ELOBSERVADOR PROCESOS Y PROGRESOS

El futuro de la sociedad

¿Optimistas o pesimistas? El futuro ya llegó, sobre todo para la idea de modernidad que acompañó a la Revolución Industrial. Y más allá de lo que piensan algunos analistas, presenta evidencia para entusiasmarse. Por sobre aspectos puntuales de la coyuntura, los grandes datos hablan de evolución en las condiciones de vida.

Masiva. Los manifestantes cubrieron la Plaza de Mayo, de cara al escenario que se montó frente a la Pirámide de Mayo.
Masiva. Los manifestantes cubrieron la Plaza de Mayo, de cara al escenario que se montó frente a la Pirámide de Mayo. Foto:Pablo Cuarterolo

Como la mujer de Lot cuando escapaba de Sodoma, algunos políticos y analistas latinoamericanos se han convertido en estatuas de sal que miran al pasado, incapaces de enfrentar el futuro. Mientras la humanidad evoluciona a una velocidad vertiginosa, ellos se encuentran empantanados en discusiones obsoletas. En un artículo anterior hablamos de cuánto progresó el mundo en el año 2016. Ahora reproducimos gráficos con datos del Banco Mundial, que nos dicen hacia dónde va la especie con la revolución del conocimiento. En todos los indicadores que publicamos junto a esta nota se puede apreciar el enorme progreso de la humanidad a lo largo del Siglo XX, que fue el preludio del salto adelante en la historia de la evolución que estamos viviendo en estos días.

En los dos últimos años, la humanidad creó tanta información como toda la que existía desde el origen de la especie. Cuando empezó 2014 la cantidad de información existente era de 5 zetabytes que, traducida a libros, habría sido suficiente para formar 4.500 pilas de textos desde la Tierra hasta el Sol. Entre 2014 y 2016 esa información se duplicó y llegó a 10 zetabytes, con lo que a fin del año pasado las pilas pudieron ser 9 mil. La producción de conocimientos se acelera todo el tiempo: para fines de 2017 la información se habrá duplicado nuevamente y tendremos 20 zetabytes a nuestra disposición.

En 1990 Ray Kurzweil dijo que el progreso de las tecnologías vinculadas con la computación se incrementaría de modo exponencial, más allá de la ley de Moore. El dato es muy importante porque todo depende del perfeccionamiento de los ordenadores que son los que hacen posible el desarrollo del conocimiento y las tecnologías en todas las áreas. Se espera que en 2050 la expectativa de vida supere los 200 años y que su calidad sea sustantivamente mejor que la actual. Los procesos de envejecimiento se ralentizarán, y terminarán deteniéndose, gracias a la nanomedicina que implantará máquinas microscópicas que viajarán por todo nuestro cuerpo para reparar todo tipo de daños.

Hacia 2030, la primera inteligencia artificial pasará el test de Turing y demostrará tener la misma capacidad del ser humano en cuanto a inteligencia, conciencia de sí mismo y riqueza emocional. Este evento es lo que los futurólogos llaman la llegada de la singularidad. Una máquina de esas características podrá realizar todas las tareas propias del ser humano, que entrará en una nueva etapa de relación con  las máquinas. Sucede ya con implantes cibernéticos  que proporcionan nuevas habilidades físicas y cognitivas y con nuestro teléfono celular que nos conoce más que nuestro psicólogo. La desaparición de la frontera entre nuestros cuerpos y las máquinas conducirá a la aparición de una nueva especie. La evolución continúa y la singularidad es un hito más de esa saga.

Como analiza Yuval Noah Harari en Homo Deus, habíamos terminado el siglo XX con más poderes que los dioses griegos, y lo más probable es que desarrollaremos en el siglo XXI buena parte de los poderes del Dios de los monoteístas.

El mundo del trabajo. Cuando aparecieron los celulares, los trabajadores de la empresa telefónica de cierto país hicieron una huelga exigiendo que se los prohibiera para siempre, porque los patriotas debían preferir los teléfonos nacionales a este invento imperialista que ponía en riesgo sus puestos de trabajo. La iniciativa falló, pero si se hubiera aprobado habría producido un pequeño retraso, aunque no habría podido impedir que llegaran los móviles. De todas formas, en este momento ese país tendría más celulares que habitantes. No se puede detener el avance de la ciencia y la tecnología.

