ELOBSERVADOR TRAS EL ULTIMO PARO

El fin de la clase obrera como fuerza política

Para los sociólogos franceses Stéphane Beaud y Michel Pialoux la idea de clase obrera, como fue concebida en el siglo XIX, ya no existe. PERFIL conversó con ellos y los principales referentes sindicales argentinos sobre “ser obrero” en el siglo XXI.

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Foto:Nicolas Bohler

“La clase obrera tal como se constituyó en el siglo XIX ha desaparecido”, enuncia apocalípticamente la introducción del libro Repensar la condición obrera de los sociólogos franceses Stéphane Beaud y Michel Pialoux. Recientemente traducida al español, la obra es un trabajo monográfico que fue publicado en 1999 y llevó diez años de investigación en las fábricas de Peugeot de Sochaux - Montbéliard en Francia. La temática del libro no pierde vigencia, ya que persiste la crisis del mundo obrero industrial y se relaciona con hechos actuales como el ataque al periódico Charlie Hebdo provocado por jóvenes de las periferias de las ciudades francesas que se volcaron al yihadismo, o el crecimiento electoral del partido de extrema derecha Frente Nacional, que canaliza el voto obrero ante la debilidad del Partido Comunista.
En una conferencia organizada por el Centro Franco Argentino y la Embajada de Francia, los autores explicaron por qué la clase obrera se derrumbó en el país europeo y aclararon que de todas formas esto no quiere decir que el mundo de los trabajadores haya desaparecido. Los obreros perdieron parte de su arraigo industrial y se desarrollaron en el sector de servicios. Fueron desplazados del debate público y académico, es decir, los redujeron al silencio, los convirtieron en una clase fantasma. En la actualidad viven rodeados de racismo y discriminación, están sumergidos en una crisis de representación y sufrieron una desvalorización simbólica como grupo. Los jóvenes rechazan el mundo obrero tradicional, precarizado y discriminado en el mercado laboral y escolar. A su vez, la radicalización islamista forma parte del mismo proceso de transformación.
Michel Pialoux pertenece a la generación intelectual de los años 60-70. Stéphane, quien fue su alumno, explica que de 1945 a 1970 casi todos los sociólogos franceses tenían como tema central la clase obrera, la cuestión de la emancipación social y la dominación. Ambos buscaban hacer una sociología práctica y comprometida con la sociedad. “Este libro sintetiza los resultados de un largo trabajo de campo comenzado a mediados de 1980. El objetivo teórico de la investigación era comprender el proceso por el cual se llegó a la desestructuración de la antigua clase obrera. Las encuestas tenían la virtud de abordar objetos muy diferentes y daban una visión caleidoscópica del mundo obrero local. En la actualidad no se observaron cambios fundamentales ni estructurales de los registrados en 1999. La precariedad laboral aumentó y se creó un sentimiento de vulnerabilidad social donde las víctimas son los sectores populares. De hecho, en el ámbito político sólo queda un diputado obrero”, dice Beaud.
“La periferia de las ciudades francesas se caracteriza por el alojamiento social (HLM, Hébergement à loyer modéré). Allí los trabajadores vivían hacinados y degradados. Hubo en Francia una reorganización del espacio con una lógica de gueto. Progresivamente los complejos fueron reservados para los inmigrantes”, cuenta Pialoux.
En relación con el sindicalismo francés, Pialoux explica que el militante sindical no tiene cultura lingüística, no conoce los derechos, ni realizó estudios superiores. Dice: “Los sindicatos de base no hacen nada por revertir la situación porque tienen la voluntad de controlar. La organización sindical está para defender al trabajador y no para hacer política. Busca respetar los acuerdos de los delegados”.
Beaud reflexiona: “En los últimos veinte años se llevó adelante una guerra social para reducir al movimiento obrero que ha dado sus frutos. Se libró una batalla de parte de la empresa para disminuir o despedir a los delegados, y de ese modo se logró explotar la mano de obra. Los pedidos de auxilio de los sindicalistas no fueron oídos. La robotización y las nuevas tecnologías se usaron como medios para hacer desaparecer ‘la vieja y molesta cuestión obrera’”.

Argentina, ¿un paraíso para la clase obrera? En la Argentina, la clase obrera tuvo en los últimos años un desarrollo distinto. Las centrales gremiales ya realizaron cinco paros generales contra el gobierno de Cristina Kirchner, lograron discutir paritarias todos los años y se encuentran en las agendas políticas de las campañas electorales de los candidatos presidenciales. El sindicalismo argentino está fragmentado en cinco centrales: la única reconocida por el Ministerio de Trabajo es la CGT que preside Antonio Caló, dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica; por otro lado están las dos facciones de la CGT que se oponen al Gobierno: Azopardo, dirigida por Hugo Moyano, titular de camioneros, y la otra facción es la CGT Azul y Blanca, presidida por Luis Barrionuevo, que lidera el gremio gastronómico. Las dos restantes son la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) oficialista y la CTA opositora. La primera está dirigida por Hugo Yasky y la segunda por Pablo Micheli.
“El modelo sindical organizado en Argentina está vinculado al primer peronismo y al Estado de bienestar. El sindicalismo surge en un momento histórico en el cual el trabajo era una categoría central y el movimiento obrero era la columna vertebral. A diferencia de lo que escuchamos en el mundo, tenemos una tasa de afiliación alta y hubo una fuerte inclusión de los sectores populares en el mundo del trabajo en los últimos años. En nuestro país, el sindicalismo no se muestra opuesto al capital. Muchas veces trabajan juntos para presionar al Estado. Esto es una diferencia fuerte con el sindicalismo francés”, analiza Marta Novick, subsecretaria de Programación Técnica y Estudios Laborales en el Ministerio de Trabajo.
Luis Campos es sociólogo y coordinador general del Observatorio del Derecho Social de la CTA, que realiza una tarea de sistematización y análisis de información referida al estado de las relaciones laborales en Argentina y a la evolución del derecho del trabajo. Campos reflexiona: “No hay duda de que la categoría de clase obrera sigue vigente para explicar los procesos sociales en Argentina. El movimiento obrero demostró que tiene vitalidad, que logró avanzar y demostrar que el sindicato sigue siendo una herramienta muy útil para llevar experiencias organizativas. Si bien hubo cambios relevantes en la composición de la clase trabajadora por la tendencia del capitalismo a generar población sobrante, esto no llega a invalidar el concepto de clase. Nadie puede decir que las organizaciones sindicales están invisibilizadas, acá tienen una presencia muy relevante”.

Ofensiva global. Según Campos, la ofensiva a nivel global contra los trabajadores fue en los años 70. Primero, la represión militar, luego, la hiperinflación, el desempleo en los 90 y los cambios en el proceso de trabajo significaron un duro golpe al movimiento obrero. Después de la crisis de 2001 hubo una recuperación de la acción sindical. Los cambios en el mercado internacional generaron condiciones para la reorganización de los trabajadores.



Florencia Tuchin