ELOBSERVADOR EXCLUSIVO: LOS GURKHAS QUE PELEARON EN MALVINAS

“Estábamos bien entrenados. Los argentinos, no”

Cuatro miembros del Séptimo Batallón de gurkhas hablan por primera vez. También ellos sufrieron la falta de equipamientos y la desatención de sus jefes.

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En 1982, Chandra Kumar Pradhan era teniente y responsable de hacer llegar suministros a sus compañeros bajo la amenaza de las fuerzas de aire argentinas, la artillería y atravesando campos minados. Por eso recibió la Medalla del Atlántico Sur. Hoy, muy lejos, en Katmandú, ve su paso por la guerra casi con ojos nostálgicos. “Si uno tiene un almacén, vende alimentos; y si alguien viene a comprarlos, uno está contento. Es exactamente lo mismo si uno está entrenado para luchar –y esa oportunidad en aquel tiempo llegaba muy rara vez–. Había una guerra entre dos países, era una buena oportunidad”. Pradhan, como parte del séptimo regimiento de gurkhas, tuvo su oportunidad. Y fue, como otros compañeros de armas, a la guerra con un desconocido país sudamericano.

La historia de Pradhan comenzó como la de casi todos los nepaleses que se unen al ejército británico. Entre los 18 y 19 años hay que pensar en un futuro con pocas oportunidades.
“En 1960, mi padre estaba por retirarse. Me dio entonces dos opciones: ‘O te unís al ejército o te vas a Nepal como agricultor’”, explicó Bhuwansing Limbu; “no quería ser agricultor”. Trabajar la tierra en un país al pie del Himalaya no es una perspectiva interesante. Limbu era capitán cuando estuvo en las Malvinas.

En 2012 hubo unos 70 mil registrados para cubrir 176 vacantes en el ejército británico, según dijeron estos veteranos.

Los gurkhas tenían una particularidad: entraban a una unidad y allí se quedaban durante toda su carrera. Y ése fue el caso de los cuatro veteranos de Malvinas que hablaron con PERFIL; siguieron al Séptimo Regimiento de Fusileros Gurkha desde Malasia hasta Gran Bretaña, pasando por Hong Kong y Brunei. Eso los hizo hombres de mucho mundo. Mal llamados “mercenarios”, los gurkhas son ciudadanos nepaleses que se convierten en británicos luego de cuatro años de servicio. Estas unidades tienen historia y prestigio, habiendo participado en la mayoría de los conflictos del Reino Unido durante los últimos dos siglos.
Gozan de beneficios similares a los del resto de los oficiales del ejército británico. Su asimilación crece con el tiempo. Ser la punta de lanza ya los había puesto en combate muchos años antes de subirse al Queen Elizabeth II, el barco sobre el que cruzaron al hemisferio sur. Cuando llegó el llamado a combatir en el Atlántico Sur, estos hombres habían visto el combate

EN Malaya, nombre colonial de Malasia.
Cuando Pradhan conoció el combate contra insurgentes malayos, vio poco fuego real. “Tenía dos semanas en el regimiento. Nos llevaron a la jungla y quedamos en posición de emboscada por dos días”, recordó Pradhan.
“A la mañana se podía escuchar a todos martillar sus armas”, relata; “era joven, casi un recluta”.
Para Pradhan y sus compañeros, la operación de 1966 terminó sin disparos. Algo parecido les sucedería dos décadas más tarde.

“Las Malvinas fueron distintas: nos bombardearon. Fue una guerra en serio”, agrega Deoman Limbu. Limbu no es pariente de Bhuwansing Limbu, y era cabo cuando combatió en territorio reclamado por la Argentina.
Y ésa fue una constante de la guerra para el Seventh Gurkhas en Malvinas: nunca dispararon sus armas, pero estuvieron bajo bombardeo casi constante. “Sufrimos 13 heridos leves”, recordó Deoman Limbu.
El ejército británico también tiene un muerto de ese regimiento: Budhaparsad Limbu.

“Cuando desembarcamos en Malvinas vimos la baja calidad del equipo que teníamos”, subrayó Pradhan. Lo cierto es que esta unidad tenía entrenamiento, equipo y experiencia en la jungla subtropical del sudeste asiático.
“Luego fuimos a una de las partes más frías, con equipo y ropas inadecuadas para ese clima”, dijo Pradhan.
“Cuando caminábamos con todo el peso y las cosas por seis o siete horas, transpirábamos como el demonio, luego parábamos y cavábamos, transpirábamos más, quedábamos en esa posición; y luego nos congelábamos: el viento y la transpiración lo hacían horrible”, según Pradhan.
“Cuando estábamos en el Monte William tuvimos que pasar a la Guardia Escocesa; se demoró mucho y nos bombardearon como el demonio”, relató Pradhan. “Tuvimos que soportar mucho tiempo de morteros y artillería”.
“Podíamos ver las bombas venir hacia nosotros”, dijo Deoman Limbu.

