ELOBSERVADOR MUJERES ARGENTINAS II


Ellas ocupan uno de cada cuatro cargos en el Poder Ejecutivo

En la segunda entrega de la serie de notas sobre género preparadas por Chequeado.com, un análisis de la participación política femenina en los ministerios, comparando los gobiernos del FpV y de Cambiemos.

La edición 2016 del Parlamento de las Mujeres, que se realiza anualmente en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Temer, presidente interino de Brasil, al presentar su gabinete sin ninguna figura femenina.
La edición 2016 del Parlamento de las Mujeres, que se realiza anualmente en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Temer, presidente interino de Brasil, al presentar su gabinete sin ninguna figura femenina.
Foto:cedoc
Cuando hace pocos días el presidente interino de Brasil, Michel Temer, presentó a su gabinete, inmediatamente saltó a la vista que ninguna mujer formaba parte de su equipo. Esto causó un revuelo más en el país vecino: Brasil no tenía un gabinete sin ministras desde la dictadura militar. Este llamado de atención sobre la composición del gabinete de Temer –quien intentó contrarrestarlo anunciando que su esposa, Marcela, tendrá un cargo en el área social– es una muestra de que existe una demanda social cada vez más fuerte por la equidad de género.

El ejemplo de Brasil señala que si bien estamos en una época de participación sin precedentes de la mujer en el mercado laboral y, particularmente en el espacio público, los desequilibrios de género persisten, fundamentalmente en el acceso a cargos directivos en la gestión pública.

¿Qué pasa en la Argentina? Con el retorno de la democracia se inició en el país un proceso de inclusión gradual y sostenido de la mujer en la vida política.

El fenómeno se evidencia al analizar cómo evolucionó el porcentaje de mujeres designadas en cargos de conducción política en la administración central del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) desde 1983.

Los datos aportados por GPS del Estado (www.gpsdelestado.org, un proyecto de Cippec y ASAP) sobre las autoridades del Sector Público Nacional (SPN) señalan que las mujeres representan actualmente alrededor del 50% de la fuerza de trabajo empleada por la administración central del PEN (aunque el dato no contempla a las fuerzas de seguridad y defensa). Sin embargo, esta composición casi igualitaria en la base piramidal no se refleja en las altas esferas o puestos de decisión políticos.

Los cargos jerárquicos de conducción política son aquellos que suponen la titularidad de ministerios, secretarías y subsecretarías. Estas autoridades son designadas y removidas a través de un decreto, resolución o nota por una autoridad del gobierno nacional, por lo que suponen ocupaciones basadas en la confianza o afinidad política, fundamentalmente.

La composición de género del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner al iniciar su segundo mandato presidencial (10 de diciembre de 2011) muestra que un 22% de los cargos de conducción política se encontraban en manos de mujeres, sin contar a la Presidenta. Al asumir el gobierno de Mauricio Macri (10 de diciembre de 2015) este porcentaje se mantuvo.

A pesar de esta tendencia pareja entre un gobierno y otro, sí se observan caídas en la participación de mujeres en puestos de conducción política a nivel ministerial. Actualmente, el 14% de los ministerios (tres de 21, incluyendo la Jefatura de Gabinete de Ministros) están dirigidos por mujeres, mientras que en 2011 ese porcentaje era del 19% (tres de 16).

Otros datos curiosos: mientras que en 2011 había sólo un ministerio sin ninguna mujer en cargos de conducción política (Ministerio del Interior y Transporte), en 2016 el número subió a dos: el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Por otra parte, la cantidad de ministerios que están por debajo del 15% de participación femenina en cargos políticos pasaron de ser cuatro en 2015 a siete en 2016.

Los niveles más bajos de participación femenina se evidencian en el nivel de las secretarías. Sólo el 13% de ellas eran ocupadas por mujeres en 2011. La misma cifra se repite para 2016. Las subsecretarías, en tanto, presentan los valores más altos para ambos años, con un 27% de mujeres en 2011 y un 26% en 2016.

Puestos femeninos. Otro elemento para tener en cuenta al analizar el acceso de las mujeres a puestos de dirección es el desplazamiento de la mujer a ciertos ámbitos ocupacionales específicos, habitualmente considerados “femeninos” y poco valorados.

Si observamos la composición de género de los cargos políticos de los distintos ministerios no sólo salta a la vista la baja participación femenina en las cúpulas organizacionales, sino también que su participación es mínima en ministerios cuyas áreas de trabajo son consideradas “masculinas”. Algunos ejemplos son: Defensa (0% de participación femenina en cargos políticos en 2016 contra un 11% en 2011),
Interior, Obras Públicas y Vivienda (14% en 2016 contra 0% en 2011), Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (0% en 2016 contra 30% en 2011), y Agroindustria (14% en 2016 contra 5% en 2011).

Por su parte, en los ministerios que abordan temáticas sociales la presencia femenina es considerablemente mayor. Esto se visualiza claramente en los ministerios de Desarrollo Social (56% de cargos políticos en manos de mujeres en 2016 contra 50% en 2011), Educación (27% en 2016 contra un 29% en 2011) y Salud (40% de mujeres en puestos de conducción política en 2016 contra 20% en 2011).

Otro ministerio que presenta elevados niveles de participación femenina para ambas gestiones es Relaciones Exteriores y Culto con un 38% en 2016 y 45% en 2011).

Estos datos confirman que el nivel de penetración femenina en los puestos de conducción política del Poder Ejecutivo Nacional es bajo. Adicionalmente, cuando las mujeres logran desempeñarse como autoridades superiores suele ser en áreas tradicionalmente consideradas femeninas, de menor prestigio profesional y/o con menor nivel de jerarquía institucional: para ambos años, casi el 78% de las mujeres que se desempeñan como autoridades superiores revisten rango de subsecretarias.

El diseño y la implementación de políticas que neutralicen los distintos mecanismos de segregación ocupacional que hoy pesan sobre las mujeres en su desarrollo profesional pueden ayudar a resolver esta inequidad.



*Del equipo de Chequeado.com.