ELOBSERVADOR OPINION PUBLICA

El caso Maldonado desde la percepción de las redes sociales

Un estudio revela que quienes más responsabilizan al Gobierno por el caso y quienes lo defienden tienen posiciones políticas firmes y absolutas. Pero más de un 30% de los ciudadanos tiene dudas.

Un estudio revela que quienes más responsabilizan al Gobierno por el caso y quienes lo defienden tienen posiciones políticas firmes y absolutas. Pero más de un 30% de los ciudadanos tiene dudas.
Un estudio revela que quienes más responsabilizan al Gobierno por el caso y quienes lo defienden tienen posiciones políticas firmes y absolutas. Pero más de un 30% de los ciudadanos tiene dudas. Foto:S.U.

Desde hace unas semanas, se escuchan voces que dicen que la desaparición de Santiago Maldonado es la primera gran crisis que debe gestionar el gobierno de Mauricio Macri. ¿Por qué es im­por­tante saber cómo gestionar una crisis para un gobierno? Porque un gobierno necesita gobernabilidad, capacidad de estabilizar el “exceso de democracia” o de cubrir con acuerdos las relaciones políticas erosionadas con conflictos y diferencias profundas.

Para gestionar una crisis, es necesario saber cómo piensa la ciudadanía, de qué manera percibe la realidad, qué representaciones utiliza para explicarse a sí misma y para darle sentido a lo que está experimen­tando, porque las reacciones de las personas dependen más de las interpretaciones de los hechos que de los hechos. Pero además, porque en la actualidad los ciudadanos no sólo tienen capacidad de observar, tienen también capacidad y motivación para expresarse, para decir lo que piensan y sienten. Por eso hicimos una investigación en Facebook1, red social que nos permite obtener conclusiones generalizables sobre cómo piensan y cómo se expresan las personas sobre los asuntos públicos de relevancia.

Creencias centrales y acciones automáticas. La primera conclusión es que la interpretación que está haciendo este público de lo que sucede con la desaparición de Santiago Maldonado está más condicionada por sus propias ideas políticas que por la información periodística o por las representaciones que provie­nen de los protagonistas del acontecimiento.

La polarización ideológica en las redes sociales puede producir reacciones emocionales extremas que no le hacen bien a la democracia ni a la política. Sin embargo, es necesario saber a quién se res­ponsabiliza en la desaparición de Santiago Maldonado y cómo se comprende el caso entre quienes no tienen información de primera mano.

Ante la pregunta acerca de la hipótesis sobre qué es lo que le sucedió a Santiago Maldonado, los ciu­dadanos en las redes sociales se dividen fundamentalmente en tres grupos: los que responsabilizan a la Gen­dar­mería (44,8%), los que dicen que pasó a la clandestinidad para beneficiar al RAM (18,3%) y los que consideran que se fue por vo­luntad propia a Chile o a otro lugar (12,8%).

La mayoría de los que sostienen la hipótesis de que la desaparición forzada es responsabilidad de la Gendarmería (89%) votaron al FpV en 2015. Sólo el 6,9% de los que creen en la hipótesis de la desaparición forzada votaron en 2015 a Cambiemos: el resto de los que piensan así votaron a Sergio Massa (33,3%) y a otros candidatos (39,5%). La raíz de la composición de la hipótesis está asociada con una creencia ideológica o visión de país que se manifiesta en el voto nacional. Este sesgo cog­ni­ti­vo no significa que haga inválida o falsa la hipótesis. Se resalta porque nos permite com­pren­der el origen de la percepción.

Por otro lado, también podemos analizar dos datos importantes: primero, la polarización que tiene la res­pues­ta a la responsabilidad del Gobierno; segundo, la coincidencia entre la polarización y el voto de los entrevistados en las elecciones de 2015. Casi el 75% de los que creen que el Gobierno es res­pon­sa­ble de la desaparición votaron al FpV en las presidenciales; mientras que casi el 83% de los que es­tán en desacuerdo con esta idea votaron a Cambiemos. En este primer dato, encontramos un patrón para comprender la percepción pública del caso: el voto en las presidenciales de 2015 como indicador que representa la cercanía con el Gobierno o con la oposición, específicamente con la oposición más dura, Unidad Ciudadana, antes el FpV.

En la misma línea, una de las primeras afectadas bajo la representación de la responsabilidad en el caso es la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Mientras que el 40% de los entrevistados coincide con que debería renunciar, el 35,6% está en desacuerdo. Esta polarización vuelve a estar asociada con el voto de los entrevistados en 2015: casi el 83% de los que quieren que renuncie votaron al FpV, mientras que el 78% de los que no quieren votó por Cambiemos.

La representación sobre la responsabilidad en la gestión del caso es central para comprender cómo está pensando la ciudadanía lo que sucede. Por eso, es necesario conocer cómo se perciben todos los implicados en el caso.

La Gendarmería es un actor central en la representación de la responsabilidad del caso. Aunque el nivel de polarización es menor (hay una diferencia de 13% entre los que están de acuerdo y los que están en desacuerdo), volvemos a encontrarnos con una relación directa entre los que piensan que debería renunciar el jefe del operativo (38,9%) y los que votaron al FpV (81,8%), y los que están en desacuerdo (25,9%) y los que votaron a Cambiemos (62,8%).