“Era una guerra muy peligrosa”, comentó Nirbahadur Tamang, quien fue a las islas como cabo. Las bombas son un tipo de lotería, en la que nunca se sabe dónde será la próxima explosión.
“La muerte sucede donde está escrito”, dijo Pradhan. Aceptar el destino es parte del hinduismo que estos cuatro hombres profesan.
Para el enemigo nunca tuvieron odio. “Pobres”, se lamentó Pradhan, “la primera vez que los encontramos, en Goose Green, había muchos de ellos; cuando les preguntábamos algo, veíamos que no estaban bien entrenados y eran muy jóvenes”.

“Luego supimos que había muchos conscriptos”, dijo Deoman Limbu; “estábamos bien entrenados y ellos no”.
En el caso de estos hombres, promediaban dos décadas en el ejército y tenían experiencia de combate al momento de desembarcar en San Carlos.
Sin embargo, los nepaleses vieron ventajas para los argentinos. “Estaban mejor equipados”, comentó Bhuwansing Limbu. “Tenían todas sus armas desplegadas allí, a su disposición”, agregó Deoman Limbu.
Durante la campaña de Malvinas, su presencia causó temor y entró a la cultura popular argentina en temas como No bombardeen Buenos Aires, de Charly García. Ese terror contrasta con la amabilidad con la que recibieron a PERFIL en la capital nepalesa.

“¿Cómo nos tratarían si fuéramos a la Argentina?”, preguntó Pradhan durante la entrevista. Difícil contestar esa pregunta. Nuestros entrevistados poco sabían que esa aventura fue el intento de la dictadura más sanguinaria de las Américas de perpetuarse en el poder. Con la rendición firmada por Mario Benjamín Menéndez, ese sueño finalmente terminó, al tiempo que centenares de muertos de ambos bandos se convirtieron en héroes.

Varias fuentes repiten, y estos hombres confirmaron, que la munición y los suministros británicos ya estaban peligrosamente bajos al momento de la rendición. Si los argentinos se hubieran impuesto en las Malvinas, ¿quién habría desplazado a un Galtieri ganador? La pregunta genera un silencio. Otro de los silencios fue al principio de la entrevista, cuando tuve que decir que era argentino. Esa fue una conveniente omisión en el trámite del encuentro, pero no podía comenzar la charla sin ese pilar de transparencia.

El proceso para este encuentro tomó más de dos meses y hubo que pasar por el ejército británico, entidades y organismos de todo tipo. Sospeché un estricto gerenciamiento del acceso periodístico a los gurkhas. Lo cierto es que casi no aparecen en la prensa, y ni la BBC los recordó para el trigésimo aniversario de la guerra el año pasado.

El acceso es difícil porque los gurkhas luchan por su igualdad en el ejército británico. Una lucha política, caliente y actual, muy lejana mis intenciones como argentino. Quería conocer a un grupo de veteranos del Atlántico Sur, olvidado por casi todos.

Durante la charla lamenté que, de los cuatro, Nirbahadur Tamang no hablara mucho. Se sentía muy mal, según me dijo una vez apagado el micrófono. Cuando estreché su mano, me di cuenta de que “volaba” de fiebre: un gurkha de pura cepa.

Hoy muchos gurkhas viven en Gran Bretaña, ya que casi todos son ciudadanos de ese país. Sin embargo, estos cuatro eligieron su Nepal de origen. Les pregunté el porqué de esa elección, y la respuesta fue: “Lazos familiares y amor por la patria”.

Lucharon guerras del imperio británico con profesionalismo y abnegación. Pero volvieron: su tierra es su tierra.
Luego de retirarse del servicio, tuvieron una rica carrera profesional. Pradhan trabajó en empresas de seguridad y una multinacional de consumo masivo. Bhuwansing y Deoman Limbu y Tamang sirvieron al sultán de Brunei. El encuentro se hizo en la casa de Bhuwansing Limbu, en la capital nepalesa. Allí el patriarca y dueño de casa vive con su esposa, sus hijos, sus nueras, sus nietos y más de una docena de perros en una elegante casa. Las cervezas, luego de la entrevista, llegaron en vasos con el escudo del regimiento. Esas son antigüedades ahora; el Séptimo de gurkhas se disolvió en 1994.

*Desde Katmandú.



Diego Laje*