas de gestión privada y el acceso, entre la población media y alta, a contramano de la Ley de Educación que plantea la jornada extendida especialmente para los sectores más vulnerables.
Según el estudio, más del 60% de los niños entre 5 y 12 años no suele realizar actividades deportivas o actividad física programada en espacios extraescolares, y más del 80% no realiza actividades artísticas.
Estas cifras se elevan en los chicos de estrato social más bajo (25% inferior), donde el 71,5% no realiza actividades deportivas extraescolares frente al 49,6% en el estrato medio.
“Hoy, en la mayoría de las chicos, las únicas vías de socialización son la escuela y la familia. No tienen muchas oportunidades de ubicarse en roles diferentes; esto limita la posibilidad del armado de una red, de generar un capital social”, señaló a este diario Ianina Tuñón, coordinadora del estudio.
Por eso, se entiende que la doble jornada sea un elemento de inclusión trascendental a la hora de brindar oportunidades a los jóvenes de bajos recursos en cuanto al acceso a actividades artísticas, deportivas, científicas y aprendizaje de idiomas, entre otras áreas formativas importantes para el desarrollo humano y social de los niños y adolescentes.Es también una herramienta que ha probado ser eficaz para generar un ambiente más seguro y que estimula el aprendizaje.
“Se supone que podría ser muy útil para fortalecer los procesos de acompañamiento del trayecto educativo de los chicos con apoyo escolar, pero también porque un mayor tiempo en la escuela posibilitaría el desarrollo de actividades que los chicos de los sectores medios desarrollan de modo extraescolar”, agregó Tuñón.
Según el estudio, las desigualdades son más significativas en la adolescencia, donde se registra el doble de diferencia entre los sectores del estrato social muy bajo y sus pares del estrato medio-alto en cuanto a la no realización de actividades deportivas programadas.



Mariela Solesio