ELOBSERVADOR LOTHAR PROBST, UNIVERSIDAD DE BREMEN


“El neoliberalismo también hace crecer las ideas de ultraderecha”

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—Desde la reunificación alemana, en 1990, en la parte oriental del país la extrema derecha fue ganando adeptos, visiblemente entre jóvenes, a través del fútbol o de la música racista. ¿Cómo se dio este desarrollo, partiendo de un sistema socialista y denominado antifascista?
—Un entorno de jóvenes de extrema derecha ya existió en la República Democrática Alemana (RDA) –también, entre otros, se encontraron los hooligans del fútbol con consignas de derecha. Además, el Stasi, el servicio de seguridad del Estado, documentó 8.600 reportes sobre incidentes xenófobos, antisemitas y neonazis ya durante los años de la misma RDA.
—¿De qué tipo de incidentes se trataba?
—Jóvenes alemanes y obreros contratados por la RDA de Vietnam, Angola y Mozambique se enfrentaron varias veces, también se pegaron. Había garabatos de esvásticas y profanaciones de cementerios judíos.
—¿Cómo encajan incidentes como éstos con la ideología de los pueblos hermanos que dominó la vida en la RDA?
—En la RDA se conservaron actitudes y mentalidades autoritarias y nacionalistas bajo la protección del “socialismo real” y una sociedad plenamente controlada desde arriba. De esta manera, se arraigaron más profundamente en la cultura política. Nunca hubo una rebelión de jóvenes, ellos nunca se emanciparon del sistema, como pasó en otras sociedades con la generación del 68. Cada protesta cultural se suprimió, la música beat y películas con influencia “decadente” del Occidente se prohibieron. Si un jóven quiso rebelarse contra el sistema y las élites establecidas, tuvo que separarse de la doctrina antifascista oficial del Estado y de la mejor manera pudo provocar a los representantes de dicho sistema con consignas del neonazismo.
—Pero esa mera rebelión no explica que haya persisitido y aun crecido la extrema derecha después de la reunificación, ¿o sí?
—En los años de la transición, estos grupos más que nunca encontraron el espacio para desarrollarse. En los años 1990, 1991 y 1992 existió en Alemania Oriental cierto vacío político: las antiguas instancias de socialización habían perdido su legitimidad, también en cuanto a la formación de jóvenes. Nuevas autoridades aún no se habían formado. Dentro de este vacío, corrientes de derecha lograron establecerse en la cultura de los jóvenes –y esta vez bajo circunstancias mucho menos represivas que en la RDA.
—¿Por qué permaneció fuerte la corriente de derecha aun después de que se llenara este primer vacío del que habló?
—Las ideas de la derecha también calificaron de protesta contra el Occidente alemán y su orientación liberal. Y en último lugar, pero no por ello menos importante, muchos jóvenes encontraron aliados en sus mismas familias: padres decepcionados por el proceso de reunificación; porque se quedaron en paro, se volvieron racistas. Por primera vez, la ola xenófoba en Alemania Oriental ya culminó en 1991 y 1992 con los incendios provocados en albergues de solicitantes de asilo en Rostock y Hoyerswerda –a sólo dos años del derrumbe del Muro.



Sophie Crocoll