Los cambios que experimentamos son enormes. La empresa de taxis más grande del mundo no tiene taxis, Amazon es una librería que no tiene libros, en California circulan automóviles que se manejan solos y también otros que no se fabricaron en una planta industrial sino que fueron impresos en una impresora 3D. En la próxima década desaparecerán al menos 14 profesiones en Estados Unidos y la industria cada vez emplea menos trabajadores. Trump y otros populistas carecen de la sofisticación intelectual necesaria para comprender un fenómeno tan complejo. El empleo industrial no va a crecer persiguiendo mexicanos y obligando a las empresas a volver a los Estados Unidos. La industria da cada vez menos empleo por el desarrollo de la técnica y estamos al borde de una crisis global provocada por la robotización. En varios países europeos se estudia la posibilidad de imponer la jornada de seis horas o la semana laboral de cuatro días. En Finlandia se empieza a pagar una pensión a todos los habitantes aunque no trabajen. En esta nueva sociedad los problemas son inversos a los que se vivieron con la Revolución Industrial. El gran problema no son la escasez  de bienes y la avaricia de los empresarios que se niegan a pagar buenos salarios, como pensó Marx, sino la abundancia y la existencia de empresas con altas tasas de ganancia que pueden pagar muy bien a sus pocos trabajadores pero que necesitan la expansión de un mercado que puede colapsar por el desempleo.

Las computadoras se incorporaron al sistema productivo con las impresoras 3D y producen cosas tan complejas como órganos humanos, carne, soja o flores. Aunque es muy caro, actualmente ya se puede imprimir un pedazo de carne, y en unos años cualquier persona podrá imprimir en su cocina bifes de calidad con  programas bajados de la internet.

La impresión de casas se perfecciona  desde hace años con éxito, particularmente en China. Son mucho más baratas, se construyen en dos días y no emplean a casi nadie. Otro tanto ocurre con los autos eléctricos impresos que están ya en circulación, no contaminan y se fabrican en 48 horas. Se desarrollan también camiones y autos que no necesitan conductor.

Estas tecnologías se van a difundir de manera inevitable y pueden dejar en el desempleo a gran parte de los trabajadores de la construcción y a los obreros de las plantas automotrices, pero no son ellos los únicos afectados. La robototización avanza a pasos agigantados en todas las áreas y nos lleva a otro tipo de sociedad.

Las consecuencias de los cambios tecnológicos en la educación son enormes. Las universidades más importantes del mundo empiezan a poner en línea los cursos de sus profesores, para que cualquier persona pueda seguirlos de manera gratuita. Pronto  los profesores de esas universidades filmaremos la clase con anticipación, para que nuestros alumnos puedan presenciarla y profundizar en el aula sobre sus contenidos. Los maestros trabajaremos el doble, pero el conocimiento dará un salto cualitativo.

Otro tanto pasa con la educación en general. Hace años tuve la suerte de conocer y conversar varias horas en la casa de Mauricio Macri con Ray Kurzweil,  el autor de  La Singularidad está cerca. Si le hubieran preguntado cuál es el sueldo de un maestro norteamericano Kurzweil no habría tenido respuesta, pero tenía ideas geniales acerca de cómo transformar la educación en una época en la que pronto alojarán en el cerebro de los alumnos un nanoelemento con toda la información de Google.

En todo el continente hay pocos líderes conscientes de lo que está ocurriendo. Dedicados a conversar temas obsoletos, no estudian estos temas y sus consecuencias sobre la población en general y sobre los trabajadores. Al mismo tiempo no son conscientes de que es indispensable que la población tenga acceso a computadoras baratas, a la mejor Internet, que pueda viajar, ampliar  su mente. Es indispensable una revolución educativa en la que participe toda la sociedad y particularmente los maestros.

(*) Profesor de la GWU.