Finalmente, la percepción y representación del pueblo mapuche debe ser evaluada para saber de qué manera la ciudadanía en las redes sociales juzga sus intenciones y comportamientos. En este punto también encontramos polarización cognitiva.

Quienes están mayoritariamente de acuerdo con la legitimidad del reclamo (47,9%) votaron en 2015 en su mayoría al FpV (79,4%). Por el contrario, las personas que no creen en la legitimidad del reclamo mapuche (37,3%) votaron mayormente a Cambiemos (67,7%) en las últimas elecciones presidenciales.

En síntesis, la discusión política sobre el caso de la desaparición (igual que sobre muchos otros temas de la agenda política y mediática) está regulada o formada por las creencias centrales, ideológicas, me­didas en el voto de las elecciones presidenciales de 2015. Es muy difícil establecer un diálogo, una conversación, pública o privada, con este panorama. Y para la democracia, el diálogo es fun­da­men­tal.

Ciudadanos indecisos, dubitativos, ¿o pensantes? En el medio y “a los costados”, en la periferia de la polarización política, se encuentra una buena parte de los ciudadanos que no se identifica emocionalmente con nadie y que duda sobre lo que su­cede en el escenario público. Tomamos para el análisis aquellas medidas que superan los 30 pun­tos de coincidencia para darle peso a este “grupo”: son los que están de acuerdo o no, pero tam­bién “los que no están ni de acuerdo ni en desacuerdo”, o directamente aquellos que reconocen que “no saben” y “no con­testan”.

Este es un “grupo” importante para cualquier espacio político porque es el que está abierto a recibir más información, a escuchar y a evaluar argumentos. Tienen la capacidad de dudar. Puede ser que esté menos interesado en la información política. Tal vez por eso se hace difícil comunicarse con ellos, al mismo tiempo que hay que comunicarse con los que están hiperseguros. Este grupo permite refutar la idea de que en la Argentina está mal dudar. Aunque parecería que “dudar” es ser tibio, o ser iden­­tificado con la otra posición, estar en contra del otro, o a favor de uno sin decirlo, hay ciudadanos que interactúan en las redes sociales que “dudan” o que no saben qué pensar de ciertos temas. La falta de seguridad de estas actitudes medidas en el estudio muestran la po­si­bi­li­dad que existe todavía para comenzar un diálogo, para comunicarse de manera más racional y más pro­funda. La duda es la base epistemológica de la política moderna. ¿Será que estamos bajo un ré­­gimen político emocional? ¿Un régimen emocional transversal que no nos deja ver este grupo social de indecisos, indiferentes y dubitativos? Creo que es fundamental iden­ti­fi­car y hablar “con” y “para” los que no tienen posturas definitivas ni absolutas, porque no es posible sa­lir de situaciones graves como las que vivimos sin este tipo de actitudes.

Los que reclaman otro comportamiento del gobierno nacional. Hay otro grupo casi invisible en todo este proceso: está formado por personas que simpatizan con Cam­­bie­mos, por algunas que votaron al FpV en 2015 y también por ciudadanos dubita­ti­vos. Coin­ci­den en que el gobierno nacional debería haber tenido otro comportamiento público en este mes y medio de gestionar la aparición de Santiago Maldonado.

La percepción acerca del modo en que el gobierno nacional está gestionando el caso Santiago Mal­do­nado está polarizada, pero con una tendencia hacia una eva­lua­ción negativa hacia el Gobierno de un 15,7%.

Finalmente, otra percepción compartida es la que considera la imagen del gobierno nacional. El 71,7% dice que “sigue teniendo la misma imagen” que antes de la desaparición (fig. 10). Esto muestra la cristalización ideológica en la que se encuentra hoy la mayoría de la opinión pública. Aunque hay un 24,5% de usuarios que reconocen haber cambiado.

¿Es posible otra gestión de la crisis? Puede ser que sí. Según nuestra investigación, se modificó tanto la imagen de Mauricio Macri como la de Cristina Kirchner. Para Unidad Ciudadana, el caso Santiago Maldonado ha sido una oportunidad de mostrar las de­fi­cien­cias e insensibilidades del gobierno nacional. Para la Casa Rosada, podría ser una oportuni­dad para ampliar su base de sustentación, sumando a más indecisos, a los que van por el “medio” de la autopista.

El comportamiento público del gobierno nacional pudo haber sido diferente. Es normal que en un te­ma tan sensible existan diferencias en el tono o en la modalidad de la aparición pública de la ges­tión. En el modo en que el Gobierno está gestionando el caso, existen coincidencias entre los usuarios de Facebook que respondieron.

Considerando que existen tantas dudas en la ciudadanía, éstas pueden ser una oportunidad para la “conversación pública”, para una comunicación más genuina. A la tremenda dificultad que el nuevo sistema de medios le pone a la comunicación, la polarización no hace más que complejizar el proceso de comunicación pública. Sin embargo, estos porcentajes (que superan los 30 puntos) que representan a los ciudadanos dubitativos dan esperanzas en la realización de una comunicación orientada a escuchar, a explicar, a conversar, para llegar a un entendimiento.


*Decano. Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.



Luciano H. Elizalde